Prosigue
en la fundación del monasterio de San José de la ciudad de Salamanca.
1.
Mucho me he divertido. Cuando se me ofrece alguna cosa que con la experiencia
quiere el Señor que haya entendido, háceseme de mal no lo advertir. Podrá ser
que lo que yo pienso lo es, sea bueno. Siempre os informad, hijas, de quien
tenga letras, que en éstas hallaréis el camino de la perfección con discreción
y verdad. Esto han menester mucho las preladas, si quieren hacer bien su
oficio, confesarse con letrado, y si no hará hartos borrones pensando que es
santidad, y aun procurar que sus monjas se confiesen con quien tenga letras.
2.
Pues, víspera de Todos Santos, el año que queda dicho, a mediodía, llegamos a
la ciudad de Salamanca (1). Desde una posada procuré saber de un buen hombre de
allí, a quien tenía encomendado me tuviese desembarazada la casa, llamado
Nicolás Gutiérrez, harto siervo de Dios (2).
3.
Fue la primera que fundé sin poner el Santísimo Sacramento, porque yo no
pensaba era tomar la posesión si no se ponía; y había ya sabido que no
importaba, que fue harto consuelo para mí, según había mal aparejo de los
estudiantes. Como no deben tener esa curiosidad, estaba de suerte toda la casa,
que no se trabajó poco aquella noche. Otro día por la mañana se dijo la primera
misa, y procuré que fuesen por más monjas que habían de venir de Medina del
Campo (3). Quedamos la noche de Todos Santos mi compañera y yo solas. Yo os
digo, hermanas, que cuando se me acuerda el miedo de mi compañera, que era
María del Sacramento, una monja de más edad que yo, y harto sierva de Dios, que
me da gana de reír.
4.
La casa era muy grande y desbaratada y con muchos desvanes, y mi compañera no
había quitársele del pensamiento los estudiantes, pareciéndole que como se
habían enojado tanto de que salieron de la casa, que alguno se había escondido
en ella; ellos lo pudieran muy bien hacer, según había adónde (4). Encerrámonos
en una pieza adonde estaba paja, que era lo primero que yo proveía para fundar
la casa, porque teniéndola no nos faltaba cama; en ello dormimos esa noche con
unas dos mantas que nos prestaron. Otro día, unas monjas que estaban junto, que
pensamos les pesara mucho, nos prestaron ropa para las compañeras que habían de
venir y nos enviaron limosna. Llamábase (5) Santa Isabel, y todo el tiempo que
estuvimos en aquélla nos hicieron harto buenas obras y limosnas.
5.
Como mi compañera se vio cerrada en aquella pieza, parece sosegó algo cuanto a
lo de los estudiantes, aunque no hacía sino mirar a una parte y a otra, todavía
con temores, y el demonio que la debía ayudar con representarla pensamientos de
peligro para turbarme a mí, que con la flaqueza de corazón que tengo, poco me
solía bastar. Yo la dije que qué miraba, que cómo allí no podía entrar nadie.
Díjome: "Madre, estoy pensando, si ahora me muriese yo aquí, ¿qué haríais
vos sola?". Aquello, si fuera, me parecía recia cosa; y comencé a pensar
un poco en ello, y aun haber miedo; porque siempre los cuerpos muertos, aunque
yo no le he, me enflaquecen el corazón, aunque no esté sola. Y como el doblar
de las campanas ayudaba, que como he dicho (6) era noche de las Animas, buen
principio llevaba el demonio para hacernos perder el pensamiento con niñerías;
cuando entiende que de él no se ha miedo, busca otros rodeos. Yo la dije:
"Hermana, de que eso sea, pensaré lo que he de hacer; ahora déjeme
dormir". Como habíamos tenido dos noches malas, presto quitó el sueño los
miedos. Otro día vinieron más monjas, con que se nos quitaron.
6.
Estuvo el monasterio en esta casa cerca de tres años, y aun no me acuerdo si
cuatro, que había poca memoria de él, porque me mandaron ir a la Encarnación de
Avila; (7) que nunca hasta dejar casa propia y recogida y acomodada a mi
querer, dejara ningún monasterio, ni le he dejado. Que en esto me hacía Dios
mucha merced, que en el trabajo gustaba ser la primera, y todas las cosas para
su descanso y acomodamiento procuraba hasta las muy menudas, como si toda mi
vida hubiera de vivir en aquella casa, y así me daba gran alegría cuando
quedaban muy bien.
Sentí harto ver lo que estas hermanas padecieron aquí,
aunque no de falta de mantenimiento (que de esto yo tenía cuidado desde donde
estaba, porque estaba muy desviada la casa para las limosnas), sino de poca
salud, porque era húmeda y muy fría, que como era tan grande, no se podía
reparar; y lo peor, que no tenían Santísimo Sacramento, que para tanto
encerramiento es harto desconsuelo. Este no tuvieron ellas, sino todo lo
llevaban con un contento que era para alabar al Señor; y me decían algunas, que
les parecía imperfección desear casa, que ellas estaban allí muy contentas,
como tuvieran Santísimo Sacramento.
7.
Pues visto el prelado (8) su perfección y el trabajo que pasaban, movido de
lástima, me mandó venir de la Encarnación. Ellas se habían ya concertado con un
caballero de allí que les diese una; sino que era tal, que fue menester gastar
más de mil ducados para entrar en ella. Era de mayorazgo y él quedó que nos
dejaría pasar a ella, aunque no fuese traída la licencia del rey, y que bien
podíamos subir paredes. Yo procuré que el padre Julián de Avila, que es el que
he dicho (9) andaba conmigo en estas fundaciones y había ido conmigo, y vimos
la casa, para decir lo que se había de hacer, que la experiencia hacía que
entendiese yo bien de estas cosas.
8.
Fuimos por agosto, y con darse toda la prisa posible, se estuvieron hasta San
Miguel, que es cuando allí se alquilan las casas, y aun no estaba bien acabada,
con mucho; (10) mas como no habíamos alquilado en la que estábamos para otro
año, teníala ya otro morador; dábannos gran prisa. La iglesia estaba casi
acabada de enlucir. Aquel caballero que nos la había vendido no estaba allí.
Algunas personas que nos querían bien, decían que hacíamos mal en irnos tan
presto; mas adonde hay necesidad puédense mal tomar los consejos, si no dan
remedio.
9.
Pasámonos víspera de San Miguel (11), un poco antes que amaneciese. Ya estaba
publicado que había de ser el día de San Miguel el que se pusiese el Santísimo
Sacramento, y el sermón que había de haber (12). Fue nuestro Señor servido que
el día que nos pasamos, por la tarde, hizo un agua tan recia, que para traer
las cosas que eran menester se hacía con dificultad. La capilla habíase hecho
nueva, y estaba tan mal tejada, que lo más de ella se llovía. Yo os digo,
hijas, que me vi harto imperfecta aquel día.
Por estar ya divulgado, yo no
sabía qué hacer, sino que me estaba deshaciendo, y dije a nuestro Señor, casi
quejándome, que o no me mandase entender en estas obras, o remediase aquella
necesidad. El buen hombre de Nicolás Gutiérrez, con su igualdad, como si no
hubiera nada, me decía muy mansamente que no tuviese pena, que Dios lo
remediaría. Y así fue, que el día de San Miguel, al tiempo de venir la gente,
comenzó a hacer sol, que me hizo harta devoción y vi cuán mejor había hecho
aquel bendito en confiar de nuestro Señor que no yo con mi pena.
10.
Hubo mucha gente, y música, y púsose el Santísimo Sacramento con gran solemnidad.
Y como esta casa está en buen puesto, comenzaron a conocerla y tener devoción;
en especial nos favorecía mucho la condesa de Monterrey, doña María Pimentel, y
una señora, cuyo marido era el corregidor de allí, llamada doña Mariana. Luego
otro día, porque se nos templase el contento de tener el Santísimo Sacramento,
viene el caballero cuya era la casa tan bravo, que yo no sabía qué hacer con
él, y el demonio hacía que no se llegase a razón, porque todo lo que estaba
concertado con él cumplíamos (13). Hacía poco al caso querérselo decir.
Hablándole algunas personas se aplacó un poco; mas después tornaba a mudar
parecer. Yo ya me determinaba a dejarle la casa. Tampoco quería esto, porque él
quería que se le diese luego el dinero. Su mujer, que era suya la casa, habíala
querido vender para remediar dos hijas, y con este título se pedía la licencia
(14) y estaba depositado el dinero en quien él quiso.
11.
El caso es que, con haber esto más de tres años, no está acabada la compra, ni
sé si quedará allí el monasterio, que a este fin he dicho esto, digo en aquella
casa, o en qué parará (15).
12.
Lo que sé es que en ningún monasterio de los que el Señor ahora ha fundado de
esta primera Regla no han pasado las monjas, con mucha parte, tan grandes
trabajos. Haylas allí tan buenas, por la misericordia de Dios, que todo lo
llevan con alegría. Plega a Su Majestad esto les lleve adelante, que en tener
buena casa o no la tener, va poco; antes es gran placer cuando nos vemos en
casa que nos pueden echar de ella, acordándonos cómo el Señor del mundo no tuvo
ninguna. Esto de estar en casa no propia, como en estas fundaciones se ve, nos
ha acaecido algunas veces; y es verdad que jamás he visto a monja con pena de
ello. Plega a la divina Majestad que no nos falten las moradas eternas, por su
infinita bondad y misericordia. Amén, amén.
NOTAS CAPÍTULO 19
1 31 de octubre
de 1570.
2 Nicolás
Gutiérrez tenía seis hijas en la Encarnación de Avila, y todas ellas pasaron a
la Reforma teresiana.
3 Hizo venir dos
monjas de Medina, y una de Valladolid; y poco después, tres más de Avila.
4 "La casa,
con un patio central bastante grande y un corredor destartalado, la poseen
actualmente en la Plaza de Santa Teresa, las Siervas de San José"
(Silverio).
5 Llamábase el
monasterio de estas monjas Santa Isabel. - Eran franciscanas.
6 En el n. 2.
7 En julio de
1571 fe nombrada Priora de la Encarnación por el P. Pedro Fernández (Cf.
B.M.C., t. 2, pp. 106-107).
8 El prelado era
el P. Pedro Fernández, dominico, nombrado Visitador Apostólico del Carmen por
S. Pío V (20 de agosto de 1569). - El caballero de que hablará en seguida era
Pedro de la Banda.
9 Cf. c. 3, n.
2; c. 10, n. 4, etc.
10 Co mucho:
equivale a nuestro "ni con mucho"; le faltaba mucho para estar
acabada (cf. n. 12; y c. 31, n. 17). - Para otraño, escribe la Santa a renglón
seguido, en forma similar a nuestro hogaño y antaño.
11 El 28 de
septiembre de 1573.
12 El sermón...
a cargo del famoso Diego de Estella.
13 Cumplíemos,
escribe la Santa, forma arcaica usada en el libro de las Fundaciones con mucha
más frecuencia que en los restantes. Por ej.: parecíe (12, 8), serviríen (15,
7), quiríen (15, 14), etc. Equivale a nuestro imperfecto, con algún pequeño
matiz de indefinido, como el presente caso. El P. Silverio trascribe cumplimos.
14 Se pedía la
licencia requerida, por ser "de mayorazgo" la casa (cf. n. 7).
15 Como el
traslado se hizo el 28/9/1573 (cf. n. 9), la Santa escribe estas páginas no
antes de 1576. - Ni sé si quedará allí el monasterio: de hecho, en 1579 ya
tenía la Santa licencia del Obispo para trasladarse a otra casa, y en 1582 la
abandonaron definitivamente.
Fuente:
Mercaba
