Antes de realizar una confesión,
primero hay que tener conciencia de lo que vamos a decir
Como bien sabemos, y ya lo hemos explicado en artículos anteriores: la confesión
es el Sacramento de la Reconciliación. Antes de realizar una confesión, primero
hay que tener conciencia de lo que vamos a decir, hay que hacer un esfuerzo en
recordar todos esos pecados cometidos tanto voluntarios como involuntariamente
en nuestra vida (examen de conciencia).
Hay que hacer como una
recapitulación de nuestras vidas, a la luz de la Palabra de Dios, a la luz de
los mandamientos del Amor de Dios, y no solo las que ocurrieron después
de la última confesión, sino también, aquellos que no logramos decir por causa
de omisión u olvido.
A continuación te presentamos 8 buenos
consejos que nos dejó un gran Santo de de Dios: San Francisco de Sales.
Espero que puedan ayudarte:
1.- Confiésate devota y
humildemente cada ocho días: Aunque la conciencia no te acuse de ningún
pecado mortal; de esta manera, en la confesión, no sólo recibirás la absolución
de los pecados veniales que confieses, sino también una gran fuerza para
evitarlos en adelante...
2.- Ten siempre un verdadero disgusto
por los pecados confesados: Por muy pequeños que sean, haz un firme
propósito de enmendarte en adelante. Muchos confiesan los pecados veniales por
costumbre y como por cumplimiento, sin pensar para nada en su enmienda, por lo
que andan, durante toda su vida, bajo el peso de los mismos, y, de esta manera,
pierden muchos bienes y muchas ventajas espirituales...
3.- No
hagas acusaciones superfluas, que muchos hacen por rutina: Evita decir:
«No he amado a Dios como debía»; «no he rezado con la debida devoción»; «no he
amado al prójimo cual conviene»; «no he recibido los sacramentos con la
reverencia que se requiere», y otras cosas parecidas... diciendo esto, no le das
un detalle a tu confesor del estado de tu conciencia... Examináte en las cosas
específicas de la que hayas de acusarte, y, cuando las hayas descubierto,
acúsate de ellas, con sencillez e ingenuidad: «he visto un pobre necesitado, y
no lo he socorrido como podía»
4.- No te limites a decir los
pecados veniales en cuanto al hecho; antes bien, acúsate del motivo que
te ha inducido a cometerlos.
5.- No te contentes con decir que
has mentido sin dañar a nadie: di si lo has hecho por vanagloria, para
excusarte o alabarte, en broma o por terquedad.
6.- Di si te has
dejado llevar del placer en la conversación, y así de otras cosas. Di
si has caído muchas veces en esta falta, pues la duración acrecienta el pecado,
porque es mucha la diferencia entre una vanidad pasajera, que aquella que ha
recreado en nuestro corazón, durante algún tiempo.
7.- Conviene
decir el hecho, el motivo y la duración de los pecados, pues los que
quieren purificar bien sus almas, para llegar más fácilmente a la santa
devoción, han de ser muy diligentes en dar a conocer al médico espiritual el
mal, por pequeño que sea, del cual desean ser curados.
8.- No
cambies fácilmente de confesor, sino, una vez hayas elegido uno,
continua dándole cuenta de conciencia, los días destinados a ello, confesándole
ingenua y francamente los pecados que hubieres cometido, y, de vez en cuando,
por ejemplo cada mes, o cada dos meses, dale también cuenta del estado de tus
inclinaciones...
"La confesión y la contrición son tan bellas y de tan
buen olor, que borran la fealdad y disipan el hedor del pecado" (San Francisco
de Sales)
San Francisco de Sales, (1608). Introducción a la vida
devota, De la santa confesión (Capítulo XIX)
Artículo
originalmente publicado por pildorasdefe.net
