Un libro que cambiará tu forma de
ver las cosas
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Todos nos hemos
cruzado alguna vez con una persona discapacitada, o tenemos algún familiar o
amigo que lo es. Nadie duda de la ternura y el cariño que muestran estas
personas. No son pocos los que se preguntan cuál es su papel en el plan de Dios.
Hasta tal punto que la presencia de una persona con discapacidad mental, les
interpela o incluso les asusta. Así pensaba Arthur Powers de su personaje Yotán.
Ambos te conmoverán el corazón.
Ediciones Palabra ha publicado El
libro de Yotán, una obra de arte que te ayudará a entender el pensamiento
de Dios.
Yotán es un muchacho con discapacidad contemporáneo de
Jesucristo. Al morir su madre, vaga solo por las calles hasta que se une al
grupo de los seguidores de Jesús.
El relato nos transporta a
distintas escenas del Evangelio, cuyo colofón son la Pasión, Muerte y
Resurrección de Nuestro Señor. En el trascurso de la historia, el lector es
testigo y protagonista de lo que sucede a través de los ojos y la mente de
Yotán.
El manuscrito de El libro de Yotán estuvo acumulando
polvo durante 23 años en un cajón del escritorio del autor. La historia fue la
respuesta, al estilo de Dios, a sus inquietudes sobre el papel de las personas
con discapacidad en los planes divinos y el valor de los seres
humanos.
Con el tiempo, un día cayó en manos de una editorial, ganó un
premio y así se dio a conocer esta peculiar –y asombrosa– obra de ficción. Poco
después fue novela ganadora del Premio Tuscany de Ficción Católica
2012.
Es un libro que cambiará tu forma de ver las cosas. Para
haceros la boca agua, os dejamos una píldora adictiva de esta
historia.
"—Padre, ¿por qué me lo has enviado? —pregunta—.
Yotán.
¿Puedes escucharme?
Voz dulce. Te coge la barbilla con la mano. Dedos
fuertes. Encallecidos, ásperos. Te dan paz.
—Mírame.
Tus ojos se
encuentran con los suyos. Sus ojos ven dentro de ti, y hacen que te vuelvas
tímido.
—Llámame Jesús".
Yotán puede ser diferente, pero a
través de él llegamos a contemplar al mismo Jesús, y al propio Yotán,
no solo con los ojos, sino sobre todo con el corazón.
Fuente: Aleteia
