![]() |
| P. Mustapha Amari. Crédito: Instagram. Dominio público |
Las
conversiones del islam al cristianismo han aumentado de manera constante en
Europa en los últimos años, lo que ha impulsado el surgimiento de misiones
locales especializadas. Sin embargo, pocos conversos llegan al punto de abrazar
la vida religiosa o sacerdotal.
Para estos
conversos, la decisión de renunciar a su religión implica riesgos y sacrificios
considerables —desde la ruptura de los vínculos familiares y el rechazo social
hasta la violencia física—, y no siempre cuentan con el apoyo de la jerarquía
de la Iglesia Católica, que a menudo busca evitar tensiones religiosas en un
continente marcado por intensos debates sobre la inmigración y las identidades
locales. La historia del P. Mustapha Amari es emblemática en este sentido.
El P. Amari,
ordenado hace casi 10 años, se convirtió al catolicismo después de un recorrido
profundamente intelectual, pero terminó siendo repudiado por su propia familia
y encontró reticencias en una Iglesia poco acostumbrada a situaciones de este
tipo. Finalmente, encontró su lugar dentro de la Iglesia Católica a través de
la comunidad Chemin Neuf.
El
atractivo de la universalidad del Evangelio
Mientras que
muchos conversos del islam afirman haber encontrado a Cristo a través de
profundas experiencias místicas, el camino del P. Amari, que ahora tiene 40
años, fue más gradual e interior.
Nacido en
Argelia en el seno de una familia musulmana que emigró a Francia cuando él
tenía 5 años, creció practicando la religión de sus padres, pero sin haber
tenido nunca una verdadera experiencia de Dios.
Eso cambió
durante sus estudios universitarios en Estrasburgo. Rodeado de musulmanes
practicantes, así como de cristianos y ateos, comenzó a cuestionar sus propias
creencias y a estudiar filosofía. “Mi fe floreció primero a partir de una
pregunta filosófica, antes que de una existencial”, afirmó.
“El primer
punto de inflexión llegó cuando descubrí a Blaise Pascal, quien no habla del
Dios de los filósofos y los eruditos, sino del Dios sensible al corazón, el
Dios de la Revelación. Fue entonces cuando pensé: ‘Quizá me he perdido lo
esencial al buscar únicamente a través de la razón’”, recordó.
Un amigo
universitario protestante le regaló entonces un Nuevo Testamento, lo que
terminó cambiando su vida. Mientras lo leía, instintivamente comenzó a repasar
toda su existencia y se dio cuenta de que Dios lo había guiado hasta ese
preciso momento. “Algo en mi corazón comenzó a abrirse”, afirmó.
Hasta
entonces, siempre se había preguntado por qué su vida había transcurrido tan
bien. Después de pasar un año en un barrio difícil cuando llegó a Francia, su
familia se había establecido en un pueblo de la región de Alsacia, donde sus
habitantes los acogieron y cuidaron con calidez. Sintió que finalmente estaba
recibiendo la respuesta que su corazón había anhelado durante todo ese tiempo.
Había
intentado regresar al islam, pero no encontraba ninguna razón para hacerlo más
allá de sus raíces. Sentía que la religión de sus padres estaba demasiado
influida por la cultura y que no le permitía llegar a Dios, ya que su
concepción de la trascendencia excluye la búsqueda de signos tangibles de la
presencia divina.
“Los
Evangelios me devolvieron la visión del sentido más profundo de la existencia y
me hicieron comprender que Dios es amor, que fuimos creados para ser amados”,
afirmó. “Gracias a Jesús, todas las piezas del rompecabezas encajaron”.
“En Jesús,
Dios sigue un camino único para cada persona. Dios es universal porque puede
tomar el camino adecuado para cada uno, a través de la enfermedad, de un
llamado misionero, de todo tipo de cosas”.
Todo o
nada
Sin embargo,
en aquel momento todavía no era consciente de que elegir a Jesús le exigiría
sacrificios considerables, comenzando por su propia familia. Aún no había sido
bautizado cuando su padre lo repudió y su madre dejó de responder a sus
llamadas telefónicas.
Por su
parte, la Iglesia tampoco lo recibió precisamente con los brazos abiertos al
principio. Cuando preguntó por el Bautismo en una parroquia de Estrasburgo,
cuenta que le dijeron que regresara después del verano y, posteriormente, que
habría que consultar al obispo porque se trataba de “un caso especial”.
“Sentí que
estaban tomando precauciones”, afirmó. “Me molestó un poco, pero de alguna
manera lo entendía”.
La dolorosa
pérdida de su familia hizo que su compromiso fuera aún más apremiante. “Me dije
que no podía aceptar perder a mi familia para que mi fe cristiana consistiera
simplemente en ir a Misa los domingos”, afirmó. “Tu vida con Jesús tiene que
ser al 100 %; de lo contrario, no vale la pena”.
La decisión
de ingresar al sacerdocio se le hizo evidente después de un año de voluntariado
y de un retiro ignaciano de un mes en silencio. La sensación de haber recibido
innumerables gracias a lo largo de su camino de conversión superó su temor
inicial a la soledad y al celibato.
“El
versículo bíblico que dice: ‘A quien mucho se le dio, mucho se le exigirá’,
resume toda mi vida”, añadió.
Hay tantas
personas que no tienen la gracia de encontrarse con Jesús, ¿por qué yo?, se
preguntaba constantemente. “Sentía que, si seguía recibiendo sin entregarme a
mí mismo, sería como un fruto podrido en una rama”.
Descubrir el
estilo de vida propuesto por la comunidad carismática Chemin Neuf —basado en la
vida comunitaria y la responsabilidad compartida entre laicos y clérigos— le
proporcionó el equilibrio que necesitaba. Fue ordenado sacerdote en 2017 como
miembro de la comunidad y actualmente está vinculado a una parroquia en las
afueras de París.
Las
dificultades derivadas de su condición de converso no desaparecieron con su
vocación religiosa. Aunque nunca sufrió represalias directas por abandonar el
islam, pronto tuvo que limitar sus testimonios en internet a plataformas de
comunidades católicas. “Cuando abrí mi cuenta de TikTok, alrededor de 2018 o
2019, recibí comentarios muy violentos y tuve que detenerme; no estaba
preparado para eso”.
Atribuye a
la comunidad de creyentes el haberle dado la fortaleza que necesitaba para
afrontar las adversidades y la soledad a lo largo de los años. Lo experimentó a
través de lo que considera una parábola, una noche en Portimão, en el sur de
Portugal, donde dirigía junto con su comunidad un festival para 4.000 jóvenes durante la semana previa a la
Jornada Mundial de la Juventud de 2023. También era el cumpleaños de su madre,
e intentó llamarla cinco minutos antes de subir al escenario.
“Como de
costumbre, se negó a responder”, contó. Unos minutos después, con renovada
determinación, invitó a los jóvenes a entregar sus vidas a Jesús. “Vi a miles
de ellos acercarse, impulsados por su fervor. Es una de las imágenes más
hermosas de mi vida”, afirmó.
Insistió en
que no guarda ningún rencor hacia sus padres. Reconoce que, al convertirse en
cristiano y después en sacerdote católico, les exigió mucho. Aunque
recientemente ha comenzado un proceso de reconciliación con sus padres gracias
al poder de la oración, también señala que esta ruptura ha dado frutos dentro
de su propia familia.
Cuando era
niño, su excelencia académica le había valido el favor especial de su padre, en
ocasiones en detrimento de sus hermanos.
“Perdí mi
lugar en la familia”, dijo el P. Amari, “pero ese lugar les fue dado a mis
hermanos y hermanas de otra manera. Y eso es maravilloso”.
Por su
parte, Dios le dio “una familia cien veces mayor”: una comunidad religiosa,
hermanos y hermanas, y casas por todo el mundo.
Publicado
originalmente en el National Catholic Register. Traducido y adaptado por el
equipo de EWTN News Español.
Por Solène
Tadié
Fuente: EWTN
