En que dice un efecto de la oración que
está dicha en el capítulo pasado. Y en qué se entenderá que es verdadera y no
engaño. Trata de otra merced que hace el Señor al alma para emplearla en sus
alabanzas.
1. De estas mercedes tan grandes queda el alma tan deseosa
de gozar del todo al que se las hace, que vive con harto tormento, aunque
sabroso; unas ansias grandísimas de morirse, y así, con lágrimas muy ordinarias
pide a Dios la saque de este destierro. Todo la cansa cuanto ve en él; en
viéndose a solas tiene algún alivio, y luego acude esta pena, y en estando sin
ella, no se hace.
En fin, no acaba esta mariposica de hallar asiento que dure;
antes, como anda el alma tan tierna del amor, cualquier ocasión que sea para
encender más ese fuego la hace volar; y así en esta morada son muy continuos
los arrobamientos, sin haber remedio de excusarlos, aunque sea en público, y
luego las persecuciones y murmuraciones, que aunque ella quiera estar sin
temores no la dejan, porque son muchas las personas que se los ponen, en
especial los confesores.
3. Da Dios a estas almas un deseo tan grandísimo de no le
descontentar en cosa ninguna, por poquito que sea, ni hacer una imperfección,
si pudiese, que por solo esto, aunque no fuese por más, querría huir de las
gentes y ha gran envidia a los que viven y han vivido en los desiertos. Por
otra parte, se querría meter en mitad del mundo, por ver si pudiese ser parte
para que un alma alabase más a Dios; y si es mujer, se aflige del atamiento que
le hace su natural porque no puede hacer esto, y ha gran envidia a los que
tienen libertad para dar voces, publicando quién es este gran Dios de las
Caballerías (2).
4. ¡Oh pobre mariposilla, atada con tantas cadenas, que no
te dejan volar lo que querrías! Habedla lástima, mi Dios; ordenad ya de manera
que ella pueda cumplir en algo sus deseos para vuestra honra y gloria. No os
acordéis de lo poco que lo merece y de su bajo natural. Poderoso sois Vos,
Señor, para que la gran mar se retire y el gran Jordán, y dejen pasar los hijos
de Israel (3). No la hayáis lástima, que, con vuestra fortaleza ayudada, puede
pasar muchos trabajos; ella está determinada a ello y los desea padecer.
Alargad, Señor, vuestro poderoso brazo, no se le pase la vida en cosas tan
bajas (4). Parézcase vuestra grandeza en cosa tan femenil y baja, para que,
entendiendo el mundo que no es nada de ella, os alaben a Vos, cuéstele lo que
le costare, que eso quiere, y dar mil vidas porque un alma os alabe un poquito
más a su causa, si tantas tuviera; y las da por muy bien empleadas y entiende
con toda verdad que no merece padecer por Vos un muy pequeño trabajo, cuánto
más morir (5)
5. No sé a qué propósito he dicho esto, hermanas, ni para
qué, que no me he entendido. Entendamos que son estos los efectos que quedan de
estas suspensiones o éxtasis, sin duda ninguna; porque no son deseos que se
pasan sino que están en un ser, y cuando se ofrece algo en que mostrarlo se ve
que no era fingido. ¿Por qué digo estar en un ser? Algunas veces se siente el
alma cobarde, y en las cosas más bajas, y atemorizada y con tan poco ánimo que
no le parece posible tenerle para cosa: entiendo yo que la deja el Señor
entonces en su natural para mucho mayor bien suyo; porque ve entonces que, si
para algo le ha tenido, ha sido de Su Majestad, con una claridad que la deja
aniquilada a sí y con mayor conocimiento de la misericordia de Dios y de su
grandeza, que en cosa tan baja la ha querido mostrar. Mas, lo más ordinario,
está como antes hemos dicho (6).
6. Una cosa advertid, hermanas, en estos grandes deseos de
ver a nuestro Señor: que aprietan algunas veces tanto que es menester no ayudar
a ellos, sino divertiros, si podéis digo; porque en otros que diré adelante
(7), en ninguna manera se puede, como veréis. En estos primeros, alguna vez sí
podrán, porque hay razón entera para conformarse con la voluntad de Dios, y
decir lo que decía San Martín; (8) y podráse volver la consideración si mucho
aprietan; porque como es, al parecer, deseo que ya parece de personas muy
aprovechadas, ya podría el demonio moverle, porque pensásemos que lo estamos,
que siempre es bien andar con temor. Mas tengo para mí que no podrá poner la
quietud y paz que esta pena da en el alma, sino que será moviendo con él alguna
pasión, como se tiene cuando por cosas del siglo tenemos alguna pena. Mas a
quien no tuviere experiencia de lo uno y de lo otro, no lo entenderá, y
pensando es una gran cosa, ayudará cuanto pudiere, y haríale mucho daño a la
salud: porque es continua esta pena, o al menos muy ordinaria.
7. También advertid que suele causar la complexión flaca
cosas de estas penas, en especial si es en unas personas tiernas que por cada
cosita lloran; mil veces las hará entender que lloran por Dios, que no sea así.
Y aun puede acaecer ser cuando viene una multitud de lágrimas, digo, por un
tiempo que a cada palabrita que oiga o piense de Dios no se puede resistir de
ellas) haberse allegado algún humor al corazón, que ayuda más que el amor que
se tiene a Dios, que no parece han de acabar de llorar; y como ya tienen
entendido que las lágrimas son buenas, no se van a la mano ni querrían hacer
otra cosa, y ayudan cuanto pueden a ellas. Pretende el demonio aquí que se
enflaquezcan de manera, que después ni puedan tener oración ni guardar su Regla.
8. Paréceme que os estoy mirando cómo decís que qué habéis
de hacer, si en todo pongo peligro, pues en una cosa tan buena como las
lágrimas, me parece puede haber engaño; que yo soy la engañada; y ya puede ser,
mas creed que no hablo sin haber visto que le puede haber en algunas personas,
aunque no en mí; porque no soy nada tierna, antes tengo un corazón tan recio,
que algunas veces me da pena; aunque cuando el fuego de adentro es grande, por
recio que sea el corazón, destila como hace una alquitara; y bien entenderéis
cuándo vienen las lágrimas de aquí, que son más confortadoras y pacifican, que
no alborotadoras, y pocas veces hacen mal. El bien es en este engaño cuando lo
fuere que será daño del cuerpo digo, si hay humildad y no del alma; y cuando no
le hay, no será malo tener esta sospecha (9).
9. No pensemos que está todo hecho en llorando mucho, sino
que echemos mano del obrar mucho y de las virtudes, que son las que nos han de
hacer al caso, y las lágrimas vénganse cuando Dios las enviare, no haciendo
nosotras diligencias para traerlas. Estas dejarán esta tierra seca regada, y
son gran ayuda para dar fruto; mientras menos caso hiciéremos de ellas, más, porque
es agua que cae del cielo; la que sacamos cansándonos en cavar para sacarla, no
tiene que ver con ésta, que muchas veces cavaremos y quedaremos molidas, y no
hallaremos ni un charco de agua, cuánto más pozo manantial. Por eso, hermanas,
tengo por mejor que nos pongamos delante del Señor y miremos su misericordia y
grandeza y nuestra bajeza, y dénos El lo que quisiere, siquiera haya agua,
siquiera sequedad: El sabe mejor lo que nos conviene. Y con esto andaremos
descansadas y el demonio no tendrá tanto lugar de hacernos trampantojos.
10. Entre estas cosas penosas y sabrosas juntamente da
nuestro Señor al alma algunas veces unos júbilos y oración extraña, que no sabe
entender qué es. Porque si os hiciere esta merced, le alabéis mucho y sepáis
que es cosa que pasa, la pongo aquí. Es, a mi parecer, una unión grande de las
potencias, sino que las deja nuestro Señor con libertad para que gocen de este
gozo, y a los sentidos lo mismo, sin entender qué es lo que gozan y cómo lo
gozan. Parece esto algarabía, y cierto pasa así, que es un gozo tan excesivo
del alma, que no querría gozarle a solas, sino decirlo a todos para que la
ayudasen a alabar a nuestro Señor, que aquí va todo su movimiento. ¡Oh, qué de
fiestas haría y qué de muestras, si pudiese, para que todos entendiesen su
gozo! Parece que se ha hallado a sí, y que, como el padre del hijo pródigo,
querría convidar a todos y hacer grandes fiestas (10), por ver su alma en
puesto que no puede dudar que está en seguridad, al menos por entonces. Y tengo
para mí que es con razón; porque tanto gozo interior de lo muy íntimo del alma,
y con tanta paz, y que todo su contento provoca a alabanzas de Dios, no es
posible darle el demonio.
11. Es harto, estando con este gran ímpetu de alegría, que
calle y pueda disimular, y no poco penoso. Esto debía sentir San Francisco,
cuando le toparon los ladrones, que andaba por el campo dando voces y les dijo
que era pregonero del gran Rey (11), y otros santos que se van a los desiertos
por poder pregonar lo que San Francisco estas alabanzas de su Dios. Yo conocí
uno llamado fray Pedro de Alcántara que creo lo es, según fue su vida, que
hacía esto mismo, y le tenían por loco los que alguna vez le oyeron (12). ¡Oh,
qué buena locura, hermanas, si nos la diese Dios a todas! Y ¡qué mercedes os ha
hecho de teneros en parte que, aunque el Señor os haga ésta y deis muestras de
ello, antes será para ayudaros que no para murmuración, como fuerais si
estuvierais en el mundo, que se usa tan poco este pregón, que no es mucho que
le murmuren!
12. ¡Oh desventurados tiempos y miserable vida en la que
ahora vivimos, y dichosas a las que les ha cabido tan buena suerte, que estén
fuera de el. Algunas veces me es particular gozo, cuando estando juntas, las
veo a estas hermanas tenerle tan grande interior, que la que más puede, más
alabanzas da a nuestro Señor de verse en el monasterio; porque se les ve muy
claramente que salen aquellas alabanzas de lo interior del alma. Muchas veces,
querría, hermanas, hicieseis esto, que una que comienza despierta a las demás.
¿En qué mejor se puede emplear vuestra lengua cuando estéis juntas que en
alabanzas de Dios, pues tenemos tanto por qué se las dar?
13. Plega a Su Majestad que muchas veces nos dé esta
oración, pues es tan segura y gananciosa; que adquirirla no podremos, porque es
cosa muy sobrenatural; y acaece durar un día, y anda el alma como uno que ha
bebido mucho, mas no tanto que esté enajenado de los sentidos; o un
melancólico, que del todo no ha perdido el seso, mas no sale de una cosa que se
le puso en la imaginación ni hay quien le saque de ella.
Harto groseras comparaciones son éstas para tan preciosa
causa, mas no alcanza otras mi ingenio; porque ello es así que este gozo la
tiene tan olvidada de sí y de todas las cosas, que no advierte ni acierta a
hablar, sino en lo que procede de su gozo, que son alabanzas de Dios.
Ayudemos a esta alma, hijas mías, todas. ¿Para qué queremos
tener más seso?; ¿qué nos puede dar mayor contento? ¡Y ayúdennos todas las
criaturas, por todos los siglos de los siglos, amén, amén, amén!
NOTAS
MORADAS VI, c. 6
1 Sabe...
el camino que va (= conduce) al cielo. Alusión a Mt 19, 17. - Véase la
correspondencia autobiográfica de todo este pasaje en Vida cc. 27 y 29.
2 Gran
Dios de las Caballerías: probable alusión bíblica al "Dios de los
Ejércitos": 1 Re 15, 2; o al episodio del Exodo 14, 18... (cf. el contexto
del n. 4).
3 Ex 14,
21-22 y Js 3, 13.
4 Nueva
alusión bíblica al episodio de Noé y la paloma (Gn 8, 8-9; cf. M. VII, 3, 13).
5 Alusión
a Hc 5, 41.
6 El
sentido es: el alma está ordinariamente como hemos dicho: "en un ser"
(n. 5), o sea, inconmovinle en su unión a Dios. Esos otros estados
("cobarde", "atemorizado"...") son pasajeros.
7 En el
c. 11, último de M VI (cf. el título); cf. además el 8, n. 4; Vida c. 29, n. 9
y Camino c. 19, nn. 9-10.
8
"Señor, si aún soy necesario a tu pueblo, no rehuso el trabajo" (del
Oficio litúrgico de San Martín); cf. Exclam. 15, n. 2.
9 Fray
Luis editó: cuando la hay [humildad]... (p. 179). El sentido es: El bien )= el
menor mal) en este engaño (= exceso de lágrimas en personas tiernas) consistirá
en ocasionar daño del cuerpo; y cuando no le hubiere (= daño del cuerpo), no
será malo tener esta sospecha (de que acaba de hablar, fin del n. 7: que
pretende el demonio a la larga enflaquecer el cuerpo, para impedir la oración).
10 Lc 15,
22...
11
Probable recuerdo de sus lecturas de los Flos Sanctorum, o de la Legenda mayor
de San Francisco y Santa Clara (Toledo 1526).
12 Cf.
Vida c. 27, nn. 16-20; c. 30, nn. 2-7.
Fuente: Mercaba
