TRATADO DE LA VERDADERA DEVOCIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN - CAPÍTULO III

San Luis María Grignion de Montfort muestra la perfecta consagración a Jesucristo

3º Comportamiento de los predestinados.

196. He aquí el comportamiento ordinario de los predestinados: permanecen asiduamente en casa con su madre, es decir, aman el retiro, gustan de la vida interior, se aplican a la oración, a ejemplo y en compañía de su Madre, la Sma. Virgen, cuya gloria está en el interior, y que durante su vida amó tanto el retiro y la oración.

Ciertamente, de vez en cuando, aparecen en público, pero por obediencia a la voluntad de Dios y a la de su querida Madre y a fin de cumplir los deberes de su estado. Y aunque en el exterior realicen aparentemente cosas grandes, estiman mucho más las que adelantan en el interior de sí mismos en compañía de la Sma. Virgen. En efecto allí van realizando la obra importantísima de su perfección, en comparación de la cual las demás obras no son sino juego de niños.

Por eso, algunas veces, mientras sus hermanos y hermanas trabajan fuera con gran empeño, habilidad y éxito, cosechando la alabanza y aprobación del mundo ellos conocen por la luz del Espíritu Santo que se disfruta de mayor gloria, provecho y alegría en vivir escondidos en el retiro con Jesucristo, su modelo, en total y perfecta sumisión a su madre, que en realizar por sí solos maravillas de naturaleza y gracia en el mundo, a semejanza de tantos Esaús y réprobos que hay en él.

"En su casa habrá riquezas y abundancia". Sí, en la casa de María se encuentra abundancia de gloria para Dios y de riquezas para los hombres.

Señor Jesus, ¡cuán amables son tus moradas!. El pajarillo encontró casa para albergarse y tórtola nido para colocar sus polluelos. ¡Oh! ¡Cuán dichosos el hombre que habita en la casa de María! ¡Tú fuiste el primero en habitar en Ella! En esta morada de predestinados el cristiano recibe ayuda de ti sólo y dispone en su corazón las subidas y escalones de todas las virtudes para elevarse a la perfección durante su peregrinar terreno.

197. 2) los predestinados aman con filial afecto y honran efectivamente a la Sma. Virgen como a su cariñosa Madre y Señora. La aman no solo de palabra, sino de hecho. La honran no sólo exteriormente, sino en el fondo del corazón. Evitan, como Jacob, cuanto pueda desagradarle y practican con fervor todo lo que creen puede granjearles su benevolencia. Le llevan y entregan no ya dos cabritos, como Jacob a Rebeca, sino lo que representan los dos cabritos de Jacob, es decir, su cuerpo y su alma, con todo cuanto de ellos depende, PARA QUE ELLA:

a) los reciba como cosa suya.

b) les mate y haga morir al pecado y a sí mismos, desollándolos y despojándolos de su propia piel y egoísmo, para agradar por este medio a su Hijo Jesús, que no acepta por amigos y discípulos sino a los que están muertos a sí mismos.

c) los aderece al gusto del Padre Celestial y a su mayor gloria, que Ella conoce mejor que nadie;

d) con sus cuidados e intercesión disponga este cuerpo y esta alma, bien purificados de toda mancha, bien muertos, desollados y aderezados, como manjar delicado digno de la boca y bendición del Padre Celestial.

¿No es esto acaso lo que harán los predestinados que aceptarán y vivirán la perfecta consagración a Jesucristo por manos de María, que aquí les enseñamos para que testifiquen a Jesús y a María, un amor intrépido y efectivo? Los réprobos protestan, muchas veces, que aman a Jesús, que aman y honran a María, pero no lo demuestran con la entrega de sí mismos, ni llegan a inmolarles el cuerpo y el alma con sus pasiones, como los predestinados;

198. 3) éstos sumisos y obedientes a la Sma. Virgen, como a su cariñosa Madre, a ejemplo de Jesucristo, quien de treinta y tres años que vivió sobre la tierra, empleó treinta en glorificar a Dios, su Padre, mediante una perfecta y total sumisión a su Sma. Madre. La obedecen, siguiendo exactamente, sus consejos, como el humilde Jacob los de Rebeca cuando le dijo: "Sigue mi consejo! o como los sirvientes de las bodas de Caná a quienes dijo la Sma. Virgen: "Hagan todo lo que El les mande!

Jacob, por haber obedecido a su madre, recibió como por milagro la bendición, aunque naturalmente no podía recibirla. Los servidores de las bodas de Caná, por haber seguido el consejo de la Sma. Virgen, fueron honrados con el primer milagro de Jesucristo, que convirtió el agua en vino a petición de su bendita Madre.

Asimismo, todos los que hasta el fin de los siglos reciban la bendición del Padre Celestial y sean honrados con las maravillas de Dios, sólo recibirán estas gracias como consecuencia de su perfecta obediencia a María. Los Esaús, al contrario, pierden su bendición por falta de sumisión a la Sma. Virgen;

199. 4) los predestinados tienen gran confianza en la bondad y poder de María, su bondadosa Madre. Reclaman sin cesar su socorro. La miran como su estrella polar, para llegar a buen puerto. Le manifiestan sus penas y necesidades con toda la sinceridad del corazón.

Se acogen a los pechos de su misericordia y dulzura, para obtener por su intercesión el perdón de sus pecados o saborear en medio de las penas y desalientos sus dulzuras maternales. Se arrojan, esconden y pierden de manera maravillosa en su seno amoroso y virginal, para ser allí inflamados en amor puro, ser allí purificados de las menores manchas y encontrar allí plenamente a Jesucristo que reside en María como en su trono más glorioso.

¡Oh! ¡Qué felicidad! "No creas dice el abad Guerrico que sea mayor felicidad habitar en el seno de Abraham que en el de María, dado que el Señor puso en éste su trono".

Los réprobos, por el contrario, ponen toda su confianza en sí mismos. Al igual que el hijo pródigo se alimentan solamente de lo que comen los cerdos, se nutren solamente de tierra, a semejanza de los sapos, y a la par de los mundanos sólo aman las cosas visibles y exteriores. No pueden gustar las dulzuras maternales del seno de María ni experimentar apoyo y confianza seguros en la Sma. Virgen, su bondadosa Madre. Quieren hambrear miserablemente por las cosas de fuera dice San Gregorio porque no quieren saborear la dulzura preparada dentro de sí mismo y en el interior de Jesús y María;

200. 5) finalmente, los predestinados siguen el ejemplo de la Sma. Virgen, su tierna Madre. Es decir, la imitan y, por esto, son verdaderamente dichosos y devotos y llevan la señal infalible de su predestinación, como se lo anuncia su cariñosa Madre: "Dichosos los que siguen mis caminos", es decir, quienes con el auxilio de la gracia divina practican mis virtudes y caminan sobre las huellas de mi vida.

Sí, dichosos durante su vida terrena, por la abundancia de gracias y dulzuras que les comunico de mi plenitud y más abundantemente que a aquellos que no me imitan tan de cerca.

Dichosos en su muerte, que es dulce y tranquila y a la que ordinariamente asisto, para conducirlos a los goces de la eternidad.

Dichosos, finalmente, en la eternidad, porque jamás se ha perdido ninguno de mis fieles servidores que haya imitado mis virtudes durante su vida.

Los réprobos, por el contrario, son desgraciados durante su vida, en la muerte y por la eternidad, porque no imitan las virtudes de la Sma. Virgen y se contentan con ingresar en sus cofradías, rezar en su honor algunas oraciones o practicar alguna otra devoción exterior.

¡Oh Virgen Santísima"! ¡Bondadosa Madre mía!

¡Cuán felices son,
lo repito en el arrebato de mi corazón
cuán felices son quienes
sin dejarse seducir por una falsa devoción,
siguen fielmente tus caminos
observando tus consejos y mandatos!
pero, ¡ay de aquellos que,
abusando de tu devoción,
no guardan los mandamientos de tu Hijo!

¡infelices los que se apartan de tus mandatos!

Fuente: Mercabá