Lejos de proponer un ideal inalcanzable, la pastoral familiar ofrece un abanico de respuestas vivas para cuidar los hogares en sus luces y sombras.
![]() |
| CNS. Vatican Media |
La Iglesia se
hace presente en cada etapa del amor humano como una madre que acompaña,
sostiene y sana. Lejos de proponer un ideal inalcanzable, la pastoral familiar
despliega —a través de los Centros de Orientación Familiar (COF) y múltiples
redes diocesanas— un abanico de respuestas vivas para cuidar los hogares en sus
luces y sombras.
Este
acompañamiento integral abarca desde la preparación en el noviazgo con
iniciativas como Family rock —celebración de la alegría del matrimonio
cristiano, en Toledo— o Un amor de cine —cine fórum para que los matrimonios
reflexionen sobre su propio camino a través del séptimo arte, en Ciudad
Rodrigo— hasta la formación de padres en Hagan lío, la Oración de las madres y
de los niños, el consuelo ante el duelo por un hijo en 8 estaciones de luz o la
renovación en la fe del Proyecto Amor Conyugal.
Como muestra de
esta rica constelación de misericordia y esperanza, ECCLESIA se adentra en
cuatro proyectos emblemáticos que iluminan el camino de la familia en momentos
clave: la forja del compromiso en El taller del orfebre, el cuidado cotidiano
en la ITV Matrimonial, el rescate en la crisis profunda con Retrouvaille y la
sanación del dolor invisible de los hijos en Niño Equilibrista.
El taller
del orfebre: Forjar el amor antes del «sí, quiero»
Bajo el
sugerente nombre de El
taller del orfebre —inspirado en la obra teatral de san Juan Pablo II—, la
Iglesia de Alcalá de Henares ofrece a parejas de jóvenes enamorados un oasis de
paciencia y una guía de acompañamiento. El objetivo de esta iniciativa de la
Delegación de Familia y Vida es sencillo, pero revolucionario: ayudarles a
madurar su amor antes de dar el paso definitivo, al tiempo que toman conciencia
de la verdadera dimensión y responsabilidad del matrimonio.
María Isabel y
Javier, coordinadores de este proyecto diocesano que comenzó oficialmente en
2023, explican a ECCLESIA el profundo simbolismo del nombre: «La obra de teatro
trata de eso, de cómo el orfebre va forjando a base de golpes las alianzas». Se
trata, por tanto, de un delicado trabajo cotidiano que requiere tiempo y
dedicación. Por eso, frente a la tendencia social de quemar etapas rápidamente,
el taller propone un itinerario flexible de tres años con reuniones mensuales
donde, en torno a una merienda, grupos reducidos de parejas comparten sus
inquietudes en presencia de un sacerdote y un matrimonio mentor.
La iniciativa
abre un espacio de profunda confianza que, obviamente, tampoco sustituye al
cursillo prematrimonial. Como subraya un documento del Dicasterio para los
Laicos, la Familia y la Vida que inspira el itinerario: «El noviazgo no es una
preparación para un examen que hay que pasar, sino para una vida que hay que
vivir». A lo largo del mes, los novios dialogan en privado sobre temas
propuestos, como la comunicación, la afectividad, la resolución de conflictos o
la vivencia de la castidad, para luego compartir su resonancia en el grupo.
El principal
fruto de este camino es un discernimiento honesto. En palabras de sus
coordinadores, «el matrimonio es una vocación que hay que cuidar, es un
proyecto de vida». Por ello, el éxito no se mide solo en bodas celebradas —que
ya son más de cinco desde 2023— sino en la madurez de las decisiones. Javier y
María Isabel lo afirman con valentía: «En ocasiones, decidir romper un noviazgo
puede ser también un fruto de un discernimiento bien hecho».
Además del
crecimiento personal, el taller forja valiosas redes de apoyo: las parejas de
novios que caminan juntas acaban constituyendo grupos para sostenerse en la fe.
ITV
Matrimonial: una puesta a punto para cuidar el tesoro de la vocación
En la carretera
de la vida, para la pastoral familiar tan importante es prevenir como sanar.
Así, en la llanura tranquila de los días, el proyecto ITV Matrimonial,
de la archidiócesis de Madrid, responde a una necesidad cotidiana: cuidar la
relación amorosa cuando todo parece funcionar. Esta iniciativa, promovida por
los Centros de Orientación Familiar (COF) y que acredita un importante impacto
en diversas parroquias de la región, nace de un símil tan sencillo como
gráfico. Como recuerdan Margarita y Javier, un matrimonio con siete hijos:
«Cuando llevas un coche a pasar la ITV, el coche funciona, pero allí le hacen
una buena revisión. Con el matrimonio pasa lo mismo: el matrimonio “anda” y a
simple vista “funciona”, pero hay que hacerle con regularidad una buena
revisión».
A diferencia de
los talleres que crecen desde pautas educativas, la ITV Matrimonial no es un
foro sobre logística familiar o crianza de los hijos, sino un espacio exclusivo
para que la pareja respire y reencuentre su intimidad. El propósito esencial,
según sus promotores, es «facilitar que los matrimonios hablen con
tranquilidad». En medio del ajetreo diario, «no son tan importantes las
ponencias como permitir el diálogo de los esposos sobre temas que a veces son
difíciles de sacar en el día a día. Es muy fácil que marido y mujer acaben
viviendo en paralelo, gestionando problemas, pero sin hablar en profundidad».
La estructura
de la jornada está pensada para propiciar ese reencuentro. El encuentro
comienza con la Santa Misa y breves ponencias que abordan la comunicación, la
sexualidad, las prioridades o la dimensión sacramental de la alianza conyugal.
A continuación, los esposos responden por separado a un cuestionario para luego
poner en común sus respuestas en un diálogo en privado. Tras la comida
compartida —que cuenta con servicio de guardería para los hijos—, la tarde se
completa con un testimonio y adoración ante el Santísimo Sacramento, donde las
parejas renuevan sus compromisos matrimoniales.
Los frutos de
esta pausa espiritual se traducen en propósitos prácticos que renuevan el día a
día. Mamen y Jesús, un matrimonio participante, asumieron dos compromisos
concretos: reservar hora y media a la semana para cenar a solas sin niños y
limitar el tiempo dedicado al teléfono móvil en casa. Para ellos, la jornada
fue un impulso indispensable para combatir la rutina, porque «es imprescindible
volver a mirarnos a los ojos y hacer memoria de la aventura en la que nos hemos
metido juntos».
Al igual que
las inspecciones de los vehículos, estas revisiones tienen fecha de caducidad,
porque el amor conyugal requiere un cuidado constante para seguir construyendo
su camino y, por ello mismo, es conveniente renovarlas y actualizarlas.
Retrouvaille:
el milagro del amor en mitad de la tormenta
En un mundo
donde la ruptura parece imponerse como única salida ante las dificultades de
pareja, la Iglesia ofrece un faro y salvavidas de esperanza realista y bien
organizado. Retrouvaille
—término en francés que significa redescubrir— nació en Canadá en 1977 con la
misión de acompañar a los matrimonios que atraviesan crisis profundas,
incluyendo a aquellas personas que ya están separadas o divorciadas. Como
afirmó Benedicto XVI cuando recibió a la asociación en 2008, sus voluntarios
actúan como «custodios de una esperanza más grande para los esposos que la han
perdido».
En España, esta
iniciativa pastoral ha transformado silenciosamente la vida de centenares de
familias. Inma y Quique, responsables del programa en Valencia, explican a
ECCLESIA que esta labor es «una de las respuestas que muestra cómo la Iglesia,
en su calidad de familia de Dios, se preocupa por los matrimonios heridos».
Lejos de ser un servicio profesionalizado de terapias psicológicas,
Retrouvaille se sostiene sobre la entrega desinteresada de aquellas parejas que
superaron sus propias dificultades con la gracia de Dios. «Todos los
matrimonios que colaboran en Retrouvaille son matrimonios que hicieron el
programa, les ayudó y dedican su tiempo para ayudar a otros matrimonios que
sufren la desilusión», detallan los coordinadores, resaltando el valor de compartir
las propias heridas para sanar las de otros.
El programa, de
inspiración y guía católicas pero abierto a cualquier pareja sin importar sus
creencias, se articula en tres etapas fundamentales. Como inicio, el Fin de
Semana, un retiro en un lugar tranquilo donde se proporcionan herramientas de
diálogo y reconciliación, trabajando siempre de forma estrictamente privada. A
este le sigue el Seguimiento, un proceso posterior que consta de 12 sesiones de
dos horas de duración para consolidar y profundizar en las nuevas técnicas de
comunicación adquiridas. Y, finalmente, la posibilidad de desembocar en el
CORE, un grupo de apoyo que se reúne cada mes para continuar el crecimiento
conyugal.
En su
testimonio, una de las parejas jóvenes que salvó su matrimonio en Valencia
reconoce que, en medio de una crisis extrema, «Retrouvaille nos cambió la
vida». «Hoy nos conocemos más que nunca. Hemos aprendido a expresar
sentimientos profundos, a escuchar sin juzgar, a dialogar», agregan. Porque,
como se extrae fácilmente de las fases del programa, este no se basa en recetas
mágicas, sino en aprender a comunicarse de nuevo para recuperar el amor.
Desde su
llegada a España en 2006, unas 400 parejas han pasado por Retrouvaille entre
Madrid y Valencia, y recientemente se ha expandido a Portugal gracias al
impulso desde nuestro país. Francisco, quien también recibió y bendijo este
programa, recordó ante sus impulsores que «la crisis forma parte de la historia
de la salvación» y los animó, animándonos a todos, a no temerla. En este empeño
diario por reavivar la llama, cada historia restaurada ilumina como un pequeño
milagro. En palabras de Inma y Quique: «Para nosotros, un matrimonio que
reconstruye su relación es un mundo».
La Iglesia
también vuelve su mirada y se vuelca en la acción con las víctimas más
vulnerables de la ruptura familiar: los hijos. Nacido en el Centro de
Orientación Familiar (COF) San Julián de la diócesis de Cuenca, Niño
Equilibrista es el primer programa específico en el ámbito de los COF de
España diseñado para acompañar a niños y adolescentes en el doloroso proceso de
separación de sus padres.
El proyecto
comenzó a gestarse en el año 2015, al constatar que, mientras los adultos
cuentan con herramientas para afrontar el duelo, los más jóvenes carecen de la
madurez humana para procesarlo. Aunque a veces parezca que «lo encajan» o «lo
llevan bien», Marta Guillén Tena, directora del COF San Julián de Cuenca,
advierte de que «en muchas ocasiones se generan en ellos heridas emocionales
que pueden condicionar su vida afectiva en el futuro». De ahí surge el poético
y revelador nombre de la iniciativa, que hace referencia al «equilibrio de
lealtades en el que tienen que vivir muchos de ellos, teniendo que elegir entre
papá o mamá, cuando son hijos de ambos, los necesitan y los quieren a los dos».
Fruto del
trabajo de casi ocho años de un equipo multidisciplinar con especialistas de
diversas provincias españolas y de México, el programa se articula durante un
año a través de grupos de ayuda mutua y talleres prácticos. En este espacio
seguro y mediante dinámicas participativas, los menores pueden desahogarse,
expresar sentimientos contradictorios, trabajar la autoestima y entrenar
estrategias de afrontamiento. La meta esencial es «estar junto a estos hijos de
padres separados, para dar valor a su dolor, para recordarles que su vida no
son sus heridas y que merece la pena establecer vínculos seguros», agrega
Guillén.
Llevar a cabo
esta propuesta entraña serias dificultades prácticas para los voluntarios
desinteresados de la Iglesia, ya que exige la autorización indispensable de
ambos progenitores, un consenso difícil de lograr en situaciones de litigio
judicial. No obstante, las experiencias piloto realizadas y el seguimiento
posterior confirman el profundo interés y beneficio que aporta a los
participantes.
En definitiva,
como subrayan desde el COF de Cuenca, el gran logro del proyecto es «haber
puesto en el foco el dolor de todos ellos: que todos seamos conscientes del
sufrimiento, generalmente callado, de las consecuencias en ellos de la ruptura
matrimonial».
Por Luís Rivas
Fuente: Ecclesia
