El
teólogo responde: los vínculos terrenos se vuelven a encontrar, pero en una
dimensión distinta, ligada a Cristo
Una lectora nuestra
nos pide: "¿Volveré a ver en el cielo a mi hijo no nacido? Cuando un día estemos
en la "comunión eterna de los cielos" donde no habrá vínculos terrenos (mujer,
marido, hijos, etc.) y gozaremos sólo de la presencia de Dios, ¿cómo podrá una
mamá ya no serlo, no sentir la necesidad de “volver a abrazar” a sus hijos
(quizás un hijo perdido, no nacido), el marido? ¿Será
posible?”.
¿Qué pasa en el cielo?
Giovanni
Ancona, profesor de Teología Dogmática y decano de la Facultad de Teología en la
Pontificia Università Urbaniana responde a la pregunta, partiendo “de una bonita
interpretación del Cielo”, hecha por un autor contemporáneo, J.B. Russell, el
cual, en su libro sobre la historia del paraíso, afirma:
"El cielo es la
comunidad de aquellos a los que Dios ama y que aman a Dios. Nosotros conservamos
nuestra peculiar personalidad, pero unidos en una caridad perfecta, pues en el
abrazo misericordioso de Dios todos aman a todos […]. En el cielo veremos todo
nuestro amor, y la gracia y la paz se transmitirán a todos y a través de todos,
y todo esto se realizará en cada uno, de modo que el amor de cada uno sea
completo y se extienda perfectamente a todos. La mutua unión de los hombres en
Cristo no es sólo en el cielo: es el cielo".
El autor, explicó a Aleteia
el prof. Ancona,– más allá de cuando se pueda decir de una realidad que va más
allá de nosotros mismos – sostiene, ante todo y correctamente, “la idea de que
en el Cielo cada uno de nosotros conserva su propia personalidad. La fe
cristiana, de hecho, comprende la resurrección de cada hombre como plenitud de
la propia vida y en la unidad de su ser, que le identifica personalmente, en
relación con la resurrección de Jesucristo”.
Se recuperan los
vínculos terrenales
Dicho en palabras más sencillas, “la
resurrección comporta para el hombre la recuperación de toda su vida, de su
historia de relaciones, de vínculos; la resurrección es la completa maduración
en el cuerpo de Cristo de toda la historia personal de cada uno. Se trata así de
una condición transfigurada, por tanto no comparable a la condición histórica
terrenal”.
Por esto Jesús “afirma que las relaciones en el Cielo no
pueden ser equiparadas a las terrenas. Esto no significa, sin embargo, que no
volveremos a encontrar nuestros vínculos”.
“Precisamente porque la
resurrección nos coloca en el cielo, que es el mismo Dios, allí volveremos a
encontrar todas las relaciones (parentales, afectivas, etc.) que han constituido
nuestra historia de personas. Un hijo no nacido es siempre parte de la historia
de una madre, por tanto lo volverá a encontrar en una relación totalmente nueva,
en unión a Cristo y a los demás hermanos en la fe (el amor mutuo en Cristo que
es el cielo)”.
Fuente: Aleteia
