La localidad serbia de Presevo, de 10.000 habitantes, recibe a diario 60
autobuses llenos de inmigrantes
La fila de
refugiados se extiende hasta donde alcanza la vista. Algunos afortunados han
logrado colocarse bajo una rama, pero la mayoría suda bajo el sol de agosto.
Esperan que les franqueen el acceso al pequeño campamento que las autoridades
serbias han instalado en Presevo, en
el sur de Serbia, para aliviar la situación de las
decenas de miles de personas que estos días cruzan el país rumbo a la UE. «Llevo
aquí desde las ocho de la mañana, y nada», dice Ahmad, un refugiado de
Damasco. «Algunos han pasado la noche», afirma.
El campo está
abarrotado por la llegada masiva de migrantes, así que las
autoridades serbias se han visto obligados a construir un segundo recinto en
Miratovac, en la misma frontera. Todo ello a pesar de que la mayoría apenas se
quedan una o dos noches y luego continúan camino hacia el norte, hacia
Belgrado, y algunos directamente hasta Hungría.
Es el caso de
Sultan, un estudiante de Deir Az Zor, que después de dos jornadas en el campo
se prepara para partir inmediatamente. «No hay problemas de abastecimiento y
la policía también nos ha tratado bien. Pero somos demasiados para que se
pueda estar en el campo», explica.
El caso de
Presevo ejemplifica los problemas que esta situación supone para los países por
los que transita la oleada migratoria. En esta localidad de apenas diez mil
habitantes, los vecinos se han visto desbordados por la situación. «Así
están las cosas. ¿Qué podemos hacer?», dice Velin Ljutvi, un vendedor de pollos
cuyo establecimiento está justo enfrente del campo.
«El único
problema es que arrojan basura por todas partes, y está todo sucio», se
queja, añadiendo que llegan hasta sesenta autobuses al día con recién llegados.
Sin embargo, la mayoría de los locales, nos asegura Ljutvi, trata de ayudarles
en lo que puede.
No es así en
todo el país. «El mes pasado, en la estación de autobuses de Vranje, vi cómo la
gente les ofrecía a los refugiados dinero serbio a una tasa de cambio realmente
abusiva, o les pedían auténticas fortunas por cargar el móvil o ponerles
saldo», denuncia Gorjan, un activista social de la vecina Macedonia.
«No habrá valla»
El ministro de
Exteriores serbio, Ivica Dacic, anunció la semana pasada que Serbia «no
construirá una valla en su frontera con Macedonia» igual que la que se prepara en Hungría, asegurando que no será necesario: debido a esta fortificación, «los
refugiados se dirigirán hacia Croacia y Bulgaria», afirmó.
El cambio de
política de las autoridades serbias ha relajado un poco la tensión sobre la
población. «Antes, si intentábamos ayudarles y les metíamos en nuestra casa,
podían acusarnos de tráfico de personas y encarcelarnos», dice Alexander,
propietario de un taxi. «Todavía ahora tenemos prohibido transportarles si
no tienen el permiso de tránsito, aunque hay algunos taxistas que lo hacen,
pidiéndoles mucho dinero», comenta. «Simplemente quitan el letrero de arriba
para que no se sepa que es un taxi, y los llevan al norte».
Fuente: ABC
