La familia no es
modelo anticuado y los católicos deberían defenderla no solo de las estructuras
de pecado hostiles a ella que han puesto en tela de juicio a la familia
tradicional y muchas veces la destruyen, señaló el Relator General del Sínodo de
los Obispos, Cardenal Peter Erdo en su “Relatio ante disceptationem”.
El Purpurado dividió este documento -que introduce los trabajos del Sínodo-,
en cuatro partes: El Evangelio de la Familia en el Contexto de la Nueva
Evangelización, el Evangelio de la familia y la pastoral familiar, las
situaciones pastorales difíciles, y la familia y el Evangelio de la vida.
El Arzobispo de Budapest (Hungría) también compartió con los periodistas que
la renovación de la metodología del sínodo recae también en el hecho de que ya
se está elaborando “la relación posterior a la discusión, sobre la base de las
intervenciones escritas de los padres sinodales, aunque todavía tenemos que
considerar lo que sale del debate”.
Por su parte, el Secretario General del Sínodo, Mons. Bruno Forte, explicó a
los periodistas que “el sínodo de los obispos había madurado en el curso de los
años”. Añadió que “como los más importantes temas del Concilio Vaticano II
fueron discutidos en el intermedio de las sesiones, las no formales, espero que
las resultados más importantes del sínodo de los obispos lleguen de las
discusiones libres, que el Papa Francisco quiere que sean francas”.
El texto, leído por el Cardenal Erdo, ha dado también algunos de los temas a
ser tratados durante estas dos semanas.
Educación
El documento indica que “la familia ciertamente hoy encuentra muchas
dificultades; pero no es un modelo anticuado, es más, entre los jóvenes en
general se constata un nuevo deseo de familia”.
De acuerdo con el Cardenal “entre los cristianos católicos la sustancia de la
enseñanza del Nuevo Testamento y del Catecismo de la Iglesia Católica sobre el
matrimonio parece
ser bastante conocida. Sin embargo, los aspectos específicos de la doctrina y
del Magisterio de la Iglesia acerca del matrimonio y la familia no siempre son
suficientemente conocidos entre los fieles”.
En ese sentido, subrayó muchas veces la necesidad de una educación más
integral en la enseñanza católica, haciéndose eco de las observaciones del
"Documento de trabajo del sínodo de los obispos”. “Resulta especialmente útil
ofrecer a los pastores de las comunidades locales líneas directrices claras para
ayudar a cuantos viven en situaciones difíciles”, agrega el documento.
Asimismo, alerta a las comunidades locales para que eviten “las
improvisaciones de una ‘pastoral casera’, que acaba por hacer más difícil que se
acepte del Evangelio de la familia”.
El documento también señala que “es preciso acompañar a los novios prometidos
hacia una clara conciencia de lo que es el matrimonio en el designio del
Creador, alianza que entre los bautizados tiene siempre la dignidad
sacramental”.
La misericordia no se anula con la verdad
Dado que “el tema de la misericordia está cada vez más en primer plano como
un punto de vista importante en el anuncio del Evangelio”, la relación subrayó
que la misericordia “no elimina la verdad y no la relativiza, sino que lleva a
interpretarla correctamente en el marco de la jerarquía de las verdades”.
“La misericordia, por tanto, tampoco anula los compromisos que nacen de las
exigencias del vínculo matrimonial. Éstos siguen subsistiendo incluso cuando el
amor humano se ha debilitado o ha cesado”, señala el texto.
Divorciados en nueva unión, cohabitación y matrimonios
civiles
Además, el documento aborda situaciones como la cohabitación, los matrimonios
civiles, así como los divorciados en nueva unión.
Las dos primeras, indicó, representan una nueva dimensión de cuidado pastoral
y “la Iglesia no puede no reconocer incluso en situaciones a primera vista
alejadas de criterios que respondan al Evangelio, una oportunidad para acompañar
a las personas, a fin de que lleguen a una decisión consciente, verdadera y
justa acerca de su relación”.
En lo que concierne a los divorciados en nueva unión, el documento indica que
la respuesta a estas cuestiones muestra que este tema tiene diferentes matices
en diversas partes del mundo, pero que no ponen en tela de juicio “la palabra de
Cristo y la verdad de la indisolubilidad del matrimonio, ni tampoco considerar
que ya no estén en vigor”.
“Los divorciados vueltos a casar civilmente pertenecen a la Iglesia” y tienen
derecho a recibir el cuidado de sus pastores, afirmó el Cardenal. “De aquí la
necesidad de tener al menos en cada Iglesia particular un sacerdote, debidamente
preparado, que pueda previa y gratuitamente aconsejar a las partes sobre la
validez de su matrimonio”, añadió.
“En efecto, muchos esposos no son conscientes de los criterios de validez del
matrimonio y menos aún de la posibilidad de la invalidez. Después del divorcio,
hay que llevar a cabo esta verificación, en un contexto de diálogo pastoral
sobre las causas del fracaso del matrimonio anterior, individuando posibles
causas de nulidad. Al mismo tiempo, evitando la apariencia de un simple
cumplimiento burocrático o de intereses económicos. Si se realiza todo esto con
seriedad y buscando la verdad, la declaración de nulidad producirá una
liberación de las conciencias de las partes”, indicó.
Las instancias de una “mentalidad del divorcio” en la celebración del
Sacramento del matrimonio hace creer que muchos matrimonio celebrados en la
Iglesia podrían ser inválidos.
“Para verificar la posible nulidad del vínculo de manera eficaz y ágil”,
indicó, muchos sienten que los procedimientos necesitan ser revisados. Para ello
el Papa Francisco nombró una comisión especial que reforme el proceso de nulidad
de matrimonios.
Homosexualidad
El documento también aborda el tema de la homosexualidad y señala que hay “un
amplio consenso respecto al hecho que las personas de tendencia homosexual no
deben ser discriminadas”, pero al mismo tiempo indica emerge “con igual claridad
que de parte de la mayoría de los bautizados —y de la totalidad de las
Conferencias episcopales— no se espera una equiparación de estas relaciones con
el matrimonio entre hombre y mujer”.
“Tampoco las formas ideológicas de las teorías de género cosechan consenso
entre la gran mayoría de los católicos”, añade.
“Muchos quieren, en cambio, superar los tradicionales roles sociales,
condicionados culturalmente, y la discriminación de las mujeres, que sigue
presente, sin negar con esto la diferencia natural y criatural entre los sexos y
su reciprocidad y complementariedad”.
El Evangelio de la vida
En conclusión, la relación señala la importancia del Evangelio de la vida. Es
decir la apertura a la vida no ajena al amor conyugal. “El amor esponsal, y más
en general la relación, nunca debe construirse como un círculo cerrado”, además,
“la acogida de la vida no se puede pensar como limitada únicamente a la
concepción y al nacimiento. Se completa en la educación de los hijos, en el
sostén que se ofrece a su crecimiento”.
El documento también recuerda que “la acogida de la vida, el asumirse
responsabilidades en orden a la generación de la vida y al cuidado que ésta
requiere, sólo es posible si la familia no se concibe como un fragmento aislado,
sino que se percibe insertada en una trama de relaciones”.
En ese sentido, la Iglesia está llamada a proclamar y ser testigo de la
dignidad suprema la persona humana, “en ese sentido, es preciso cuidar de modo
particular la educación de la afectividad y de la sexualidad”.
Para ello, la relación apunta a la necesidad de proponer nuevamente el
mensaje de Pablo VI en su encíclica Humanae
Vitae sobre el control de la natalidad.
Conclusión
Finalmente, el texto concluye que el reto del Sínodo es “proponer de nuevo al
mundo de hoy, en ciertos aspectos tan similar al de los primeros tiempos de la
Iglesia, el atractivo del mensaje cristiano respecto al matrimonio y la familia,
subrayando la alegría que dan, pero al mismo tiempo dar respuestas verdaderas e
impregnadas de caridad a los numerosos problemas que especialmente hoy tocan la
existencia de la familia. Poniendo de relieve que la auténtica libertad moral no consiste en hacer
lo que se siente, no vive sólo de emociones, sino que se realiza solamente
adquiriendo el verdadero bien”.
“En concreto se nos pide ante todo ponernos al lado de nuestros hermanas y
hermanos con el espíritu del buen Samaritano: estar atentos a su vida, en
particular estar cerca de aquellos a los que la vida ha ‘herido’ y esperan una
palabra de esperanza, que nosotros sabemos que sólo Cristo puede darnos. El
mundo necesita a Cristo. El mundo también nos necesita a nosotros, porque
pertenecemos a Cristo”, concluyó.
Fuente: ACIPRENSA

