Dios da muchas veces en un instante lo que negó largo tiempo. También da algunas veces al fin de la oración lo que dilató desde el principio
Capítulo XII: Debe disponerse con
gran diligencia el que ha de recibir a Cristo.
JESUCRISTO:
1 Yo soy amante de la
pureza, y dador de toda santidad. Yo busco un corazón puro, y allí es el lugar,
de mi descanso. Prepárame una sala grande y adornada, y celebraré contigo la
pascua con mis discípulos. Si quieres que venga a ti y me quede contigo, arroja
de ti la levadura vieja, y limpia la morada de tu corazón. Desecha de ti todo
el mundo, y todo el ruido de los vicios; siéntate como pájaro solitario en el
tejado, y piensa en tus excesos con amargura de tu alma. Pues cualquier persona
que ama, dispone a su amado el mejor y más aliñado lugar: porque en esto se
conoce el amor del que hospeda al amado.
2.
Pero sábete que no puedes alcanzar esta
preparación con el mérito de tus obras, aunque te preparases un año entero y no
pensases en otra cosa. Mas por sola mi piedad y gracia se te permite llegar a
mi mesa; como si un rico convidase e hiciese comer con el a un pobre mendigo
que no tuviese otra cosa para pagar este beneficio sino humildad y
agradecimiento. Haz lo que este de tu parte, y hazlo con mucha diligencia, no
por costumbre, sino por necesidad; sino con temor, no por costumbre, ni por
necesidad; sino con temor, reverencia y amor recibe el cuerpo de Jesucristo, tu
amado Dios y Señor que se digna venir a ti. Yo soy el que te llame y mande que
vinieses, yo supliré lo que te falta; ven y recíbeme.
3. Cuando yo te concedo
afectos de devoción, da gracias a tu Dios, no porque eres digno, sino porque
tuve misericordia de ti. Si no sientes devoción, y te hayas muy seco, persevera
en la oración,gime, llama y no ceses hasta que merezcas recibir una migaja, o
una gota de gracia saludable; Tú me necesitas a Mí; yo no necesito de ti. Ni tú
vienes a santificarme a Mí; sino que yo vengo a santificarte y mejorarte. Tú
vienes para que seas por Mí santificado y unido conmigo, para que recibas nueva
gracia, y te enfervorices de nuevo para la enmienda. No desprecies esta gracia,
mas bien prepara con toda diligencia tu corazón, y recibe dentro de ti a tu
amado.
4. Pero conviene que no
solo procures la devoción antes de comulgar, sino que también la conserves con
cuidado después de recibido el Sacramento. Ni es menos necesario después el
recogimiento y vigilancia, que lo es antes la devota preparación; porque el
cuidado que después se tiene, es la mejor disposición para recibir nuevamente
mayor gracia. Y al contrario, se indispone para ella el que luego se entrega
con exceso a las complacencias exteriores. Guárdate de hablar mucho, recógete a
algún lugar secreto, y goza de tu Dios; pues tienes al que no te puede quitar
todo el mundo. Yo soy a quien te debes entregar sin reserva, de manera que ya
no vivas en ti, sino en Mí sin cuidado alguno.
Capítulo XIII: Cómo el alma devota
debe desear con todo su corazón unirse a Cristo en el Sacramento.
ALMA:
1. ¿Quién me dará, Señor,
que te halle solo para abrirte todo mi corazón, y gozarte como mi alma desea, y
que ya ninguno me desprecie, ni criatura alguna me mueva u ocupe mi atención;
sino que Tú solo me hables, y yo a Ti, como se hablan dos que mutuamente se aman,
o como se regocijan dos amigos entre sí? Lo que pido, lo que deseo, es unirme a
Ti enteramente, desviar mi corazón de todas las cosas criadas, y aprender a
gustar las celestiales y eternas por medio de la sagrada Comunión y frecuente
celebración. ¡Ay Dios mío,! ¿Cuando estaré absorto y enteramente unido a Ti,
del todo olvidado de mí? ¿Cuándo me concederás estar Tú en mí, y yo en Ti; y
permanecer así unidos eternamente?
2. En verdad Tú eres mi
amado escogido entre millares, con quien mi alma desea estar todos los días de
su vida. Tú eres verdaderamente el autor de mi paz; en Ti esta la suma
tranquilidad y el verdadero descanso; fuera de Ti todo es trabajo, dolor y
miseria infinita. Verdaderamente eres Tú el Dios escondido que no comunicas a
los malos, sino que tu conversación es con los humildes y sencillos. ¡Oh Señor,
cuán suave es tu espíritu, pues para manifestar tu dulzura para con tus hijos,
te dignaste mantenerlos con el pan suavísimo bajando del cielo! Verdaderamente
no hay otra nación tan grande, que tenga dioses que tanto se le acerquen, como
Tú, Dios nuestro, te acercas a todos tus fieles, a quienes te das para que te
coman y disfruten, y así perciban un continuo consuelo, y levanten su corazón a
los cielos.
3. Porque ¿dónde hay
gente alguna tan ilustre como el pueblo cristiano? O ¿qué criatura hay debajo
del cielo tan amada, como el alma devota, a quien se comunica Dios para
apacentarla con su gloriosa carne? ¡Oh inefable gracia! ¡Oh maravillosa
dignación! ¡Oh amor sin medida, singularmente reservado para el hombre! Pues
¿qué daré yo al Señor por esta gracia, por esta caridad tan grande? No hay cosa
más agradable que yo le pueda dar, que mi corazón todo entero, para que este
unido con el íntimamente. Entonces se alegrarán todas mis entrañas, cuando mi
alma estuviere perfectamente unida a Dios. Entonces me dirá. SI Tú quieres
estar conmigo, yo quiero estar contigo. Y yo le
responderé: Dígnate, Señor, quedarte conmigo, pues yo quiero de buena gana
estar contigo. Este es todo mi deseo: que mi corazón este contigo unido.
Capítulo XIV: Del ansia con que
algunos devotos desean el cuerpo de Cristo.
EL ALMA:
1. Oh Señor, ¡cuán grande
es la abundancia de tu dulzura, que reservaste para los que te temen! Cuando me
acuerdo, Señor, de algunos devotos que se llegan a tu Sacramento con dignísima
devoción y afecto, me confundo muchas veces, y me avergüenzo de mí mismo al ver
que llego tan tibio y tan frío a tu altar, y a la mesa de la sagrada comunión.
Que me quedo tan seco, y sin dulzura de corazón; que no estoy todo encendido
delante de Ti, Dios mío, ni tan vehementemente atraído y poseído de amor, como
otros muchos devotos, que por el gran deseo de comulgar, y por el amor sensible
de su corazón, no pudieron detener las lágrimas. Sino que con la boca del
corazón y del cuerpo anhelaban afectuosamente a Ti, Dios mío, fuente viva, no
pudiendo templar ni hartar su hambre de otro modo, sino recibiendo tu cuerpo
con indecible regocijo y ansia espiritual.
2. ¡Oh verdadera y
ardiente fe la suya, prueba manifiesta de tu sagrada presencia en este
Sacramento! Estos son verdaderamente los que conocen a su Señor en el partir
del pan; pues su corazón arde en ellos tan vivamente, porque Jesús anda en su
compañía. Lejos está de mi muchas veces semejante afecto y devoción, tan grande
amor y fervor. Buen Jesús, séme propicio, dulce y benigno, y concede a este tu
pobre mendigo siquiera alguna vez sentir en la santa Comunión un poco de afecto
entrañable de tu amor, para que mi fe se fortalezca, crezca la esperanza en tu
bondad, y la caridad una vez perfectamente encendida y experimentada del maná
celestial, nunca desfallezca. Poderosa es, pues, tu misericordia para
concederme gracia tan deseada, y visitarme clementísimamente con este espíritu
de fervor el día que tuvieres por bien. Y aunque no me hallo inflamado del gran
deseo de tus especiales devotos, quiero a lo menos con tu gracia tener tan
fervoroso deseo; y pido y deseo ser participante de los que tan fervorosamente
te aman, y ser contado en su número.
Capítulo XV: Que la devoción se
alcanza con la humildad y abnegación de sí mismo.
JESUCRISTO:
1. Debes buscar con
diligencia la gracia de la devoción, pedirla con instancia, esperarla con
paciencia y confianza, recibirla con gratitud, guardarla con humildad, obrar
solícitamente con ella, y dejar a Dios el tiempo y el modo en que se digne
visitarte. Te debes humillar en especial cuando sientes interiormente poca o
ninguna devoción; mas no te abatas demasiado, ni te entristezcas
desordenadamente. Dios da muchas veces en un instante lo que negó largo tiempo.
También da algunas veces al fin de la oración lo que dilató desde el principio.
2. Si siempre se nos
diese la gracia sin dilación, y a medida de nuestro deseo no podría abrazarla
bien el hombre flaco. Por eso la debes esperar con segura confianza y humilde
paciencia; y cuando no te es concedida, o te fuere quitada secretamente, echa
la culpa a ti mismo y a tus pecados. Algunas veces es bien pequeña cosa la que
impide y esconde la gracia, si es
que debe llamar poco y no mucho lo que tanto bien estorba. Mas si aquello poco
o mucho apartares, y perfectamente vencieres, tendrás lo que suplicaste.
3. Porque luego que te
entregares a Dios de todo tu corazón, y no buscares cosa alguna por tu propio
gusto, sino que del todo te pusieres en sus manos, te hallarás recogido y
sosegado; porque nada te agrada. Cualquiera, pues, que levantarse su intención
a Dios con sencillo corazón, y se despojare de todo amor u odio desordenado de
cualquier cosa criada, estará muy bien dispuesto para recibir la divina gracia,
y se hará digno del don de la devoción. Porque el Señor echa su bendición,
donde halla los vasos vacíos. Y cuanto más perfectamente renunciare alguno las
cosas bajas, y estuviere muerto a sí mismo por su propio desprecio, tanto más
presto viene la gracia, más copiosamente entra, y más alto levanta el corazón
ya libre.
4. Entonces verá y
abundará, y se maravillará, y se dilatará su corazón; por que la mano del Señor
está con él, y él se puso enteramente en sus manos para siempre. De esta manera
será bendito el hombre que busca a Dios con todo su corazón, y no ha recibido
su alma en vano. Este, cuando recibe la santa Comunión, merece la singular
gracia de la unión divina; porque no mira a su propia devoción y consuelo, sino
sobre todo a la gloria y honra de Dios.
Fuente: Encuentra
