Reconciliar un país que ha sido machacado a golpe de hacha no es fácil
Si hablar de
reconciliación en cualquier país de África es arduo, mucho más en uno de los más
castigados por la violencia en los últimos años: la República Democrática del
Congo.
Precisamente, en los últimos días, la organización católica Ayuda a la
Iglesia Necesitada denunciaba la existencia de campos de entrenamiento
yihadistas para niños y niñas en la parte oriental del país. Una bomba que si no
se desactiva, augura un futuro muy difícil para el centro del
continente.
Son varias las decisiones que este gran país, el Congo, tiene
que tomar. Hemos entrevistado a Raoul Kienge-Kienge Intudi, director del Centro
de Criminología y Patología Social en Facultad de Derecho de la la Universidad
de Kinshasa.
Kienge-Kienge también es Presidente del Centro Africano de
Formación y Acción Social y experto de la red de Aleteia.
-
Reconciliad el país. El Papa les ha pedido mucho, a los obispos.
Sí,
y es su deber. El ejercicio de la triple misión de los obispos va a ayudar a
reconciliar el país. Por una parte, a reconciliar a los congoleses con Dios, y
por la otra, a reconciliar a la población con sus dirigentes. Los obispos tienen
que santificar administrando los sacramentos, predicar con la Palabra de Dios y
gobernar al pueblo de Dios.
El trabajo de los obispos y sacerdotes
ayudará a los fieles a trabajar, cada cual en su terreno, con más de amor y
caridad, con un espíritu de servicio hacia los otros, en vista del bien
común.
- Parece como si la justicia no fuera un concepto a tener en
cuenta.
Es preciso que se asegure un espíritu de justicia,
asegurando que los talentos se ponen al servicio de la colectividad. Ha habido
fallos a nivel eclesial que pueden ser consecuencia de un desarrollo de un
materialismo exacerbado. Corrupción, desvío de fondos públicos, agravación de
formas de egoísmo e injusticia social, fraude… Son las estructuras de pecado,
incapaces de realizar un pleno desarrollo humano integral, incapaces de respetar
la dignidad de las personas.
Es al trabajo de los obispos que vamos a
atribuir la organización de la sociedad, sobre la base de las virtudes
cristianas de la justicia y la caridad, con el respeto por la dignidad de los
derechos civiles, políticos, socioeconómicos y culturales de todos, nacionales y
extranjeros.
- ¿Predican con el ejemplo?
Es preciso, en
este contexto, que para reconciliar al país los obispos sean pastores
ejemplares, y que lleven una vida auténticamente cristiana y coherente con las
enseñanzas de Cristo.
Estamos hablando de una nueva manera de gobernar,
marcada no por intereses personales sino por el bien común, arreglar carreteras,
hospitales, escuelas, universidades, crear empleo juvenil.
- Los
recursos están mal repartidos.
Y sin esto, la violencia estalla.
Sobre todo por parte de las víctimas de la mala repartición de los recursos
nacionales. Las formas más violentas y mortíferas de la fractura social son las
guerras que se van repitiendo en nuestro territorio.
Las guerras en el
Congo son de hecho una manera de acceder, con el recurso de las armas, a los
recursos nacionales de este gigantesco país mal distribuido.
- ¿Y qué
dicen y hacen los laicos en este Congo fragmentado?
Los laicos, bien
formados, tienen que revificar cristianamente la sociedad congoleña desde el
inerior.
Tienen que hacer valer su competencia profesional al servicio de
los otros, también de las administraciones públicas.
Hay camino por
hacer. Es curioso constatar que cuando se necesita una persona íntegra a la
cabeza de una estructura política, como una Comisión Electoral Independiente, se
recurre a un sacerdote, como si no hubiera fieles laicos íntegros y
honestos.
Fuente: Aleteia
