Prosigue en la misma fundación del
monasterio de San José de la ciudad de Sevilla. Trata algunas cosas de la
primera monja que entró en él, que son harto de notar.
1. Bien podéis considerar, hijas mías, el consuelo que
teníamos aquel día. De mí os sé decir que fue muy grande. En especial me le dio
ver que dejaba a las hermanas en casa tan buena y en buen puesto, y conocido el
monasterio, y en casa monjas que tenían para pagar la más parte de la casa; de
manera que con las que faltaban del número, por poco que trajesen, podían
quedar sin deuda (1).
Y, sobre todo, me dio alegría haber gozado de los
trabajos, y cuando había de tener algún descanso, me iba, porque esta fiesta
fue el domingo antes de Pascua del Espíritu Santo, año 1576, y luego el lunes
siguiente me partí yo (2), porque la calor entraba grande y por si pudiese ser
no caminar la Pascua y tenerla en Malagón, que bien quisiera poderme detener
algún día, y por esto me había dado harta prisa.
3. Es una doncella, hija de padres muy cristianos, montañés
el padre (6). Esta, siendo de muy pequeña edad, como de siete años, pidióla a
su madre una tía suya para tenerla consigo, que no tenía hijos. Llevada a su
casa, como la debía regalar y mostrar el amor que era razón, ellas (7) debían
tener esperanza que les había de dar su hacienda, antes que la niña fuese a su
casa; y estaba claro que, tomándola amor, lo había de querer más para ella.
Acordaron quitar aquella ocasión con un hecho del demonio, que fue levantar a
la niña que quería matar a su tía y que para esto había dado a la una no sé qué
maravedís que la trajese de solimán (8). Dicho a la tía, como todas tres decían
una cosa, luego las creyó, y la madre de la niña también, que es una mujer
harto virtuosa.
4. Toma la niña y llévala a su casa, pareciéndole se criaba
en ella una muy mala mujer. Díceme la Beatriz de la Madre de Dios, que así se
llama, que pasó más de un año que cada día la azotaba y atormentaba y hacíala
dormir en el suelo, porque le había de decir tan gran mal. Como la muchacha
decía que no lo había hecho ni sabía qué cosa era solimán, parecióle muy peor,
viendo que tenía ánimo para encubrirlo. Afligíase la pobre madre de verla tan
recia en encubrirlo, pareciéndole nunca se había de enmendar. Harto fue no se
lo levantar la muchacha para librarse de tanto tormento; mas Dios la tuvo, como
era inocente, para decir siempre verdad. Y como Su Majestad torna por los que
están sin culpa, dio tan gran mal a las dos de aquellas mujeres, que parecía
tenían rabia, y secretamente enviaron por la niña, la tía, y la pidieron
perdón, y viéndose a punto de muerte, se desdijeron; y la otra hizo otro tanto,
que murió de parto. En fin, todas tres murieron con tormento en pago del que
habían hecho pasar a aquella inocente (9).
5. Esto no lo sé de sola ella, que su madre, fatigada,
después que la vio monja, de los malos tratamientos que la había hecho, me lo
contó con otras cosas, que fueron hartos sus martirios; y no teniendo su madre
más y siendo harto buena cristiana, permitía Dios que ella fuese el verdugo de
su hija, queriéndola muy mucho. Es mujer de mucha verdad y cristiandad.
6. Habiendo la niña como poco más de doce años, leyendo en
un libro que trata de la vida de Santa Ana, tomó gran devoción con los santos
del Monte Carmelo, que dice allí que su madre de Santa Ana que iba a tratar con
ellos muchas veces (creo se llama Merenciana) (10), y de aquí fue tanta la
devoción que tomó con esta Orden de Nuestra Señora, que luego prometió ser
monja de ella, y castidad. Tenía muchos ratos de soledad, cuando ella podía, y
oración. En ésta le hacía Dios grandes mercedes, y nuestra Señora, y muy
particulares. Ella quisiera luego ser monja. No osaba por sus padres, ni
tampoco sabía adónde hallar esta Orden, que fue cosa para notar, que con haber
en Sevilla monasterio de ella de la Regla mitigada, jamás vino a su noticia,
hasta que supo de estos monasterios, que fue después de muchos años.
7. Como ella llegó a edad para poderla casar, concertaron
sus padres con quién casarla, siendo harto muchacha; mas como no tenían más de
aquella, que aunque tuvo otros hermanos muriéronse todos, y ésta, que era la
menos querida, les quedó (que cuando le acaeció lo que he dicho (11), un
hermano tenía, que éste tornaba por ella, diciendo no lo creyesen), muy
concertado ya el casamiento, pensando ella no hiciera otra cosa, cuando se lo
vinieron a decir dijo el voto que tenía hecho de no se casar, que por ningún
arte, aunque la matasen, no lo haría.
8. El demonio que los cegaba, o Dios que lo permitía para
que ésta fuese mártir (que ellos pensaron que tenía hecho algún mal recaudo
(12) y por eso no se quería casar), como ya habían dado la palabra, ver
afrentado al otro, diéronla tantos azotes, hicieron en ella tantas justicias,
hasta quererla colgar, que la ahogaban, que fue ventura no la matar. Dios que
la quería para más, le dio la vida. Díceme ella a mí que ya a la postre casi
ninguna cosa sentía, porque se acordaba de lo que había padecido santa Inés,
que se lo trajo el Señor a la memoria, y que se holgaba de padecer algo por El,
y no hacía sino ofrecérselo. Pensaron que muriera, que tres meses estuvo en la
cama que no se podía menear.
9. Parece cosa muy para notar una doncella que no se quitaba
de cabe su madre, con un padre harto recatado, según yo supe, cómo podían
pensar de ella tanto mal; porque siempre fue santa y honesta y tan limosnera,
que cuanto ella podía alcanzar era para dar limosna. A quien nuestro Señor
quiere hacer mercedes de que padezca, tiene muchos medios, aunque desde algunos
años les fue descubriendo la virtud de su hija, de manera que cuanto quería dar
limosna la daban, y las persecuciones se tornaron en regalos; aunque con la
gana que ella tenía de ser monja, todo se le hacía trabajoso, y así andaba
harto desabrida y penada, según me contaba.
10 Acaeció trece o catorce años antes que el Padre Gracián
fuese a Sevilla (que no había memoria de Descalzos Carmelitas), estando ella
con su padre y con su madre y otras dos vecinas, entró un fraile de nuestra
Orden vestido de sayal, como ahora andan, descalzo. Dicen que tenía un rostro
fresco y venerable, aunque tan viejo que parecía la barba como hilos de plata,
y era larga, y púsose cabe ella y comenzóla a hablar un poco en lengua que ni
ella ni ninguno lo entendió; y acabado de hablar, santiguóla tres veces,
diciéndole: "Beatriz, Dios te haga fuerte", y fuése. Todos no se
meneaban mientras estuvo allí, sino como espantados. El padre la preguntó que
quién era. Ella pensó que él le conocía. Levantáronse muy presto para buscarle
y no pareció más. Ella quedó muy consolada, y todos espantados, que vieron era
cosa de Dios, y así ya la tenían en mucho, como está dicho. Pasaron todos estos
años que creo fueron catorce, después de esto, sirviendo ella siempre a nuestro
Señor, pidiéndole que cumpliese su deseo.
11. Estaba harto fatigada, cuando fue allá el padre maestro
fray Jerónimo Gracián. Yendo un día a oír un sermón en una iglesia de Triana,
adonde su padre vivía, sin saber ella quién predicaba, que era el padre maestro
Gracián, viole salir a tomar la bendición. Como ella le vio el hábito, y
descalzo, luego se le representó el que ella había visto, que era así el
hábito, aunque el rostro y edad era diferente, que no había el padre Gracián
aún treinta años (13). Díceme ella que, de grandísimo contento, se quedó como
desmayada; que aunque había oído que habían allí hecho monasterio en Triana, no
entendía era de ellos. Desde aquel día fue luego a procurar confesarse con el
padre Gracián, y aun esto quiso Dios que le costase mucho, que fue más, o al
menos tantas, doce veces, que nunca la quiso confesar (14). Como era moza y de
buen parecer, que no debía haber entonces veinte y siete años, él apartábase de
comunicar con personas semejantes, que es muy recatado.
12. Ya un día, estando ella llorando en la iglesia, que
también era muy encogida, díjole una mujer, que qué había. Ella le dijo que
había tanto que procuraba hablar a aquel padre y que no tenía remedio, que
estaba a la sazón confesando. Ella llevóla allá y rogóle que oyese a aquella
doncella, y así se vino a confesar generalmente con él. El, como vio alma tan
rica, consolóse mucho y consolóla con decirla que podría ser fuesen monjas
Descalzas, y que él haría que la tomasen luego. Y así fue, que lo primero que
me mandó fue que fuese ella la primera que recibiese, porque él estaba
satisfecho de su alma, y así se le dijo a ella cuando íbamos. Puso mucho en que
no lo supiesen sus padres, porque no tuviera remedio de entrar.
Y así, el mismo
día de la Santísima Trinidad (15) deja unas mujeres que iban con ella (que para
confesarse no iba su madre, que era lejos el monasterio de los Descalzos,
adonde siempre se confesaba y hacía mucha limosna y sus padres por ella); tenía
concertado con una muy sierva de Dios que la llevase y dice a las mujeres que
iban con ella (que era muy conocida aquella mujer por sierva de Dios en
Sevilla, que hace grandes obras), que luego vendría; y así la dejaron. Toma su
hábito y manto de jerga, que yo no sé cómo se pudo menear, sino con el contento
que llevaba todo se le hizo poco. Sólo temía si la habían de estorbar y conocer
cómo iba cargada, que era muy fuera de como ella andaba. ¡Qué hace el amor de
Dios!, ¡cómo ya ni tenía honra, ni se acordaba sino de que no impidiesen su
deseo! Luego la abrimos la puerta. Yo lo envié a decir a su madre. Ella vino
como fuera de sí; mas dijo que ya veía la merced que hacía Dios a su hija; y,
aunque con fatiga, lo pasó, no con extremos de no hablarla como otras hacen,
antes en un ser nos hacía grandes limosnas.
13. Comenzó a gozar de su contento tan deseado la esposa de
Jesucristo, tan humilde y amiga de hacer cuanto había, que teníamos harto que
hacer en quitarle la escoba. Estando en su casa tan regalada, todo su descanso
era trabajar. Con el contento grande, fue mucho lo que luego engordó. Esto se
le dio a sus padres de manera, que ya se holgaban de verla allí.
14. Al tiempo que hubo de profesar (17), dos o tres meses
antes, porque no gozase tanto bien sin padecer, tuvo grandísimas tentaciones;
no porque ella se determinase a no la hacer, mas parecíale cosa muy recia.
Olvidados todos los años que había padecido por el bien que tenía, la traía el
demonio tan atormentada, que no se podía valer. Con todo, haciéndose grandísima
fuerza, le venció, de manera que en mitad de los tormentos concertó su
profesión. Nuestro Señor, que no debía de aguardar a más de probar su
fortaleza, tres días antes de la profesión la visitó y consoló muy particularmente
e hizo huir el demonio. Quedó tan consolada, que parecía aquellos tres días que
estaba fuera de sí de contenta, y con mucha razón, porque la merced había sido
grande.
15. Desde a pocos días que entró en el monasterio, murió su
padre, y su madre tomó el hábito en el mismo monasterio (18), y le dio todo lo
que tenía en limosna, y está con grandísimo contento madre e hija, y
edificación de todas las monjas, sirviendo a quien tan gran merced las hizo.
16. Aun no pasó un año, cuando se vino otra doncella harto
sin voluntad de sus padres, y así va el Señor poblando esta su casa de almas
tan deseosas de servirle, que ningún rigor se les pone delante, ni
encerramiento. Sea por siempre jamás bendito, y alabado por siempre jamás, amén.
NOTAS CAPÍTULO 26
1 Es decir, no estando completo el número de religiosas del monasterio,
las dotes de las nuevas postulantes acabarían de cubrir la deuda. - Sobre los
trabajos y gracias místicas a que hace alusión la frase siguiente, cf.
Relaciones 42-62.
2 La fiesta fue el 3 y la Santa partió el 4 de junio de 1576.
3 Harto se les aguó el contento a las monjas con mi partida... Menos mal
que para menguar la pena, las monjitas sevillanas y el P. Gracián tuvieron la
feliz idea de obligar a la Santa a posar ante un pintor y dejarse retratar.
Aunque el retratista fuese tan mediocre como el buen lego fray Juan de la
Misaria que recibió orden de realizar la obra, su cuadro, aún hoy conservado en
el monasterio de Sevilla, es el único retrato "ciertamente auténtico"
que poseemos de la Santa Madre. El relato del martirio que el lego hizo pasar a
la Santa, puede verse en el P. GRACIAN, Peregrinación de Anastasio, Diál. 13
(B.M.C., t. 17, pp. 201-202); él nos trasmitió la fina crítica que la Santa
hizo humorísticamente al retrato y al retratista: Dios te lo perdone, frau
Juan, que ya que me pintaste, me has pintado fea y legañosa.
4 Cf. c. 18, nn. 4-5; y c. 24, n. 6.
5 Ya os he dicho... que seis que iban conmigo eran tales que... me
atreviera a ir con ellas a tierra de turcos (c. 24, n. 6).
6 Beatriz de la Madre de Dios, hija de Alfonos Gómez y Juana Gómez;
también ésta, se hizo carmelita, y se llamó Juana de la Cruz (cf. n. 15).
7 Ellas... las tres mujeres de servicio en casa de la tía (cf. n. 4):
evidentemente, la Santa ha omitido involuntariamente una frase.
8 Acordaron, las tres de la nota anterior. - Levantar a la niña una
calumnia. Lo repetirá la Santa en el n. siguiente. - Solimán: sublimado,
corriosivo.
9 Pasar aquella, escribió por haplografía la Santa. Probablemente ocurre
otro tanto unas líneas antes: enviaron por la niña a la tía.
10 Creo se llama Merenciana: la madre de Santa Ana, según el docto libro
de la joven andaluza...
11 En los nn. 3-5.
12 Recaudo tiene aquí la acepción popular vaga: tenía hecha una mala
faena o fechoría.
13 Tendría Gracián unos 29 años (nació en 1545; fundó en Sevilla en
1574). Mucho más equivocada anda la Santa en la edad de la buena Beatriz, que
no tenía entonces los 27 que la Santa le da, sino 36 bien cumplidos (nacida en
1538). - El convento de Carmelitas Descalzos de Triana, titulado de los
Remedios, había sido fundado el 6/1/1574.
14 Hipérbaton: que fue más de doce veces o al menos tantas, sin que la
quisiese confesar.
15 El 29 de mayo de 1575, el mismo día en que se había dicho la primera
misa (cf. c. 24, n. 18).
16 En un ser: contínuamente.
17 Profesó el 29 de septiembre de 1576. Cf. la carta de la Santa a María
de San José del 17 de junio del mismo año.
18 Profesó como Hermana de velo el 10/11/1577 con el nombre de Juana de
la Cruz.
Fuente; Mercaba
