El número de católicos coreanos se ha multiplicado por diez en las últimas
décadas
El Papa Francisco visitará Corea del 14 al
18 de agosto para encontrarse con la juventud católica de Asia, reunida
en torno al tema Juventud de Asia, ¡despierta! ¡La gloria de los mártires
brilla sobre ti!, así como para fortalecer en la fe a la Iglesia de Corea.
El 18 de agosto celebrará una misa en Seúl para la beatificación de 124
mártires coreanos asesinados por odio a la fe entre 1791 y
1888.
La agencia informativa de las Misiones Extranjeras de París
Églises d’Asie propone a sus lectores sumergirse en la historia del
nacimiento de la Iglesia en Corea para entender cómo este país situado en el
corazón del noreste de Asia se ha hecho en parte cristiano, y la Iglesia
católica cuente hoy con algo más del 10% de los 50 millones de
surcoreanos, mientras que los protestantes alcanzan casi el 20% de la
población del país.
El autor
del texto es monseñor René Dupont, miembro de la Sociedad de
Misiones Extranjeras de París desde 1953 y primer obispo de Andong, diócesis
erigida en 1969. Obispo a los 39 años de edad, dirigió esta diócesis hasta
octubre de 1990, fecha a partir de la cual las 16 diócesis de la Iglesia
en Corea del Sur (15 diócesis más una diócesis en el ejército) se
confiaron a obispos locales. Misionero atento a las realidades sociales y
políticas de su país de adopción, monseñor Dupont vive en Andong.
Este es su
escrito.
Monseñor René Dupont, sobre la
Iglesia en Corea
Monseñor René Dupont en 1982.
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¡Gente valiente que acoge la fe cristiana
espontáneamente por sí misma! ¡Una vez bautizados, bautizan comunidades,
también por sí mismos, después buscan sacerdotes para que se ocupen de estas
comunidades! Así es la increíble y maravillosa historia del nacimiento
de la Iglesia en Corea.
San Pablo no había previsto esto cuando
explicaba, en su epístola a los romanos, que para creer en la Buena Nueva
primero era necesario haberla escuchado, y que no se la podía escuchar
si un misionero no había sido primero enviado a
proclamarla.
En China: sabios... y
sacerdotes
Todo empezó hace unos 220 años, en una época
cercana a la de la Revolución francesa. Corea era entonces vasalla de
China. En la corte del emperador, China acogía a europeos, especialistas en
ciencias de la época, es decir, en geografía, astronomía, matemáticas,… que
a la vez eran especialistas en religión, porque eran sacerdotes
católicos.
Mientras el gobierno coreano cerraba herméticamente
todas las puertas al exterior, jóvenes intelectuales coreanos, entusiastas de
ideas nuevas y deseosos de servir a su país, se pasaban secretamente
libros chinos, algunos de ellos cristianos, como los escritos dos siglos antes
por el padre Matteo Ricci y sus compañeros jesuitas.
Es cierto
que tenían algunas ideas políticas detrás, pero como tampoco se trataba de
hablar públicamente de ellos, pensaban que en primer lugar tenían que
formarse.
Un tal Hong Yu-han, por ejemplo, que nunca
recibió el bautismo, leyó varios libros cristianos ¡y desde el principio
le conquistaron! Hasta el punto de tomar, por su cuenta, hábitos de
oración; incluso celebraba, a su manera, una vez a la semana un “día del Señor”
y ponía en práctica la caridad compartiendo generosamente sus
bienes.
San Andrés Kim (1821-1846)
| San Andrés Kim (1821-1846) |
San
Andrés Kim, el primer sacerdote coreano, muerto mártir 70 años más
tarde, dijo de él que fue “el primer coreano que practicó la religión
cristiana”, lo cual no es del todo exacto, porque dos siglos antes, en las
camionetas de un ejército japonés invasor, varios misioneros extranjeros habían
bautizado a coreanos, pero… ironías del destino –o más bien sonrisa del Buen
Dios-, ¡estos primeros cristianos desaparecieron sin dejar rastro!
La historia de Lee
Byeok
Otro, un tal Lee Byeok, va más lejos. Fascinado
de alguna manera por el cristianismo que vislumbró en los libros, quiso saber
más. Sin embargo, para saber más había que ir a China, a Pekín, y
encontrarse allí con alguno de estos “sabios” occidentales.
Para ello era del todo necesario formar parte del grupo de
embajadores nombrados por el rey que iban, al final de cada año lunar,
a mostrar lealtad al emperador de China y recibir de él el calendario del año
siguiente.
Como no era posible hacerse nombrar él mismo, tuvo la idea de
dirigirse a un joven amigo de su edad que debía acompañar a su padre nombrado
secretario de embajada. Ese amigo se llamaba Lee Seung-hun:
tenía 27 años.
Lee Byeok le mostró los libros que tenía y le pidió que
fuera a buscar otros a Pekín. Incluso le aconsejó hacerse bautizar.
Lee
Seung-hun, después de un tiempo de vacilación, acabó aceptando. Y así
fue como en Pekín se encontró con tres jesuitas: un portugués, el padre
D’Almeida, y dos franceses, los padres Grammont y De
Ventavon.
Él hablaba coreano, ellos chino; él aprendió algunos
caracteres chinos, ellos también: sólo se entendían por escrito.
Él pidió
el bautismo y fue el padre Grammont quien emprendió la enseñanza. ¡Bueno,
una enseñanza rudimentaria que no duró más que tres semanas!
Finalmente los dos franceses le hicieron pasar un examen de catecismo… que fue
satisfactorio.
Le pidieron entonces el consentimiento de su padre, que
aceptó. Lee Seung-hun fue bautizado por el padre Grammont, que le puso el nombre
de Pedro para que fuera la piedra angular de la Iglesia coreana. Era uno de los
últimos días de enero de 1784.
Cuando regresó a Corea, llevaba los
brazos llenos de libros de astronomía, matemáticas, geometría… y
religión.
Lee Byeok estaba encantado. Él y sus amigos se
lanzaron de cabeza al estudio del cristianismo, hasta tal punto que a principios
del invierno de ese mismo año 1784, Pedro Lee consideró que podía
bautizar a los tres más avanzados, entre ellos Lee Byeok.
Espíritu
misionero
Poco después, otro grupo recibió el bautismo, y otros más
después. Los primeros bautizados daban el bautismo a los catecúmenos,
cuando los consideraban preparados, y les invitaban a formar lo que
ahora se llamaría comunidades de base.
En seguida, los libros más
importantes, muchos de ellos libros de oración, se tradujeron al coreano y se
difundieron ampliamente. Porque estos nuevos cristianos tenían espíritu
misionero: con melodías tradicionales hacían pasar el mensaje,
inventaban historias alegóricas,… ¡para los pequeños!
¡Y maravilla! ¡Las
comunidades crecían aquí y allá como setas, sin la presencia de ningún
misionero!
Empieza
la persecución
Pero rápidamente también, se murmuró en los medios
oficiales que elementos peligrosos se reunían secretamente y podían alterar el
orden público.
El asunto estalló un gran día cuando policías
entraron en la casa de un tal Thomas Kim que reunía a los cristianos,
en el centro de Seúl, en el lugar de la catedral actual.
¡Habiendo
escuchado ruidos desde el exterior, esos policías creyeron encontrarse ante una
banda de traficantes que jugaba ilegalmente a juegos de azar! El asunto hizo
mucho ruido: la comunidad fue dispersada y Thomas Kim enviado al
exilio.
Pedro Lee (Lee Seung-hun) dio a conocer estas noticias
al padre Grammont a través de otro amigo que formaba parte de la embajada
siguiente. Este último volvió con todavía más libros, que fueron confiscados en
la frontera por las autoridades. Los cristianos ya eran indeseables y
empezaron las persecuciones…
Fuente: ReL/Aleteia/Alfa y Omega
