Este misionero visita con mucha frecuencia el hospital de Binga. Lleva comida, medicinas y una palabra de consuelo
Jesús María del Barrio Sanz nació en Segovia en 1942. Ordenado sacerdote en
1967, partió como misionero a Zimbabwe en 1972. En 1975, tras aprender los
rudimentos de las lenguas y llevar tres años en el país, marchó al territorio
más pobre de Zimbabwe, a la misión de Kariyangwe. Poco después estallaba la
guerra de liberación colonial del Reino Unido (1977-1980). Esos años los pasó en
Kamativi, más hacia el este, localidad que en aquella época tenía una mina de
estaño. Luego volvió a Kariyangwe, donde permaneció hasta 2007. En la actualidad
está en Binga, a orillas del lago Kariba, un gigantesco lago artificial de más
de 280 kilómetros de largo, creado en el río Zambeze, y que hace de frontera con
Zambia.
Allí
en Binga tienen el centro de pastoral desde el que imparten cursos y dan
formación a los catequistas y líderes locales, que en África, son la vida de la
Iglesia. Luego están las visitas a las comunidades. Una al mes por lo menos. En
las que se celebran los sacramentos, también se tienen reuniones y se afrontan
los desafíos más urgentes. El objetivo es lograr tener una capilla permanente en
cada una de ellas, que sirva de presencia y referencia para la comunidad. Hay
muchas necesidades y en estas comunidades se trabaja también por asegurar que
los niños que van a las escuelas cercanas puedan contar al menos con una comida
segura al día.
Jesús
está viendo cómo quedan cada vez menos misioneros y van siendo sustituidos por
el clero local. Desde hace dos años, él mismo cuenta con la ayuda de un joven
sacerdote nativo. Los jóvenes sacerdotes están bien formados. Muchos han
estudiado en Kenya o en Europa. En Hwange están especialmente orgullosos de que
el primado de la Iglesia de Zimbabwe, el arzobispo de Harare, Robert Christopher
Ndlovu, haya nacido en esta diócesis.
Jesús
María tiene muchas experiencias. En estos años ha visto la generosidad, el
cariño y también el dolor de este pueblo del sur de África, con el que España,
gracias a la presencia de misioneros en los últimos 75 años, ha tenido una
relación muy especial. Este misionero visita con mucha frecuencia el hospital de
Binga. Lleva comida, medicinas y una palabra de consuelo. Hace unos meses
conoció a un hombre que sufría de una terrible enfermedad, con muchísimos
dolores… Jesús le fue dando esperanza y escuchando… Aquel enfermo le pidió el
bautismo, unos días antes de morir. Jesús recuerda la serenidad con la que
falleció. Es la otra cara del trabajo de un misionero en África, ayudar a vivir
y ayudar a morir.
Fuente: OMPRESS
