En
que trata cuán seguro camino es para los contemplativos no levantar el espíritu
a cosas altas si el Señor
no le levanta, y cómo ha de ser el medio para la más subida contemplación la Humanidad de Cristo. Dice de
un engaño en que ella estuvo un tiempo. Es muy provechoso este
capítulo. *
1.
Una cosa quiero decir, a mi parecer importante; si a vuestra merced (1) le
pareciere bien, servirá de aviso, que podría ser haberle menester; porque en
algunos libros (2) que están escritos de oración tratan que, aunque el alma no
puede por sí llegar a este estado, porque es todo obra sobrenatural que el
Señor obra en ella, que podrá ayudarse levantando el espíritu de todo lo criado
y subiéndole con humildad, después de muchos años que haya ido por la vida
purgativa, y aprovechando por la iluminativa (3).
No
sé yo bien por qué dicen "iluminativa"; entiendo que de los que van
aprovechando.
Y avisan mucho que aparten de sí toda imaginación corpórea y que
se lleguen a contemplar en la Divinidad; porque dicen que, aunque sea la
Humanidad de Cristo, a los que llegan ya tan adelante, que embaraza o impide a
la más perfecta contemplación.
Traen
lo que dijo el Señor a los Apóstoles (4) cuando la venida del Espíritu Santo
digo cuando subió a los cielos para este propósito. Paréceme a mí que si
tuvieran la fe, como la tuvieron después que vino el Espíritu Santo, de que era
Dios y hombre, no les impidiera, pues no se dijo esto a la Madre de Dios,
aunque le amaba más que todos (5).
Porque
les parece que como esta obra toda es espíritu (6), que cualquier cosa corpórea
la puede estorbar o impedir; y que considerarse en cuadrada manera (7), y que
está Dios de todas partes y verse engolfado en El, es lo que han de procurar.
Esto
bien me parece a mí, algunas veces; mas apartarse del todo de Cristo y que
entre en cuenta este divino Cuerpo con nuestras miserias ni con todo lo criado,
no lo puedo sufrir. Plega a Su Majestad que me sepa dar a entender.
2.
Yo no lo contradigo, porque son letrados y espirituales (8), y saben lo que
dicen, y por muchos caminos y vías lleva Dios las almas. Cómo ha llevado la mía
quiero yo ahora decir en lo demás no me entremeto y en el peligro en que me vi
por querer conformarme con lo que leía. Bien creo que quien llegare a tener
unión y no pasare adelante digo a arrobamientos y visiones y otras mercedes que
hace Dios a las almas, que tendrá lo dicho por lo mejor, como yo lo hacía; y si
me hubiera estado en ello, creo nunca hubiera llegado a lo que ahora, porque a
mi parecer es engaño. Ya puede ser yo sea la engañada; mas diré lo que me
acaeció.
3.
Como yo no tenía maestro y leía en estos libros, por donde poco a poco yo
pensaba entender algo (y después entendí que, si el Señor no me mostrara, yo
pudiera poco con los libros deprender (9), porque no era nada lo que entendía
hasta que Su Majestad por experiencia me lo daba a entender, ni sabía lo que
hacía), en comenzando a tener algo de oración sobrenatural, digo de quietud,
procuraba desviar toda cosa corpórea, aunque ir levantando el alma yo no osaba,
que, como era siempre tan ruin, veía que era atrevimiento. Mas parecíame sentir
la presencia de Dios, como es así, y procuraba estarme recogida con El; y es
oración sabrosa, si Dios allí ayuda, y el deleite mucho. Y como se ve aquella
ganancia y aquel gusto, ya no había quien me hiciese tornar a la Humanidad
(10), sino que, en hecho de verdad, me parecía me era impedimento.
¡Oh
Señor de mi alma y Bien mío, Jesucristo crucificado! No me acuerdo vez de esta
opinión que tuve, que no me da pena, y me parece que hice una gran traición,
aunque con ignorancia.
4.
Había sido yo tan devota toda mi vida de Cristo. Porque esto era ya a la postre
(digo a la postre de antes que el Señor me hiciese estas mercedes de
arrobamientos y visiones) (11), y en tanto extremo duró muy poco estar en esta
opinión. Y así siempre tornaba a mi costumbre de holgarme con este Señor, en
especial cuando comulgaba. Quisiera yo siempre traer delante de los ojos su
retrato e imagen, ya que no podía traerle tan esculpido en mi alma como yo
quisiera. ¿Es posible, Señor mío, que cupo en mi pensamiento ni una hora que
Vos me habíais de impedir para mayor bien? ¿De dónde me vinieron a mí todos los
bienes sino de Vos?
No
quiero pensar que en esto tuve culpa, porque me lastimo mucho, que cierto era
ignorancia; y así quisisteis Vos, por vuestra bondad, remediarla con darme
quien me sacase de este yerro, y después con que os viese yo tantas veces, como
adelante diré (12), para que más claro entendiese cuán grande era (13), y que
lo dijese a muchas personas que lo he dicho, y para que lo pusiese ahora aquí.
5.
Tengo para mí que la causa de no aprovechar más muchas almas y llegar a muy
gran libertad de espíritu, cuando llegan a tener oración de unión, es por esto. Paréceme
que hay dos razones en que puedo fundar mi razón, y quizá no digo nada, mas lo
que dijere helo visto por experiencia, que se hallaba muy mal mi alma hasta que
el Señor la dio luz; porque todos sus gozos eran a sorbos, y salida de allí, no
se hallaba con la compañía que después para los trabajos y tentaciones.
La
una es (14), que va un poco de poca humildad tan solapada y escondida, que no
se siente. Y ¿quién será el soberbio y miserable, como yo, que cuando hubiere
trabajado toda su vida con cuantas penitencias y oraciones y persecuciones se
pudieren imaginar, no se halle por muy rico y muy bien pagado, cuando le
consienta el Señor estar al pie de la Cruz con San Juan? (15) No sé en qué seso
cabe no se contentar con esto, sino en el mío que de todas maneras fue perdido
en lo que había de ganar.
6.
Pues si todas veces la condición o enfermedad, por ser penoso pensar en la
Pasión, no se sufre, ¿quién nos quita estar con El después de resucitado, pues
tan cerca le tenemos en el Sacramento, adonde ya está glorificado, y no le
miraremos tan fatigado y hecho pedazos, corriendo sangre, cansado por los
caminos, perseguido de los que hacía tanto bien, no creído de los Apóstoles?
(16) Porque, cierto, no todas veces hay quien sufra pensar en tantos trabajos
como pasó. Hele aquí sin pena, lleno de gloria, esforzando a los unos, animando
a los otros, antes que subiese a los cielos, compañero nuestro en el Santísimo
Sacramento, que no parece fue en su mano apartarse un momento de nosotros.
¡Y
que haya sido en la mía apartarme yo de Vos, Señor mío, por más serviros! Que
ya cuando os ofendía, no os conocía; ¡más que, conociéndoos, pensase ganar más
por este camino! ¡Oh, qué mal camino llevaba, Señor! Ya me parece iba sin
camino, si Vos no me tornarais a él, que en veros cabe mí, he visto todos los
bienes. No me ha venido trabajo que, mirándoos a Vos cuál estuvisteis delante
de los jueces, no se me haga bueno de sufrir. Con tan buen amigo presente, con
tan buen capitán que se puso en lo primero en el padecer, todo se puede sufrir:
es ayuda y da esfuerzo; nunca falta; es amigo verdadero. Y veo yo claro, y he
visto después, que para contentar a Dios y que nos haga grandes mercedes,
quiere sea por manos de esta Humanidad sacratísima, en quien dijo Su Majestad
se deleita (17). Muy muy muchas veces lo he visto por experiencia. Hámelo dicho
el Señor. He visto claro que por esta puerta hemos de entrar (18), si queremos
nos muestre la soberana Majestad grandes secretos.
7.
Así que vuestra merced, señor (19), no quiera otro camino, aunque esté en la
cumbre de contemplación; por aquí va seguro. Este Señor nuestro es por quien
nos vienen todos los bienes (20). El le enseñará. Mirando su vida, es el mejor
dechado. ¿Qué más queremos de un tan buen amigo al lado, que no nos dejará en
los trabajos y tribulaciones, como hacen los del mundo? Bienaventurado quien de
verdad le amare y siempre le trajere cabe sí. Miremos al glorioso San Pablo,
que no parece se le caía de la boca siempre Jesús, como quien le tenía bien en
el corazón. Yo he mirado con cuidado, después que esto he entendido, de algunos
santos, grandes contemplativos, y no iban por otro camino. San Francisco da
muestra de ello en las llagas; San Antonio de Padua, el Niño; San Bernardo se
deleitaba en la Humanidad; Santa Catalina de Sena... otros muchos que vuestra
merced (21) sabrá mejor que yo.
8.
Esto de apartarse de lo corpóreo, bueno debe ser, cierto, pues gente tan
espiritual lo dice; mas, a mi parecer, ha de ser estando el alma muy
aprovechada, porque hasta esto, está claro, se ha de buscar al Criador por las
criaturas (22). Todo es como la merced el Señor hace a cada alma; en eso no me
entremeto. Lo que querría dar a entender es que no ha de entrar en esta cuenta
la sacratísima Humanidad de Cristo. Y entiéndase bien este punto, que querría
saberme declarar.
9.
Cuando Dios quiere suspender todas las potencias, como en los modos de oración
que quedan dichos hemos visto (23), claro está que, aunque no queramos, se
quita esta presencia. Entonces vaya enhorabuena; dichosa tal pérdida que es
para gozar más de lo que nos parece se pierde; porque entonces se emplea el
alma toda en amar a quien el entendimiento ha trabajado conocer (24), y ama lo
que no comprendió, y goza de lo que no pudiera tan bien gozar si no fuera
perdiéndose a sí, para, como digo, más ganarse.
Más
que nosotros de maña y con cuidado nos acostumbremos a no procurar con todas
nuestras fuerzas traer delante siempre y pluguiese al Señor fuese siempre esta
sacratísima Humanidad, esto digo que no me parece bien y que es andar el alma
en el aire, como dicen; porque parece no trae arrimo, por mucho que le parece
anda llena de Dios. Es gran cosa, mientras vivimos y somos humanos, traerle
humano (25), que éste es el otro inconveniente que digo hay. El primero, ya
comencé a decir (26) es un poco de falta de humildad de quererse levantar el
alma hasta que el Señor la levante, y no contentarse con meditar cosa tan
preciosa, y querer ser María antes que haya trabajado con Marta. Cuando el
Señor quiere que lo sea, aunque sea desde el primer día, no hay que temer; mas
comidámonos nosotros, como ya creo otra vez he dicho. Esta motita de poca
humildad, aunque no parece es nada, para querer aprovechar en la contemplación
hace mucho daño.
10.
Tornando al segundo punto (27), nosotros no somos ángeles, sino tenemos cuerpo.
Querernos hacer ángeles estando en la tierra y tan en la tierra como yo estaba
es desatino, sino que ha menester tener arrimo el pensamiento para lo
ordinario. Ya que algunas veces el alma salga de sí o ande muchas tan llena de
Dios que no haya menester cosa criada para recogerla, esto no es tan ordinario,
que en negocios y persecuciones y trabajos, cuando no se puede tener tanta
quietud, y en tiempo de sequedades, es muy buen amigo Cristo, porque le miramos
Hombre y vémosle con flaquezas y trabajos, y es compañía y, habiendo costumbre,
es muy fácil hallarle cabe sí, aunque veces vendrán que lo uno ni lo otro se
pueda.
Para
esto es bien lo que ya he dicho: (28) no nos mostrar a procurar consolaciones
de espíritu; venga lo que viniere, abrazado con la cruz, es gran cosa. Desierto
quedó este Señor de toda consolación; solo le dejaron en los trabajos; no le
dejemos nosotros, que, para más sufrir, El nos dará mejor la mano que nuestra
diligencia, y se ausentará cuando viere que conviene y que quiere el Señor
sacar el alma de sí, como he dicho (29).
11.
Mucho contenta a Dios ver un alma que con humildad pone por tercero (30) a su
Hijo y le ama tanto, que aun queriendo Su Majestad subirle a muy gran
contemplación como tengo dicho (31), se conoce por indigno, diciendo con San
Pedro: Apartaos de mí, que soy hombre pecador (32).
Esto
he probado. De este arte ha llevado Dios mi alma. Otros irán como he dicho (33)
por otro atajo. Lo que yo he entendido es que todo este cimiento de la oración
va fundado en humildad y que mientras más se abaja un alma en la oración, más
la sube Dios (34). No me acuerdo haberme hecho merced muy señalada, de las que
adelante diré, que no sea estando deshecha de verme tan ruin. Y aun procuraba
Su Majestad darme a entender cosas para ayudarme a conocerme, que yo no las
supiera imaginar.
Tengo
para mí que cuando el alma hace de su parte algo para ayudarse en esta oración
de unión, que aunque luego luego parece la aprovecha, que como cosa no fundada
se tornará muy presto a caer; y he miedo que nunca llegará a la verdadera
pobreza de espíritu, que es no buscar consuelo ni gusto en la oración que los
de la tierra ya están dejados, sino consolación en los trabajos por amor de El
que siempre vivió en ellos, y estar en ellos y en las sequedades quieta. Aunque
algo se sienta, no para dar inquietud y la pena que a algunas personas, que, si
no están siempre trabajando con el entendimiento y con tener devoción, piensan
que va todo perdido, como si por su trabajo se mereciese tanto bien.
No
digo que no se procure y estén con cuidado delante de Dios; mas que si no
pudieren tener aun un buen pensamiento, como otra vez he dicho (35), que no se
maten; siervos sin provecho somos, ¿qué pensamos poder?
12.
Más quiere el Señor que conozcamos esto y andemos hechos asnillos para traer la
noria del agua que queda dicha (36), que, aunque cerrados los ojos y no
entendiendo lo que hacen, sacarán más que el hortelano con toda su diligencia.
Con libertad se ha de andar en este camino, puestos en las manos de Dios. Si Su
Majestad nos quisiere subir a ser de los de su cámara y secreto, ir de buena
gana; si no, servir en oficios bajos y no sentarnos en el mejor lugar (37),
como he dicho alguna vez. Dios tiene cuidado más que nosotros y sabe para lo
que es cada uno. ¿De qué sirve gobernarse a sí quien tiene dada ya toda su
voluntad a Dios?
A
mi parecer, muy menos se sufre (38) aquí que en el primer grado de la oración,
y mucho más daña. Son bienes sobrenatural (39). Si uno tiene mala voz, por
mucho que se esfuerce a cantar no se le hace buena; si Dios quiere dársela, no
ha él menester antes dar voces. Pues supliquemos siempre nos haga mercedes, rendida
el alma, aunque confiada de la grandeza de Dios. Pues para que esté a los pies
de Cristo la dan licencia, que procure no quitarse de allí (40), esté como
quiera; imite a la Magdalena, que de que esté fuerte, Dios la llevará al
desierto.
13.
Así que vuestra merced, hasta que halle quien tenga más experiencia que yo y lo
sepa mejor, estése en esto (41). Si son personas que comienzan a gustar de
Dios, no las crea, que les parece les aprovecha y gustan más ayudándose (42).
¡Oh, cuando Dios quiere, cómo viene al descubierto sin estas ayuditas!; que,
aunque más hagamos, arrebata el espíritu, como un gigante tomaría una paja, y
no basta resistencia. ¡Qué manera para creer que, cuando El quiere, espera a
que vuele el sapo por sí mismo! (43) Y aun más dificultoso y pesado me parece
levantarse nuestro espíritu, si Dios no le levanta; porque está cargado de
tierra y de mil impedimentos, y aprovéchale poco querer volar; que, aunque es
más su natural que del sapo, está ya tan metido en el cieno, que lo perdió por
su culpa.
14.
Pues quiero concluir con esto: que siempre que se piense de Cristo, nos
acordemos del amor con que nos hizo tantas mercedes y cuán grande nos le mostró
Dios en darnos tal prenda del que nos tiene; que amor saca amor. Y aunque sea
muy a los principios y nosotros muy ruines, procuremos ir mirando esto siempre
y despertándonos para amar; porque si una vez nos hace el Señor merced que se
nos imprima en el corazón este amor, sernos ha todo fácil y obraremos muy en
breve y muy sin trabajo. Dénosle Su Majestad pues sabe lo mucho que nos
conviene por el que El nos tuvo y por su glorioso Hijo, a quien tan a su costa
nos le mostró, amén (44).
15.
Una cosa querría preguntar a vuestra merced: cómo en comenzando el Señor a
hacer mercedes a un alma, tan subidas, como es ponerla en perfecta
contemplación, que de razón había de quedar perfecta del todo luego (de razón,
sí por cierto, porque quien tan gran merced recibe no había más de querer
consuelos de la tierra), pues ¿por qué en arrobamiento y en cuando está ya el
alma más habituada a recibir mercedes, parece que trae consigo los efectos tan
más subidos, y mientras más, más desasida, pues en un punto que el Señor llega
la puede dejar santificada, como después, andando el tiempo, la deja el mismo
Señor con perfección en las virtudes? (45).
Esto
quiero yo saber, que no lo sé. Mas bien sé es diferente lo que Dios deja de
fortaleza cuando al principio no dura más que cerrar y abrir los ojos y casi no
se siente sino en los efectos que deja, o cuando va más a la larga esta merced.
Y muchas veces paréceme a mí si es el no se disponer del todo luego el alma,
hasta que el Señor poco a poco la cría y la hace determinar y da fuerzas de
varón, para que dé del todo con todo en el suelo. Como lo hizo con la Magdalena
con brevedad (46), hácelo en otras personas, conforme a lo que ellas hacen en
dejar a Su Majestad hacer. No acabamos de creer que aun en esta vida da Dios
ciento por uno (47).
16.
También pensaba yo esta comparación: que puesto que sea todo uno lo que se da a
los que más adelante van que en el principio, es como un manjar que comen de él
muchas personas, y las que comen poquito, quédales sólo buen sabor por un rato;
las que más, ayuda a sustentar; las que comen mucho, da vida y fuerza; y tantas
veces se puede comer y tan cumplido de este manjar de vida, que ya no coman
cosa que les sepa bien sino él; porque ve el provecho que le hace, y tiene ya
tan hecho el gusto a esta suavidad, que querría más no vivir que haber de comer
otras cosas que no sean sino para quitar el buen sabor que el buen manjar dejó.
También
una compañía santa no hace su conversación tanto provecho de un día como de
muchos; y tantos pueden ser los que estemos con ella, que seamos como ella, si
nos favorece Dios. Y en fin, todo está en lo que Su Majestad quiere y a quien
quiere darlo; mas mucho va en determinarse, a quien ya comienza a recibir esta
merced, en desasirse de todo y tenerla en lo que es razón.
17.
También me parece que anda Su Majestad a probar quién le quiere, si no uno, si
no otro, descubriendo quién es con deleite tan soberano, por avivar la fe si
está muerta de lo que nos ha de dar, diciendo: "Mirad, que esto es una
gota del mar grandísimo de bienes", por no dejar nada por hacer con los
que ama, y como ve que le reciben, así da y se da (48). Quiere a quien le
quiere. Y ¡qué bien querido! Y ¡qué buen amigo!
¡Oh
Señor de mi alma, y quién tuviera palabras para dar a entender qué dais a los
que se fían de Vos, y qué pierden los que llegan a este estado, y se quedan
consigo mismos! No queréis Vos esto, Señor, pues más que esto hacéis Vos, que
os venís a una posada tan ruin como la mía. ¡Bendito seáis por siempre jamás!
18.Torno
a suplicar a vuestra merced (49) que estas cosas que he escrito de oración, si
las tratare con personas espirituales, lo sean. Porque si no saben más de un
camino o se han quedado en el medio, no podrán así atinar. Y hay algunas que
desde luego las lleva Dios por muy subido camino, y paréceles que así podrán
los otros aprovechar allí y quietar el entendimiento y no se aprovechar de
medios de cosas corpóreas, y quedarse han secos como un palo. Y algunos que
hayan tenido un poco de quietud, luego piensan que como tienen lo uno pueden
hacer lo otro; y en lugar de aprovechar, desaprovecharán, como he dicho (50).
Así que en todo es menester experiencia y discreción. El Señor nos la dé por su
bondad.
NOTAS CAPÍTULO 22
Capítulo
intermedio entre el tratadillo doctrinal de los grados de oración y el regreso
a la narración autobiográfica. En él se entrelazan dos temas: no forzar las
gracias místicas; no prescindir de la Humanidad de Cristo dentro de la vida
mística. El 1º ya ha sido tratado en el c. 12 (ver el título). El 2º lo tratará
más a fondo en las Moradas VI, c. 7. - Polemiza con libros y maestros
espirituales. Y empalma con el magisterio oral de la misma Santa (ver los nn. 4
y 8), en diálogo con el lector principal del escrito, P. García de Toledo (nn.
1. 7. 13. 15).
1 Dialoga con el
P. García de Toledo. Con reclamos intermitentes de su atención: nn. 7 y 13, y
final del capítulo.
2 Entre los
libros aludidos por la Santa están el "Tercer Abecedario" de F. de
Osuna, la "Subida del Monte Sión" de B. de Laredo, y más directamente
la "Via Spiritus" de Bernabé de Palma. Quizás también el
"Enquiridión o manual del caballero cristiano" de Erasmo, uno de
cuyos capítulos se titula: "Que todas las cosas visibles se deben tener en
poco, y que éstas son las que el Apóstol llama carne, y cómo conviene
levantarnos siempre a las invisibles" (c. 32). - Abundante documentación
sobre el tema puede verse en: TOMAS ALVAREZ, Jesucristo en la experiencia de
Santa Teresa, en "Monte Carmelo" 88, 1980, pp. 78-86. - Cf. además el
n. 3 de este capítulo.
3 Vida (o via)
purgativa... iluminativa: alusión aproximativa a la teoría tradicional de las
"tres vías o etapas de la vida espiritual". Cf. c. 20 nota 16.
4 Jn 16, 7:
"os conviene que yo me vaya, porque si no me voy, no os vendrá el
Paráclito".
5 Todo el pasaje
"Paréceme a mí... más que todos", fue añadido por la autora al margen
del autógrafo. Fray Luis lo introdujo en el texto con ciertos retoques (p. 255).
6 Cita textual
del libro de Bernabé de Palma: "esta obra es toda de espíritu",
"esta obra es toda espiritual" (Via spiritus III, c. 4).
7 Considerarse
en cuadrada manera: también es cita de la "Via Spiritus", cuyo c 4º
del tratado 3º, se titula: "Cómo nos habemos de haber en el pensar,
conforme a este tercero estado y cómo debemos cuadrar el entendimiento".
En Laredo pudo también leer la Santa el modo de "cuadrarse la inteligencia
sobre un abismo de gracias" (Subida, P. 3, c. 13). Más datos en el
artículo citado en nota 2, p. 85.
8 Opositores de
la tesis teresiana eran no sólo los libros sino algunos de sus
"letrados" asesores.
9 Cf. lo dicho
en el c. 12, 6 y 14, 7.
10 Tornar a
fundar mi oración en la Humanidad de Cristo.
11 Toda la
aclaración contenida en el paréntesis: "digo a la postre... y
visiones", fue añadida por la Santa al margen del autógrafo. - Fray Luis
la incluyó en el texto (p. 257). - Data aproximativa de ese hecho: iniciado ya
su estado de "unión mística" (c. 18: cuarta agua), y antes de que
comenzase su experiencia extática (c. 19-21). - A continuación había escrito
"duró muy poco estar en este error"; luego borró "error" y
escribió "opinión", por respeto a sus opositores.
12 En el c. 28 y
siguientes.
13 Es decir,
"cuán gran yerro era".
14 La una: es
decir, la primera de las dos razones que alega. La segunda aparecerá en los nn.
9-10.
15 Jn 19, 26.
16 Pasaje de
puntuación difícil. Adoptamos la de fray Luis (p. 259). El sentido es: pues si
nuestra condición no sufre que pensemos siempre en la Pasión, por ser penoso,
¿quién nos quita estar con El después de resucitado, pues tan cerca le tenemos
en el Sacramento..., adonde ya está glorificado, y (donde) no le miraremos
tan... hecho pedazos...; es decir, donde no nos veremos precisados a
contemplarle en forma tan penosa...
17 Alusión al
texto de Mt 3, 17.
18 Alusión a Jn
10, 9.
19 Se dirige a
García de Toledo. Antes le ha llamado "hijo" (16, ) y
"padre" (ib.). Ahora le da el título de "señor", que le
corresponde por ser hijo de los Condes de Oropesa. Ese título le da también en
su Epistolario (carta del 6.7.1567 a Don Alvaro de Mendoza).
20 Reminiscencia
bíblica: Heb 2, 10 y 2 Pe 1, 4.
21 Igual
referencia bíblica al texto de Sab 13, 5. - El sentido de la frase siguiente
es: "todo es según la merced que el Señor hace a cada alma". Repite
de intento la idea del n. 2.
22 Gracián anotó
en su ejemplar: "habla aquí con el P. García de Toledo".
23 Lo ha dicho
en la 4ª agua (cc. 19-21). Es lo que sucede en el éxtasis.
24 Ha trabajado
en conocer.
25 Traer arrimo
o apoyo humano. - A continuación: "comenzó a decir" la primera de
estas dos razones en el n. 5.
26 María / Marta
(Lc 10, 42), símbolo de las dos vidas, contemplativa y activa. Aquí: querer
ascender a la contemplación mística, sin haber trabajado en oración y virtudes.
27 El apuntado
en el n. 9.
28 En el c. 11,
13; y en c. 12, 3.
29 Dicho en el
n. 9: "sacar el alma de sí", en éxtasis.
30 Pone por
tercero: por mediador o intercesor.
31 Alude al
mismo n. 9.
32 Lc 5, 8.
33 En los nn. 2
y 8.
34 Alusión del
dicho evangélico: Lc 14, 11.
35 En el c. 11,
10. - Sigue la alusión a Lc 17, 10.
36 En el c. 14.
Regresa a la imagen del "riego del huerto". La frase tiene sentido
figurado, y se basa en la tarea del asnillo que da vueltas a la noria con los
ojos vendados y sin saber lo que hace. La tarea del asnillo son los actos de
humildad; los esfuerzos del hortelano es el discurrir del entendimiento.
"Más quiere Dios" lo primero que lo segundo.
37 Dos alusiones
bíblicas: "la cámara secreta" alude al Cantar de los Cantares 1, 3;
la elección de lugar, repite la consigna de Jesús en Lc 14, 10.
38 Muy menos se
sufre: mucho menos se permite o tolera.
39 Sobrenatural:
así escribe la Santa, como en otros pasajes. Fray Luis trascribió: "bienes
sobrenaturales" (p. 266). Cf. c. 12 nota 11.
40 Lc 10, 39. La
frase siguiente alude a la leyenda de Santa María Magdalena, que la Autora leyó
en el Flos Sanctorum.
41 Estése en
esto: aténgase a esto, o manténgase en la contemplación de la Humanidad de
Cristo.
42 Ayudándose:
aquí tiene sentido técnico: intentando "levantar el espíritu" a cosas
sobrenaturales (a la experiencia mística). Ironiza enseguida, al decir que Dios
no necesita de nuestras "ayuditas" para darnos su gracia.
43 Ironiza de
nuevo con la imagen del "sapo que intenta volar". Imagen tomada de
los libros que ella está combatiendo. En la "Via Spiritus" (III, c.
4) se lee: "más lejos son de nos las cosas divinas para propiamente
entenderlas, que el volar del águila de la torpeza del sapo".
44 El sentido de
la frase: "Dénosle (ese amor) Su Majestad... por su glorioso Hijo a (= en)
quien tan a su costa nos mostró ese amor". Quizás la preposición
"a" sea redundante. O bien, la frase sea elíptica: denos ese amor
"a nosotros" a quienes etc...". Fray Luis enmendó todo el
período (p. 267).
45 El sentido de
la pregunta que la Santa hace a García de Toledo queda oscuro por culpa de los
incisos que truncan el período. Su problema es: por qué esas grandes gracias
místicas no dejan al alma "santificada", como llegará a estar
"después, andando el tiempo". El mismo problema había aflorado ya en
el c. 11, 1.
46 La Santa
tiene la convicción de que la Magdalena pasó rápidamente de la vida de pecadora
al amor perfecto. Lo mismo -piensa ella- que ocurrió a San Pablo. Cf. Camino
40, 3.
47 Lc 18, 29-30,
y Mc 10, 29-30.
48 Es decir:
"conforme ve le reciben, así da y se da".
49 De nuevo
dialoga con García de Toledo. El consejo que le da implica una cierta
desconfianza de los maestros espirituales que tercian en la polémica del
capítulo.
50 En el n. 5.
Fuente: Mercaba
