En que se trata la fundación del
monasterio de Nuestra Señora de la Anunciación, que está en Alba de Tormes. Fue
año de 1571.
1. No había dos meses que se había tomado la posesión, el
día de Todos Santos, en la casa de Salamanca, cuando de parte del contador del
duque de Alba y de su mujer fui importunada que en aquella villa hiciese una
fundación y monasterio. Yo no lo había mucha gana a causa que, por ser lugar
pequeño, era menester que tuviese renta, que mi inclinación era a que ninguna
tuviese.
El padre maestro fray Domingo Bañes, que era mi confesor, de quien
traté al principio de las fundaciones, que acertó a estar en Salamanca, me riñó
y dijo que, pues el Concilio daba licencia para tener renta, que no sería bien
dejase de hacer un monasterio por eso; que yo no lo entendía, que ninguna cosa
hacía para ser las monjas pobres y muy perfectas (1). Antes que más diga, diré quién era la fundadora y cómo el
Señor la hizo fundarle.
3. Cosa cierto mucho para llorar, que sin entender los
mortales lo que les está mejor, como los que del todo ignoran los juicios de
Dios, no sabiendo los grandes bienes que pueden venir de las hijas ni los
grandes males de los hijos, no parece que quieren dejar al que todo lo entiende
y los cría, sino que se matan por lo que se habían de alegrar. Como gente que
tiene dormida la fe, no van adelante con la consideración, ni se acuerdan que
es Dios el que así lo ordena, para dejarlo todo en sus manos. Y ya que están
tan ciegos que no hagan esto, es gran ignorancia no entender lo poco que les
aprovecha estas penas. ¡Oh, válgame Dios!, ¡cuán diferente entenderemos estas
ignorancias en el día adonde se entenderá la verdad de todas las cosas!, y
¡cuántos padres se verán ir al infierno por haber tenido hijos y cuántas
madres, y también se verán en el cielo por medio de sus hijas!
4. Pues, tornando a lo que decía, vienen las cosas a
términos, que, como cosa que les importaba poco la vida de la niña, a tercer
día de su nacimiento se la dejaron sola y sin acordarse nadie de ella desde la
mañana hasta la noche. Una cosa habían hecho bien, que la habían hecho bautizar
a un clérigo luego en naciendo. Cuando a la noche vino una mujer, que tenía
cuenta con ella y supo lo que pasaba, fue corriendo a ver si era muerta, y con
ella otras algunas personas que habían ido a visitar a la madre, que fueron
testigos de lo que ahora diré. La mujer la tomó llorando en los brazos, y le
dijo: "¡Cómo, mi hija! ¿vos no sois cristiana?", a manera de que
había sido crueldad. Alzó la cabeza la niña y dijo: "Sí soy", y no
habló más hasta la edad que suelen hablar todos. Los que la oyeron, quedaron
espantados, y su madre la comenzó a querer y regalar desde entonces, y así
decía muchas veces que quisiera vivir hasta ver lo que Dios hacía de esta niña.
Criábalas muy honestamente, enseñándolas todas las cosas de virtud.
5. Venido el tiempo que la querían casar, ella no quería, ni
lo tenía deseo. Acertó a saber cómo la pedía Francisco Velázquez, que es el
fundador también de esta casa, marido suyo; y, en nombrándosele, se determinó
de casarse si la casaban con él, no le habiendo visto en su vida; mas veía el
Señor que convenía esto para que se hiciese la buena obra que entrambos han
hecho para servir a Su Majestad. Porque, dejado de ser hombre virtuoso y rico
(3), quiere tanto a su mujer, que la hace placer en todo y con mucha razón;
porque todo lo que se puede pedir en una mujer casada, se lo dio el Señor muy
cumplidamente. Que, junto con el gran cuidado que tiene de su casa, es tanta su
bondad, que, como su marido la llevase a Alba de donde era natural y acertasen
a aposentar en su casa los aposentadores del duque un caballero mancebo, sintió
tanto, que comenzó a aborrecer el pueblo; porque ella, siendo moza y de muy
buen parecer, a no ser tan buena, según el demonio comenzó a poner en él malos
pensamientos, pudiera suceder algún mal.
6. Ella, en entendiéndolo, sin decir nada a su marido, le
rogó la sacase de allí; y él hízolo así y llevóla a Salamanca, adonde estaba
con gran contento y muchos bienes del mundo, por tener un cargo que todos los
deseaban mucho contentar, y regalaban (4). Sólo tenían una pena, que era no les
dar nuestro Señor hijos, y para que se los diese eran grandes las devociones y
oraciones que ella hacía, y nunca suplicaba al Señor otra cosa sino que le
diese generación, para que, acabada ella, alabasen a Su Majestad; que le
parecía recia cosa que se acabase en ella y no tuviese quien después de sus
días alabase a Su Majestad. Y decíame ella a mí que jamás otra cosa se le ponía
delante para desearlo; y es mujer de gran verdad y tanta cristiandad y virtud
como tengo dicho, que muchas veces me hace alabar a nuestro Señor ver sus
obras, y alma tan deseosa de siempre contentarle y nunca dejar de emplear bien
el tiempo.
7. Pues andando muchos años con este deseo, y encomendándolo
a San Andrés, que le dijeron era abogado para esto, después de otras muchas
devociones que había hecho, dijéronle una noche, estando acostada: "No
quieras tener hijos, que te condenarás". Ella quedó muy espantada y
temerosa, mas no por eso se le quitó el deseo, pareciéndole que pues su fin era
tan bueno, que por qué se había de condenar. Y así, iba adelante con pedirlo a
nuestro Señor, en especial hacía particular oración a San Andrés. Una vez,
estando con este mismo deseo, ni sabe si despierta o dormida (de cualquier
manera que sea, se ve fue visión buena por lo que sucedió), parecióle que se
hallaba en una casa, adonde en el patio, debajo del corredor, estaba un pozo;
(5) y vio en aquel lugar un prado y verdura, con unas flores blancas por él de
tanta hermosura que no sabe ella encarecer de la manera que lo vio.
Cerca del
pozo se le apareció San Andrés de forma de una persona muy venerable y hermosa,
que le dio gran recreación mirarle, y díjole: "otros hijos son éstos que
los que tú quieres". Ella no quisiera que se acabara el consuelo grande
que tenía en aquel lugar; mas no duró más. Y ella entendió claro que era aquel
santo San Andrés, sin decírselo nadie; y también que era la voluntad de nuestro
Señor que hiciese monasterio. Por donde se da a entender que también fue visión
intelectual como imaginaria y que ni pudo ser antojo ni ilusión del demonio.
8. Lo primero, no fue antojo, por el gran efecto que hizo,
que desde aquel punto nunca más deseó hijos, sino que quedó tan asentado en su
corazón que era aquella la voluntad de Dios, que ni se los pidió más ni los
deseó. Así comenzó a pensar qué modo tendría para hacer lo que el Señor quería.
No ser demonio, también se entiende, así por el efecto que hizo, porque cosa
suya no puede hacer bien, como por estar hecho ya el monasterio, adonde se
sirve mucho nuestro Señor; y también porque era esto más de seis años antes que
se fundase el monasterio, y él no puede saber lo por venir.
9. Quedando ella muy espantada de esta visión, dijo a su
marido que pues Dios no era servido de darles hijos, que hiciesen un monasterio
de monjas. El, como es tan bueno y la quería tanto, holgó de ello y comenzaron
a tratar adónde le harían. Ella quería en el lugar que había nacido; él le puso
justos impedimentos para que entendiese no estaba bien allí.
10. Andando tratando esto, envió la duquesa de Alba a
llamarle; y como fue, mandóle se tornase a Alba a tener un cargo y oficio que
le dio en su casa (6). El, como fue a ver lo que le mandaba y se lo dijo,
aceptólo, aunque era de muy menos interés que el que tenía en Salamanca. Su
mujer, de que lo supo, afligióse mucho, porque, como he dicho, tenía aborrecido
aquel lugar. Con asegurarle él que no le darían más huésped, se aplacó algo,
aunque todavía estaba muy fatigada, por estar más a su gusto en Salamanca. El
compró una casa y envió por ella. Vino con gran fatiga, y más la tuvo cuando
vio la casa; porque aunque era en muy buen puesto y de anchura, no tenía
edificios, y así estuvo aquella noche muy fatigada. Otro día en la mañana, como
entró en el patio, vio al mismo lado el pozo, adonde había visto a San Andrés,
y todo, ni más ni menos que lo había visto, se le representó; digo el lugar,
que no el Santo, ni prado, ni flores, aunque ella lo tenía y tiene bien en la
imaginación.
11. Ella, como vio aquello, quedó turbada y determinada a
hacer allí el monasterio y con gran consuelo y sosiego ya para no querer ir a
otra parte. Y comenzaron a comprar más casas juntas, hasta que tuvieron sitio
muy bastante. Ella andaba cuidadosa de qué Orden le haría, porque quería fuesen
pocas y muy encerradas, y tratándolo con dos religiosos de diferentes Ordenes,
muy buenos y letrados, entrambos le dijeron sería mejor hacer otras obras;
porque las monjas las más estaban descontentas, y otras cosas hartas; que, como
al demonio le pesaba, queríalo estorbar, y así les hacía parecer era gran razón
las razones que le decían.
Y como pusieron tanto en que no era bien, y el
demonio que ponía más en estorbarlo, hízola temer y turbar y determinar de no
hacerlo; y así lo dijo a su marido, pareciéndoles, que pues personas tales les
decían que no era bien y su intento era servir a nuestro Señor, de dejarlo. Y así
concertaron de casar un sobrino que ella tenía, hijo de una hermana suya, que
quería mucho, con una sobrina de su marido, y darles mucha parte de su hacienda
y lo demás hacer bien por sus almas; porque el sobrino era muy virtuoso y
mancebo de poca edad. En este parecer quedaron entrambos resueltos y ya muy
asentado.
12. Mas como nuestro Señor tenía ordenada otra cosa,
aprovechó poco su concierto, que antes de quince días le dio un mal tan tecio
que en muy pocos días le llevó consigo nuestro Señor. A ella se le asentó en
tanto extremo que había sido la causa de su muerte la determinación que tenían
de dejar lo que Dios quería que hiciese por dárselo a él, que hubo gran temor.
Acordábasele de Jonás profeta (7), lo que le había sucedido por no querer obedecer
a Dios; y aun le parecía la había castigado a ella quitándole aquel sobrino que
tanto quería. Desde este día se determinó de no dejar por ninguna cosa de hacer
el monasterio, y su marido lo mismo, aunque no sabían cómo ponerlo por obra.
Porque a ella parece la ponía Dios en el corazón lo que ahora está hecho, y a
los que ella lo decía y les figuraba cómo quería el monasterio, reíanse de
ello, pareciéndoles no hallaría las cosas que ella pedía, en especial un
confesor que tenía, fraile de San Francisco, hombre de letras y calidad. Ella
se desconsolaba mucho.
13. En este tiempo acertó a ir este fraile a cierto lugar,
adonde le dieron noticia de estos monasterios de nuestra Señora del Carmen que
ahora se fundaban. El, informado muy bien, tornó a ella y díjole que ya había
hallado que podía hacer el monasterio como quería; díjole lo que pasaba, y que
procurase tratarlo conmigo. Así se hizo. Harto trabajo se pasó en concertarnos,
porque yo siempre he pretendido que los monasterios que fundaba con renta la
tuviesen tan bastante, que no hayan menester las monjas a sus deudos ni a
ninguno, sino que de comer y vestir les den todo lo necesario en la casa, y las
enfermas muy bien curadas; (8) porque de faltarles lo necesario vienen muchos
inconvenientes. Y para hacer muchos monasterios de pobreza sin renta, nunca me
falta corazón y confianza, con certidumbre que no les ha Dios de faltar. Y para
hacerlos de renta y con poca, todo me falta. Por mejor tengo que no se funden.
14. En fin, vinieron a ponerse en razón y dar bastante renta
para el número; y lo que les tuve en mucho, que dejaron su propia casa para
darnos y se fueron a otra harto ruin. Púsose el Santísimo Sacramento e hízose
la fundación día de la Conversión de San Pablo, año de 1571 (9), para gloria y
honra de Dios, adonde, a mi parecer, es Su Majestad muy servido. Plega a El lo
lleve siempre adelante.
15. Comencé a decir algunas cosas particulares de algunas
hermanas de estos monasterios, pareciéndome cuando esto viniesen a leer no
estarían vivas las que ahora son, y para que las que vinieren se animen a
llevar adelante tan buenos principios. Después me ha parecido que habrá quien
lo diga mejor y más por menudo y sin ir con el miedo que yo he llevado,
pareciéndome les parecerá ser parte; (10) y así he dejado hartas cosas que
quien las ha visto y sabido no las pueden dejar de tener por milagrosas, porque
son sobrenaturales; de éstas no he querido decir ningunas, y de las que
conocidamente se ha visto hacerlas nuestro Señor por sus oraciones.
En la cuenta de los años en que se fundaron, tengo alguna
sospecha si yerro alguno, aunque pongo la diligencia que puedo porque se me
acuerde (11). Como no importa mucho, que se puede enmendar después, dígolos
conforme a lo que puedo advertir con la memoria; poco será la diferencia, si
hay algún yerro.
NOTAS CAPÍTULO
20
1 Ya otras veces
le había dado este consejo el mismo P. Báñez (cf. c. 9, n. 3; y Vida c. 36, n.
15). - El Concilio daba licencia: se refiere a lo establecido en el Concilio de
Trento (sesión 25, c. 3) sobre la pobreza de los monasterios y su dotación. -
Ninguna cosa hacía para ser...: nada importaba, no tenía que ver lo uno con lo
otro...
2 Retocó la
frase anterior borrando en ella el nombre de Teresa de Layz, para comenzar aquí
con solemnidad especial la narración de esta fundación. La inicia con el
anagrama que preside sus cartas o el prólogo de sus libros: Jhs. - Hijosdealgo
(= hidalgos) o hidalguía, y no ascendencia judía ni mora.
3 Dejado de ser:
aparte, además de...
4 Contador y
pagador de la Universidad desdeel 17 de mayo de 1544 hasta el 1 de febrero de
1566.
5 "Todavía
existe, cerca de la celda donde la Sanra murió, aunque por las obras hechas en
las antiguas casas, lo que fue patio se haya transformado en amplia
habitación" (Silverio).
6 Contador del
Duque, como dijo en el n. 1.
7 Jo 1-2.
8 Curadas:
cuidadas.
9 El 25 de enero
de 1571.
10 Les parecerá
ser yo parte: es decir, no se extiende más, por temor a dar impresión de
parcial, ya que ella ha tomado parte en la historia que refiere (cf. c. 16, n.
3).
11 En la cuenta
de los años... Con toda probabilidad, añadió la Santa esta observación, al
constatar sus frecuentes equivocaciones: véase la curiosa equivocación en el
título del c. 17. Volverá a errar la fecha en el título de los tres capítulos
que siguen.
Fuente: Mercaba
