Su conversión llegó en noviembre del año 2006 cuando su madre lo invitó a participar en un congreso durante la Solemnidad de Cristo rey del Universo
Daniele Maria Piras es un
joven franciscano en formación. Tiene 32 años y es originario de Carbonia en La
Sardegna, una de las islas más grandes del Mar Mediterráneo perteneciente a
Italia. Pero antes de sentir su llamado de Dios e ingresar a la Orden de los
Frailes Menores, su vida estuvo marcada por el dolor, un profundo sufrimiento y
el sinsentido.
"Desde que era
pequeño mi familia, sobre todo por problemas económicos, vivía grandes
dificultades relacionales, especialmente entre mi madre y mi padre. Al terminar
la escuela media comienzo a trabajar con mi padre en su empresa de
construcción; en esos años, para huir de la fatiga familiar, comienzo a
frecuentar ‘malas compañías'.
Para mantener el paso con ellos, comencé a beber, hacer uso de las drogas ligeras, luego más pesadas, también para anestesiar el dolor que llevaba en el corazón", narra Daniele en entrevista con la ‘Rivista Porziuncola' de los franciscanos.
Para mantener el paso con ellos, comencé a beber, hacer uso de las drogas ligeras, luego más pesadas, también para anestesiar el dolor que llevaba en el corazón", narra Daniele en entrevista con la ‘Rivista Porziuncola' de los franciscanos.
Su abuso de las drogas fue
tal que con tan sólo 16 años se convierte en un toxicodependiente. "Por
siete año no pude salir de esa esclavitud: sabía que era malo, pero ya estaba
dentro de un círculo vicioso, no pude evitarlo; era muy débil, y cuando quise salir
me di cuenta que era muy tarde y mi voluntad estaba muy débil.
Fui donde los
psicólogos, traté de tomar medicamentos para la abstinencia, pero los
resultados fueron escasos", comenta el joven.
En un principio Daniele
escondió su situación a su familia, pero al empeorar sus padres se dan cuenta
de lo que estaba viviendo. "Mi madre me animó, estuvo cerca de mí y me amó
como era".
Fue justamente por medio
de la madre que la paz regresó al hogar de Daniele: "Ella, de joven, luego
de recibir los sacramentos, se alejó de la Iglesia, pero tras varios años se
acercó de nuevo, precisamente por causa de la dolorosa relación que estaba
viviendo con mi padre. Esta relación era su cruz: aquella cruz tenía un
nombre, mi padre Carlo, quien se encontraba en una situación muy difícil
después de haber perdido su trabajo".
El joven franciscano
cuenta que su madre encontró consolación en un grupo de amigas que rezaban el
Rosario: "María la reconduce al Hijo suyo: en la oración, en la Palabra en
los sacramentos. Allí encuentra la fuerza para estar en esa situación de dolor,
y decide estar al lado de mi padre y amarlo así como era (...) Esto permite a
Aquel que ha vencido la muerte de llevar su salvación a nuestra familia y hacer
nuevas todas las cosas".
Un testimonio de fe de la
madre que muy pronto sirvió de ejemplo para la hermana de Daniele, Chiara
Redenta, quien sintió el llamado de Jesús e ingresó a las Clarisas en el año
2005. "En ese momento mi experiencia de muerte, así como el testimonio de
mi madre y mi hermana, me llevó a pedir ayuda y comencé a invocar el nombre
del Señor Jesús", agrega el joven.
Pero su conversión llegó
en noviembre del año 2006 cuando su madre lo invitó a participar en un congreso
durante la Solemnidad de Cristo Rey del Universo. "La Palabra que guiaba
el Congreso era un verso del salmo 107, 14: ‘Los sacó de las tinieblas y de la
sombra de muerte, y rompió sus prisiones'.
Me tocó la catequesis de un padre
franciscano, parecía como si yo le hubiese contado mi historia (...) explicaba
como el mal, a través de lo atractivo del mundo, que presenta una felicidad
aparente, busca destruir nuestro cuerpo que es el templo del Espíritu Santo,
morada de Dios, lugar donde podemos hacer experiencia de Él".
El joven decide hablar con
el sacerdote franciscano, le cuenta que es un adicto y le pide que ore por él.
"El fraile me invitó que le pidiera a Jesús que interviniera, me bendice y
regreso a mi puesto. Luego un sacerdote pasó con Jesús Eucaristía en medio de
600 personas (...) Jesús pasó a mi lado, luego regresó al altar y yo sentí
dentro de mí el deseo de ir y tocarlo (...) Lo toqué y regresé a mi
puesto".
Menos de dos años después
de esta experiencia, el 29 de septiembre de 2008, y tras vivir dos convivencias
con los Franciscanos en Asís, el joven Daniele entra al postulantado de los
Frailes Menores.
"El sufrimiento en
nuestra familia se ha revelado pedagógico: acogido en la fe, ha preparado
nuestros corazones para acoger el Misterio (...) Solo Él dice: ‘he venido para
que tengan vida y la tengan en abundancia", comparte el joven franciscano.
Fuente: GaudiumPress
