OMPRESS-SIERRA LEONA. El misionero javeriano
Luis Pérez escribía este 4 de octubre a sus hermanos de congregación desde
Sierra Leona, donde la epidemia del ébola sigue preocupando a todos.
“Desde la última vez que os mandé noticias la realidad
de país no ha cambiado mucho, se podría decir que está estabilizada en unos
niveles más bien altos de afectados y muertos; el distrito de Bombali, donde
está Makeni, es ahora uno de los más afectados, aunque ahora el número de
muertos se ha reducido un poco. Como distrito
está aislado, no se puede entrar ni salir sin un permiso especial que no es
fácil de conseguir.
Los más afectados son el personal sanitario, en los
tres países más afectados han muerto unos 375 entre médicos, enfermeras,
asistentes sanitarios, de ellos 112 en Sierra Leona. También se estima que en
los tres países ya hay más de 3.700 huérfanos por causa del ébola, con el
agravante, cosa que no es usual en África, que quedan casi abandonados por ser
estigmatizados por el miedo a la enfermedad.
Ha estado aquí, para cubrir la noticia del Hospital de
la Cruz Roja, nuestro amigo el periodista Vicente Romero y su Hijo Miguel que
también es periodista, después de terminar su trabajo han venido a visitarnos a
Makeni, donde estamos tres españoles, se han interesado por nosotros, nuestro
trabajo, la gente con la que trabajamos, la situación del distrito, y
conoceréis noticias a través de ellos, han estado tan agradables y
profesionales como siempre, y, para mí, ha sido un placer volver a ver a
Vicente después de muchos años y conocer a su hijo. Comimos juntos aquí en casa
con los agustinos españoles José Luis y René que están en una misión cercana a
Makeni.
Por lo que respecta a la salud, los ánimos y la
actividad; la salud va bien, ya tengo todas las medicinas que necesito –algunas
ya no las tomaba por haberse terminado- me han llegado unas por correo desde
Madrid y otras me las ha traído Vicente Romero. Los ánimos siguen discretamente
bien, aunque pareciendo que la cosa se hace larga están un poco más apagados,
pero poco, poco; el trabajo sigue bajo mínimos, yo, entre otras cosas, paseo un
poco casi todos los días y encuentro a unos y a otras, se habla un poco, lo
malo que el tema es monocorde, ya os suponéis cual es: el ébola, los
detectados, dados de alta o muertos del día anterior en la ciudad y en el
distrito, se aprovecha para animar a la esperanza, a la prudencia y a la ayuda
recíproca y sobre todo con los afectados y sus familias, aunque el miedo hace
que poco se realice… Por lo tanto, aquí seguimos, recordarnos, rezad por nosotros
y, sobre todo, por la gente y tratemos de poner buena cara al mal tiempo para
que no nos vaya peor.
Con la muerte del Hermano Doctor Manuel muchos os
habéis puesto en contacto conmigo, a todos-as os lo agradezco, como a todos los
que os interesáis por nosotros, a cada uno no puedo escribiros, espero tengáis
la amabilidad de aceptar estas letras como para cada uno-a que es como estáis
en mi afecto y recuerdo. Lo de Manuel ha sido otra tragedia inesperada, el
Hospital había pasado con anterioridad un período peor: centenares de
pacientes, decenas de internados, afectados, infectados, varios muertos; había
sido cerrado, puesto en cuarentena, desinfectado, fumigado…, unos días antes de
los del hermano había sido abierto para emergencias: ni consultas normales, ni
operaciones, ni ingresos, parece que atendió a tres o cuatro personas y operó a
una (todo dentro de la emergencia) y en ello le fue la vida.
Tenía que haberse marchado a España para controles
médicos a primeros de septiembre, pero prefirió retrasar el viaje dada la
situación general y del hospital. En estos dos últimos meses yo le había
encontrado cuatro veces y en una me contaba con una gran alegría el que ya
habían pasado los 21 días desde que murió una de las enfermeras que era
asistente suya, que esos días se le habían hecho meses pero, que gracias a
Dios, estaba bien y no había contraído el ébola… ¿quién iba a decir lo que
pasaría tres semanas después? Ha sido una gran pérdida como persona amigable y
como médico competente, intuitivo, con ojo clínico (nunca mejor dicho), sin
horario, el horario lo marcaba la llegada del enfermo, la necesidad de una
operación urgente, por la mañana, al medio día, por la tarde y por la noche; de
modales acogedores, tranquilos, sonrientes, pacientes; todos lo hemos sentido
mucho y la gente también, a este hospital viene gente de toda Sierra Leona, ¡En
fin!, murió como vivió y ahora seguro que estará contento viviendo en comunión
con el que siempre amó y sirvió, seguro que lo que menos le gusta, siendo como
era, es lo del ‘ETERNO DESCANSO’.
Con mis mejores deseos de bien, recordándoos en el
efecto y la oración, os saludo hasta la próxima”.
