El mal, dice, hay que alejarlo de casa: "Si lo pones a la puerta, si te descuidas, a la mínima, se te mete para dentro"
Este lunes, el diario El Mundo publicó
una entrevista con Juan José Gallego, exorcista en la diócesis
de Barcelona, doctor en Teología por la Universidad de Santo
Tomás de Aquino (Roma) y licenciado en Filosofía y Letras por
la Universidad de Barcelona.
El sacerdote afirma que no tiene contados el
número de exorcismos que ha practicado: "De lunes a viernes tengo cinco
entrevistas cada día de casos o posibles casos. Así desde hace nueve años
ya... El 50% de los que vienen tiene un problema de salud
mental".Yoga
Según su experiencia, cuando el demonio se manifiesta los
poseídos "pierden el conocimiento, hablan lenguas extrañas, tienen una fuerza
desorbitada, malestar profundo, ves a señoras educadísimas vomitando,
blasfemando".
"Donde está sentado usted", le dice don Juan José
a su entrevistador, "un muchacho al que por la noche el demonio le quemaba la
camisa y cosas de esas, me decía lo que le proponían los demonios: ´Si
haces un pacto con nosotros, no te va a pasar nada más de lo que te está
pasando´".
Cuando le preguntan por su caso "más terrorífico"
habla de una señora ecuatoriana: "Me llamó su marido y me dijo que cuando ella
veía algún signo religioso perdía el conocimiento y caía al suelo... Llegué con
retraso a la cita. Cuando lo hice, ella estaba en el suelo, inconsciente, se
había caído a la puerta de un convento. Tenía un nene de tres años. Entré aquí,
cogí el agua bendita, me puse la estola, aquello fue impresionante... Se
arrastraba por el suelo como una culebra. Le echaba agua bendita y se retorcía.
Le quemaba. El niño trató de acercarse a su madre y ella le quiso
atacar. Tuvimos que coger al niño. Entonces fue a por mí... Recuerdo
otro caso: un chico de 16 años sin estudios poseído por el demonio. Me dijo en
un latín perfectísimo: ´Te ordeno que no vuelvas a rezar ningún
Padrenuestro´".
En algunos exorcismos el demonio se ríe "con risas
sarcásticas" porque "es un amargado total", afirma el
exorcista, quien reconoce que su oficio es "bastante desagradable": "Al
principio tenía mucho miedo. No hacía más que mirar para atrás y en todas partes
veía demonios... Mire, el otro día estaba haciendo un exorcismo. ´¡Te mando! ¡Te
ordeno!´... Y el Maligno, con una voz tremenda, me soltó: ´Galleeeego,
te estás passsaaaando´. Temblé".
El padre Gallego aplica la
prudencia en su labor pastoral: "Tengo que esforzarme por no ser muy
crédulo. La certeza total de que alguien está poseído no la he tenido
nunca". Y avisa, como ha hecho en otras ocasiones, de que el reiki y el yoga
"pueden ser" puertas de entrada del demonio: "Puede meterse un poco por ahí". El
mal, dice, hay que alejarlo de casa: "Si lo pones a la puerta, si te descuidas,
a la mínima, se te mete para dentro".
En cuanto al pecado que más
le gusta al Maligno, lo tiene claro: "La soberbia".
