Durante
el Angelus el Papa hace un llamamiento por los atentados en Pakistán
El Papa
Francisco, después de la oración del ángelus de este domingo 15 de marzo, ha
rezado por las víctimas de los ataques a dos iglesias en Pakistán y ha advertido
que el mundo trata de esconder la persecución contra los
cristianos.
Palabras del Papa tras la
oración del ángelus:
Queridos hermanos y hermanas,
Con dolor, con
mucho dolor he tomado la noticia de dos atentados terroristas de hoy, contra dos iglesias en
la ciudad de Lahore en Pakistán, que han provocado numerosos
muertos y heridos. Son iglesias cristianas. Los cristianos son perseguidos.
Nuestros hermanos vierten la sangre solamente porque son
cristianos.
Mientras aseguro mi oración por las víctimas y sus
familias, pido al Señor, imploro al Señor, fuente de todo bien, el don de la paz
y la concordia en ese país. Y que esta persecución contra los
cristianos, que el mundo trata de esconder, termine, y haya
paz.
Dirijo un cordial saludo a vosotros fieles de Roma y a vosotros
venidos de tantas partes del mundo. Saludo los peregrinos de Granada y de
Málaga, España; como también los de Mannehei, Alemania. Saludo a los grupos
parroquiales procedente de Perugia, Pordeone, Pavia, de San Giuseppe all’Aurelio
en Roma y de la diócesis de Piacenza-Bobbio. Dirijo un pensamiento especial a
los chicos de Serravalle Scrivia, de Rosolina y de Verdellino- Zingonia que se
preparan para recibir la Cuaresma; a los de la diócesis de Lodi y del decanato
Romana-Vittoria de Milán que hacen en Roma la “promesa” de seguir a Jesús.
Saludos también a los monaguillos de Besana en Brianza. Se les ve allí, con el
cartel, os saludo. Saludo a los distintos grupos de voluntariado que,
unidos en el compromiso de solidaridad, participan en la manifestación “Juntos
por el bien común”.
Estoy cerca de la población de
Vanuatu, en el Océano Pacífico, golpeada por un fuerte ciclón. Rezo por
los difuntos, por los heridos y por los sin techo. Doy las gracias a los que se
han activado enseguida para llevar ayuda.
A todos deseo un feliz domingo.
Por favor no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta
pronto!
Palabras
del Papa para introducir el Ángelus
Queridos hermanos y hermanas,
buenos días.
el Evangelio de hoy nos propone las palabras dirigidas por Jesús
a Nicodemo: “Dios, amó tanto al mundo, que dio a su Hijo unigénito” (Jn 3, 16).
Escuchando esta palabra, dirigimos la mirada de nuestro corazón a Jesús
Crucificado y sentimos dentro de nosotros que Dios nos ama, nos ama de verdad, y
¡nos ama mucho! Esta es la expresión más sencilla que resumen todo el Evangelio,
toda la fe, toda la teología: Dios nos ama con amor gratuito y sin límites. Así
nos ama Dios.
Este amor Dios lo demuestra sobre todo en la creación, como
proclama la liturgia, en la Oración eucarística IV: “Has dado origen al universo
para infundir tu amor sobre todas tus criaturas y alegrarlas con el esplendor de
tu luz”. Al origen del mundo está solo el amor libre y gratuito del Padre. San
Ireneo, un santo de los primeros siglos, escribió: “Dios no creó a Adán
porque necesitara del hombre, sino para tener alguno a quien donar sus
beneficios” (Adversus haereses, IV, 14, 1). Así, el amor de
Dios es así.
Así prosigue la Oración eucarística IV: “Y cuando por
desobediencia perdió tu amistad, no lo abandonaste al poder de la muerte, sino
que, compadecido, tendiste la mano a todos, para que te encuentre el que te
busca”.
Ha venido con su misericordia. Como en la creación, también en
las etapas sucesivas de la historia de la salvación resalta la gratuidad del
amor de Dios: el Señor elige a su pueblo no porque se lo merezca, y le dice así,
“yo te he elegido precisamente porque eres el más pequeño entre todos los
pueblos”. Y cuando vino “la plenitud del tiempo”, no obstante los hombres
hubieron incumpliodo más de una vez la alienza, Dios, en vez de abandonarles, ha
estrechado con ellos un nuevo vínculo, en la sangre de Jesús --el vínculo de la
nueva y eterna alianza-- un vínculo que nada podrá romper nunca.
San
Pablo nos recuerda: “Pero Dios, que es rico en misericordia -no
olvidarlo nunca, es rico en misericordia-- por el gran amor con que nos amó,
precisamente cuando estábamos muertos a causa de nuestros pecados, nos
hizo revivir con Cristo” (Ef 2,4). La Cruz de Cristo es la prueba
suprema del amor de Dios por nosotros: Jesús no ha amado “hasta el extremo” (Jn
13,1), es decir, no solo hasta el último instante de su vida terrena, sino hasta
el extremo límite del amor. Si en la creación el Padre nos ha dado la prueba de
su amor inmenso dándonos la vida, en la Pasión de su Hijo nos ha dado la prueba
de las pruebas: ha venido a sufrir y morir por nosotros. Y esto por amor. Así de
grande es la misericordia de Dios, porque nos ama, nos perdona con su
misericordia, Dios perdona todo y Dios perdona siempre.
María,
Madre de misericordia, nos ponga en el corazón la certeza de que somos amados
por Dios. Esté cerca de nosotros en los momentos de dificultad y nos done los
sentimientos de su Hijo, para que nuestro itinerario cuaresmal sea experiencia
del perdón, de acogida y de caridad.
Fuente: Zenit
