Jesús vino para enseñarnos a vivir de acuerdo con el Evangelio y poder alcanzar la vida eterna junto a Él, pero ¿qué pasa cuando quieres ser su maestro?
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Nadie mejor que
Dios sabe lo que nos conviene. A veces creemos entender esta verdad, pero el
resto del tiempo nos encanta rebelarnos contra la voluntad del Creador. Así,
invertimos los papeles y, la mayoría, quiere convertirse en maestro del
Maestro. Jesús seguramente nos ve con amor y con compasión.
El Maestro
enseña a sus discípulos
La labor del
maestro es enseñar. De este modo, todos reconocieron a Jesús. Los cuatro
evangelios dan constancia de que ese era el título que le otorgaban tantos sus
discípulos como los fariseos - muy a su pesar, por cierto - . Sin embargo,
nadie podía rebatírselo porque hablaba con autoridad (Mc 1, 22).
Los cuatro
evangelistas le llaman Maestro - Rabí o Rabboní - porque nadie enseñaba, y
menos, hacía milagros como Él. El mismo Señor Jesús afirma que lo es:
Vosotros me
llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy (Jn 13, 13).
Pero, a pesar
de haber vivido con Él y visto hacerlo prodigios, les costaba trabajo
entenderlo y, a veces, creer en sus palabras.
Fue necesario
que descendiera sobre ellos el Espíritu Santo para que sus miedos e
incertidumbres desaparecieran (Hch 2, 1).
Cuando
quieres enseñarle al Maestro
Por eso es
compresible que, los que no hemos visto a Jesús, desconfiemos de que el rumbo
que toman las cosas sea el correcto. El mismo Seño Jesucristo reconoció ante
Tomás que serían dichosos los que crean sin haber visto (Jn 20, 29)
Sin embargo,
cuando nos dejamos llevar por nuestra fe hemos recibido numerosos favores de
parte de Dios, por eso sabemos que si le damos el control de nuestra vida, todo
lo que nos suceda será para nuestro bien.
Aún así,
tenemos miedo y queremos enseñarle al Maestro cuál es el mejor método para guiarnos
a la salvación. Pensamos que lo mejor es alejar el sufrimiento de nuestra vida
y buscar a toda costa el confort y la despreocupación.
Entonces, ¿qué
sentido tendría nuestra existencia? ¿Cómo podríamos merecer el cielo si no
queremos sufrir, si no deseamos parecernos al Señor?
Confía en el
Señor
La vida tiene
altibajos y, lamentablemente, a veces nos duelen tanto que pensamos que
moriremos. Pero tenemos la promesa del Señor y con eso basta.
No podemos
convertirnos en maestros del Maestro porque lo único que ocurrirá en esos casos
es que nos equivocaremos irremediablemente. ¿Qué puedes tú, humilde criatura,
enseñarle a tu Creador?
Aunque nos
cueste entenderlo, confiemos absolutamente en el Señor. Nunca permitirá que nos
perdamos. Ni siquiera en la mayor tribulación se separará de nuestro lado. Mas
bien, la prueba nos purificará y traerá un mayor bien.
Porque si el
Señor padeció crueles tormentos, al final resucitó para ser glorificado
eternamente.
Eso mismo
pasará con nosotros si somos dóciles a su voluntad. Confía en el Señor y
entrégale tus preocupaciones, que Él se encargará de llevarte a puerto seguro.
Mónica Muñoz
Fuente: Aleteia
