Trata de cuando suspende Dios el alma en la oración con arrobamiento o éxtasis o rapto, que todo es uno a mi parecer, y cómo es menester gran ánimo para recibir tan grandes mercedes de su Majestad.
1. Con
estas cosas dichas de trabajos y las demás, ¿qué sosiego puede traer la pobre
mariposica? Todo es para más desear gozar al Esposo; y Su Majestad, como quien
conoce nuestra flaqueza, vala habilitando con estas cosas y otras muchas para
que tenga ánimo de juntarse con tan gran Señor y tomarle por Esposo.
2. Reíros
heis de que digo esto y pareceros ha desatino, porque cualquiera de vosotras os
parecerá que no es menester y que no habrá ninguna mujer tan baja que no le
tenga para desposarse con el rey. Así lo creo yo con el de la tierra, mas con el del cielo yo os digo que es
menester más de lo que pensáis; porque nuestro natural es muy tímido y bajo
para tan gran cosa, y tengo por cierto que, si no le diese Dios, con cuanto
veis que nos está bien, sería imposible.
Quiero poner aquí algunas maneras que yo he entendido como he tratado con tantas personas espirituales) que hay de arrobamientos, aunque no sé si acertaré, como en otra parte que lo escribí, esto y algunas cosas de las que van aquí, que por algunas razones ha parecido no va nada tornarlo a decir, aunque no sea sino porque vayan las moradas por junto aquí.
3. Una
manera hay que estando el alma, aunque no sea en oración, tocada con
alguna palabra que se acordó u oye de Dios, parece que Su Majestad desde lo
interior del alma hace crecer la centella que dijimos ya, movido de piedad de
haberla visto padecer tanto tiempo por su deseo, que abrasada toda ella como un
ave fénix queda renovada y, piadosamente se puede creer, perdonadas sus culpas;
hase de entender, con la disposición y medios que esta alma habrá tenido, como
la Iglesia lo enseña, y así limpia, la junta consigo, sin entender aquí nadie
sino ellos dos, ni aun la misma alma entiende de manera que lo pueda después
decir, aunque no está sin sentido interior; porque no es como a quien toma un
desmayo o paroxismo, que ninguna cosa interior ni exterior entiende.
4. Lo
que yo entiendo en este caso, es que el alma nunca estuvo tan despierta para
las cosas de Dios ni con tan gran luz y conocimiento de Su Majestad. Parecerá
imposible, porque si las potencias están tan absortas, que podemos decir que
están muertas, y los sentidos lo mismo, ¿cómo se puede entender que entiende
ese secreto? Yo no lo sé, ni quizá ninguna criatura, sino el mismo Criador, y
otras cosas muchas que pasan en este estado, digo en estas dos moradas; que
ésta y la postrera se pudieran juntar bien, porque de la una a la otra no hay
puerta cerrada. Porque hay cosas en la postrera que no se han manifestado a los que aún no han
llegado a ella, me pareció dividirlas.
5. Cuando
estando el alma en esta suspensión, el Señor tiene por bien de mostrarle
algunos secretos, como de cosas del cielo y visiones imaginarias, esto sábelo
después decir, y de tal manera queda imprimido en la memoria, que nunca jamás
se olvida; mas cuando son visiones intelectuales, tampoco las sabe decir;
porque debe haber algunas en estos tiempos tan subidas que no las convienen
entender los que viven en la tierra para poderlas decir; aunque estando en sus
sentidos, por acá se pueden decir muchas de estas visiones intelectuales.
Podrá ser que no entendáis algunas qué cosa es visión, en especial las intelectuales. Yo lo diré a su tiempo, porque me lo ha mandado quien puede; y aunque parezca cosa impertinente, quizá para algunas almas será de provecho.
6. Pues
diréisme: si después no ha de haber acuerdo de esas mercedes tan subidas que
ahí hace el Señor al alma, ¿qué provecho le traen? ¡Oh hijas!, que es tan
grande, que no se puede encarecer; porque, aunque no las saben decir, en lo muy
interior del alma quedan bien escritas y jamás se olvidan.
Pues si no tienen imagen ni las entienden las potencias, ¿cómo se pueden acordar? Tampoco entiendo eso; mas entiendo que quedan unas verdades en esta alma tan fijas de la grandeza de Dios, que cuando no tuviera fe que le dice quién es y que está obligada a creerle por Dios, le adorara desde aquel punto por tal, como hizo Jacob cuando vio la escala, que con ella debía de entender otros secretos, que no los supo decir; que por sólo ver una escala que bajaban y subían ángeles, si no hubiera más luz interior, no entendiera tan grandes misterios.
7. No
sé si atino en lo que digo, porque aunque lo he oído, no sé si se me acuerda
bien. Ni tampoco Moisés supo decir todo lo que vio en la zarza, sino lo
que quiso Dios que dijese; mas si no mostrara Dios a su alma secretos con
certidumbre para que viese y creyese que era Dios, no se pusiera en tantos y
tan grandes trabajos; mas debía entender tan grandes cosas dentro de los
espinos de aquella zarza, que le dieron ánimo para hacer lo que hizo por el
pueblo de Israel.
Así que, hermanas, las cosas ocultas de Dios no hemos de buscar razones para entenderlas, sino que, como creemos que es poderoso, está claro que hemos de creer que un gusano de tan limitado poder como nosotros que no ha de entender sus grandezas. Alabémosle mucho, porque es servido que entendamos algunas.
8. Deseando
estoy acertar a poner una comparación para si pudiese dar a entender algo de
esto que estoy diciendo, y creo no la hay que cuadre, mas digamos ésta: entráis
en un aposento de un rey o gran señor, o creo camarín los llaman, adonde tienen
infinitos géneros de vidrios y barros y muchas cosas, puestas por tal orden,
que casi todas se ven en entrando.
Una vez me llevaron a una pieza de éstas en casa de la Duquesa de Alba (adonde viniendo de camino me mandó la obediencia estar, por haberlos importunado esta señora, que me quedé espantada en entrando, y consideraba de qué podía aprovechar aquella baraúnda de cosas y veía que se podía alabar al Señor de ver tantas diferencias de cosas, y ahora me cae en gracia cómo me ha aprovechado para aquí; y aunque estuve allí un rato, era tanto lo que había que ver, que luego se me olvidó todo de manera que de ninguna de aquellas piezas me quedó más memoria que si nunca las hubiera visto, ni sabría decir de qué hechura eran mas por junto acuérdase que lo vio.
Una vez me llevaron a una pieza de éstas en casa de la Duquesa de Alba (adonde viniendo de camino me mandó la obediencia estar, por haberlos importunado esta señora, que me quedé espantada en entrando, y consideraba de qué podía aprovechar aquella baraúnda de cosas y veía que se podía alabar al Señor de ver tantas diferencias de cosas, y ahora me cae en gracia cómo me ha aprovechado para aquí; y aunque estuve allí un rato, era tanto lo que había que ver, que luego se me olvidó todo de manera que de ninguna de aquellas piezas me quedó más memoria que si nunca las hubiera visto, ni sabría decir de qué hechura eran mas por junto acuérdase que lo vio.
Así acá, estando el alma tan hecha una cosa con Dios, metida en este aposento de cielo empíreo que debemos tener en lo interior de nuestras almas porque claro está, que pues Dios está en ellas, que tiene alguna de estas moradas), y aunque cuando está así el alma en éxtasis, no debe siempre el Señor querer que vea estos secretos porque está tan embebida en gozarle, que le basta tan gran bien), algunas veces gusta que se desembeba y de presto vea lo que está en aquel aposento, y así queda, después que torna en sí, con aquel representársele las grandezas que vio; mas no puede decir ninguna, ni llega su natural a más de lo que sobrenatural ha querido Dios que vea.
9. Luego
ya confieso que fue ver, y que es visión imaginaria. No quiero decir tal, que
no es esto de que trato sino visión intelectual; que, como no tengo letras, mi
torpeza no sabe decir nada; que, lo que he dicho hasta aquí en esta oración,
entiendo claro que, si va bien, que no soy yo la que lo he dicho.
Yo tengo para mí que si algunas veces no entiende de estos secretos, en los arrobamientos, el alma a quien los ha dado Dios, que no son arrobamientos, sino alguna flaqueza natural, que puede ser a personas de flaca complexión, como somos las mujeres, con alguna fuerza de espíritu sobrepujar al natural y quedarse así embebidas, como creo dije en la oración de quietud.
Aquéllos no tienen que ver con arrobamientos; porque el que lo es, creed que roba Dios toda el alma para sí, y que como a cosa suya propia y ya esposa suya, la va mostrando alguna partecita del reino que ha ganado, por serlo; que por poca que sea, es todo mucho lo que hay en este gran Dios, y no quiere estorbo de nadie, ni de potencias, ni sentidos; sino de presto manda cerrar las puertas de estas moradas todas, y sólo en la que Él está queda abierta para entrambos. Bendita sea tanta misericordia, y con razón serán malditos los que no quisieren aprovecharse de ella y perdieren a este Señor.
10. ¡Oh
hermanas mías, que no es nada lo que dejamos, ni es nada cuanto hacemos ni
cuanto pudiéremos hacer por un Dios que así se quiere comunicar a un gusano! Y
si tenemos esperanza de aun en esta vida gozar de este bien, ¿qué hacemos?, ¿en
qué nos detenemos?, ¿qué es bastante para que un momento dejemos de buscar a
este Señor, como lo hacía la Esposa por barrios y plazas? ¡Oh, que es
burlería todo lo del mundo, si no nos llega y ayuda a esto, aunque duraran para
siempre sus deleites y riquezas y gozos, cuantos se pudieren imaginar, que es
todo asco y basura comparado a estos tesoros que se han de gozar sin fin! Ni
aun éstos no son nada en comparación de tener por nuestro al Señor de todos los
tesoros y del cielo y de la tierra.
11. ¡Oh
ceguedad humana! ¿Hasta cuándo, hasta cuándo se quitará esta tierra de nuestros
ojos? Que aunque entre nosotras no parece es tanta que nos ciegue del todo, veo
unas motillas, unas chinillas, que si las dejamos crecer bastarán a hacernos
gran daño; sino que, por amor de Dios, hermanas, nos aprovechemos de estas
faltas, para conocer nuestra miseria y ellas nos den mayor vista, como la dio
el lodo del ciego que sanó nuestro Esposo; y así, viéndonos tan
imperfectas, crezca más el suplicarle saque bien de nuestras miserias, para en
todo contentar a Su Majestad.
12. Mucho
me he divertido sin entenderlo. Perdonadme, hermanas, y creed que, llegada a
estas grandezas de Dios, digo a hablar en ellas, no puede dejar de lastimarme
mucho ver lo que perdemos por nuestra culpa. Porque, aunque es verdad que son cosas que las da el Señor a quien quiere, si
quisiésemos a Su Majestad como Él nos quiere, a todas las daría. No está deseando otra cosa, sino tener a quien dar, que no por eso se
disminuyen sus riquezas.
13. Pues,
tornando a lo que decía, manda el Esposo cerrar las puertas de las moradas y
aun las del castillo y cerca; que en queriendo arrebatar esta alma, se le
quita el huelgo de manera que aunque duren un poquito más algunas veces los
otros sentidos, en ninguna manera puede hablar; aunque otras veces todo se
quita de presto y se enfrían las manos y el cuerpo de manera que no parece
tiene alma, ni se entiende algunas veces si echa el huelgo.
Esto dura poco espacio, digo para estar en un ser; porque quitándose esta gran suspensión un poco, parece que el cuerpo torna algo en sí y alienta para tornarse a morir y dar mayor vida al alma, y con todo no dura mucho este tan gran éxtasis.
14. Mas
acaece, aunque se quita, quedarse la voluntad tan embebida y el entendimiento
tan enajenado, y durar así día, y aun días, que parece no es capaz para
entender en cosa que no sea para despertar la voluntad a amar, y ella se está
harto despierta para esto y dormida para arrostrar a asirse a ninguna criatura.
15. ¡Oh,
cuando el alma torna ya del todo en sí, qué es la confusión que le queda y los
deseos tan grandísimos de emplearse en Dios de todas cuantas maneras se
quisiere servir de ella! Si de las oraciones pasadas quedan tales efectos como
quedan dichos, ¿qué será de una merced tan grande como ésta? Querría tener mil
vidas para emplearlas todas en Dios, y que todas cuantas cosas hay en la tierra
fuesen lenguas para alabarle por ella.
Los deseos de hacer penitencia, grandísimos; y no hace mucho en hacerla, porque con la fuerza del amor siente poco cuanto hace y ve claro que no hacían mucho los mártires en los tormentos que padecían, porque con esta ayuda de parte de nuestro Señor, es fácil, y así se quejan estas almas a Su Majestad cuando no se les ofrece en qué padecer.
16. Cuando
esta merced les hace en secreto, tiénenla por muy grande; porque cuando es
delante de algunas personas, es tan grande el corrimiento y afrenta que les
queda, que en alguna manera desembebe el alma de lo que gozó, con la pena y
cuidado que le da pensar qué pensarán los que lo han visto.
Porque conocen la malicia del mundo, y entienden que no lo echarán por ventura a lo que es, sino que, por lo que habían de alabar al Señor, por ventura les será ocasión para echar juicios. En alguna manera me parece esta pena y corrimiento falta de humildad; mas ello no es más en su mano; porque si esta persona desea ser vituperada, ¿qué se le da? Como entendió una que estaba en esta aflicción de parte de nuestro Señor: No tengas pena, que o ellos han de alabarme a Mí, o murmurar de ti; y en cualquiera cosa de éstas ganas tú.
Supe después que esta persona se había mucho animado con estas palabras y consolado; y porque si alguna se viere en esta aflicción, os las pongo aquí. Parece que quiere nuestro Señor que todos entiendan que aquel alma es ya suya, que no ha de tocar nadie en ella; en el cuerpo, en la honra, en la hacienda, enhorabuena, que de todo se sacará honra para Su Majestad; mas en el alma, eso no, que si ella, con muy culpable atrevimiento, no se aparta de su Esposo, El la amparará de todo el mundo y aun de todo el infierno.
17. No
sé si queda dado algo a entender de qué cosa es arrobamiento, que todo es
imposible, como he dicho; y creo no se ha perdido nada en decirlo
para que se entienda lo que lo es; porque hay efectos muy diferentes en los
fingidos arrobamientos.
No digo fingidos, porque quien los tiene quiere engañar, sino porque ella lo está; y como las señales y efectos no conforman con tan gran merced, queda infamada de manera que con razón no se cree después a quien el Señor la hiciere. Sea por siempre bendito y alabado, amén, amén.
Fuente: Mercaba
