Queridos hermanos y
amigos,
Mañana hacemos cuatro
meses desde que llegamos a San José. Podríamos decir que nuestra vida aquí está
bastante asentada, después del estresante aterrizaje. Echando la mirada para
atrás, los primeros tres meses han sido muy difíciles para los niños, y por
ende, para nosotros también. Es tanto lo que han dejado atrás, que se les ha
hecho muy cuesta arriba. Si lo miramos por el lado positivo, nos alegra ver lo
tan increíblemente arraigados que están a su familia y a sus amigos de Madrid,
a pesar de ser tan pequeños.
Un reto constante, que no si n muchas
equivocaciones hemos tenido que afrontar. Peleas, tensiones y falta de alegría,
hasta el punto de sentir que en lugar de estar siendo testimonio misionero, la
situación nos conducía al anti testimonio. Sin embargo, sabíamos que era
cuestión de tiempo, y la paciencia nos ha dado la razón. Gracias a Dios, la paz
y la tranquilidad han vuelto a nuestro hogar. Los niños se han integrado muy
bien en el colegio, y desde muy pronto han hecho nuevos amigos. Poco a poco
ellos también van haciendo suya la misión, y por consiguiente entendiendo que
Dios tiene un plan para ellos aquí también.
Sabemos que lo que han
dejado atrás está siendo recompensado con creces por la experiencia misionera
que están teniendo. En el lado humano, nos alegra incluso haberles sacado de su
pequeña burbuja de confort. Han tenido que salir de sí mismos para adaptarse a
nueva cultura y volver a hacer amigos. Salir del cascarón siempre duele un
poquito, pero a la larga trae consigo muchas cosas buenas.
Durante este tiempo de
revolución se han dado muchas conversaciones preciosas con ellos, que nos han
hecho ahondar en nuestra relación con cada uno y nos ha ayudado a reafirmar
ciertos valores. Hemos experimentado como las tensiones, cuando se afrontan
desde la perspectiva de la fe, se convierten en “creadoras”. Sin duda, las
grandes tensiones nos ponen al límite, y nos empujan a equivocarnos, y a veces
mucho, pero también nos ayudan a crecer y autoeducarnos, y nos hacen madurar.
Uno de los puntos
cuestionados por los niños durante este tiempo, en plena crisis de todo, ha
sido el típico “por qué ellos tienen y yo no”. Nosotros pensábamos que el
traerles aquí de misiones, les iba a hacer entender más fácil ciertas actitudes
ante la vida. Sin embargo, nos habíamos olvidado por un momento, que nuestros
hijos, por venir aquí no dejan de ser niños, y de plantearse las cosas normales
de los niños. En torno a esta pregunta se dio una de esas conversaciones
profundas de las que hablábamos antes.
Después de varias
semanas experimentando cómo parte de su actitud retadora se traducía en un
permanente inconformismo, y al “nada es suficiente”, comenzaron a cuestionar
una y otra vez el por qué sus amigos y tales personas tenían esto y lo otro y
ellos no. La gota que colmó el vaso fue la pregunta de “por qué mis amigos
tienen móvil y yo no” que fue repetida por nuestro hijo mayor hasta la
saciedad, durante varios días.
Os podréis imaginar que la primera contestación
no fue muy pedagógica, sobre todo en el contexto de rebelión antes mencionado.
Por nosotros corría un sentimiento frustrante: “¿Un móvil? ¿A los 9 años? ¿Nos
hemos vuelto locos?” Resulta que en España nunca tuvieron esta actitud
inconformista tan exagerada y nuestro aterrizaje aquí, ¡en lugar de ayudar en
este sentido provoca el efecto contrario! Sin embargo, pasada la tosca
contestación de “porque no lo necesitas” y tras la insistencia, se dio
espontáneamente un diálogo que terminó por ser muy constructivo.
Vamos a
intentar reproducirlo de la mejor manera posible:
·
Papá, mamá, ¿por qué yo
no puedo tener móvil si todos mis amigos tienen?
·
Dado,
sí, podrías tener móvil, pero con 9 años no lo necesitas. Veo que últimamente
te preguntas muchas veces por lo que no tienes, pero deberías fijarte más en lo
que sí tienes, y en lo afortunados que somos. Hay muchas personas que pasan
necesidad. Y sí, podríamos tener un coche mejor, alquilar una casa con jardín o
piscina, y otras tantas cosas más, pero entonces ya no nos quedaría nada para
ayudar a los más necesitados.
·
Pero entonces, ¿tener
todas estas cosas está mal?
·
No,
no… no está mal… Tener muchas cosas no está ni bien ni mal, eso depende de cómo
se utilicen y de la misión de cada uno.
·
No entiendo.
·
A
ver… Por un lado, depende de si lo que tienes lo retienes sólo para ti o si
también lo utilizas para ayudar a los demás. Además, cada uno tiene una misión
distinta y debe utilizar lo que posee para cumplirla. Por ejemplo, a nosotros
Dios nos ha dado una misión en Costa Rica, y por eso utilizamos nuestro dinero
para llevarla a cabo.
·
Entonces, ¿tener móvil
no es malo no???
·
Depende…
¿lo necesitas para cumplir tu misión? Hoy no, mañana quizás sí…
·
¿Y la PlayStation?
·
Tampoco,
pero si compramos esto, lo otro, y lo otro, ¿que nos va a quedar para los
demás? ¡Cuánta gente pasa hambre! ¡Cuánta miseria hay a nuestro alrededor! Tú
lo has visto Dado. Tú la has experimentado en muchos lugares. ¿Te acuerdas en
Etiopía cuando Airen nos invitó a su casa? ¿La que estaba en aquella barriada
cerca de un río?
·
¡Sí, ese rio que olía
fatal!
· Efectivamente,
aquel río putrefacto lleno de basura que me recordaba mucho a otros ríos que
vimos en India. ¿Y las casas cómo eran?
·
Sin
embargo, la familia compartió con nosotros lo poco que tenía.
·
Sí
·
¿Te
acuerdas cómo conocimos a Airen? Era la niña que pedía en la puerta del
supermercado cada día. Nos hicimos amigos suyos y la invitamos a cenar. En
agradecimiento ella nos quiso llevar a su casa. ¡Fíjate que espíritu de
gratitud! Durante aquella cena pasó algo que quizás tú no te acuerdas, pero que
a nosotros nunca se nos olvidará… Tú lloraste por el dolor de tripa que te
había provocado lo mucho que habías comido. Menos mal que Airen no te entendió.
Te garantizo que el dolor de tripa por la falta de comida es muchísimo peor, y
ten por seguro que esa familia no comía todos los días.
·
En
cualquier caso, no hay que irse a Etiopía para darse de bruces con la pobreza.
¿Te acuerdas de Juan, nuestro amigo que estaba siempre pidiendo en su silla de
ruedas a la puerta del súper de la esquina de nuestra casa en Madrid? Y de
Paloma, la drogadicta que cada día pedía en el semáforo… Y de Abdou, nuestro
amigo senegalés que se alimentaba a base de natillas… ¡Cuánta necesidad!
·
Y
a nosotros, sin embargo, no nos falta nada... Lo recibido entonces, ¿Dios nos
lo ha dado sólo para nosotros o también para que lo compartamos?
· Para que lo compartamos.
·
¿Tú
qué prefieres entonces, tener muchas más cosas o ayudar a otras personas?
·
Ayudar a otras personas.
·
¿Y
vosotros Lorenzo y Olivia?
·
Ayudar a otras personas
(Vic también estaba de acuerdo)
·
Nosotros
queremos que nuestro estilo de vida sea coherente y respetuoso con esta
realidad. ¿Y vosotros?
·
También
·
Entonces
a partir de ahora ya no solo es nuestra elección sino también la vuestra.
El asunto ha quedado
zanjado, al menos por ahora.
Otras muchas cosas
buenas han pasado en este tiempo, entre ellas nuestra participación en el
Fortalecimiento Matrimonial, la visita de los Jensen para un taller de amor y
sexualidad, o y la visita de mi madre y hermana (Edu) y la “Baby shower” que me
organizaron con tantísimo cariño (Rosa).
Por otro lado, nuestro
trabajo misionero comienza a concretarse y se abren grandes campos de trabajo,
sin embargo, no nos gustaría alargarnos con la crónica, así que dejamos todas
estas cosas para el mes que viene. Con cariño desde nuestro Santuario Hogar.
Rosa y Edu
