El Papa se reúne en París con los representantes de la Asamblea sinodal, catecúmenos y neófitos de la región de Île-de-France, en un camino eclesial dedicado a discernir cómo acoger e integrar a quienes se acercan hoy a la Iglesia
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El Papa León XIV en el encuentro con los miembros de la Asamblea Sinodal Provincial (@Vatican Media) |
Casi cincuenta
años después de la visita de san Juan Pablo II, León XIV ha vuelto a honrar con
su presencia al Institut Catholique de Paris. El encuentro, celebrado
este 26 de septiembre de 2026, adquiere un significado particular para toda la
comunidad universitaria, que acaba de conmemorar el 150º aniversario de la
institución. Estudiantes, profesores y personal han vivido la visita del Pontífice
como un motivo de alegría y, al mismo tiempo, como un estímulo para renovar la
misión de una casa situada desde hace siglos en la confluencia entre la fe y la
búsqueda intelectual.
La historia del
lugar se entrelaza también con figuras que han dejado una huella profunda en la
tradición cristiana francesa. Entre ellas, el hermano Laurent de la
Resurrección, que fue cocinero allí en el siglo XVII. El hermano Laurent
escribió el libro "La práctica de la presencia de Dios", que el
Sucesor de Pedro mencionó
durante el vuelo de regreso de su viaje apostólico a Turquía y el Líbano,
el 2 de diciembre de 2025, como una obra sencilla, pero relevante, que ayuda a
comprender mejor su espiritualidad.
Los mártires de
1792, la Madre Camille de Soyécourt, el beato Frédéric Ozanam y el beato
Christian de Chergé forman parte de una memoria que sigue recordando a esta
comunidad el sentido de su compromiso.
Después de
acudir a la Maison Bakhita, centro de acompañamiento e integración de migrantes
y personas en situación de vulnerabilidad, al arribar a la
capilla Saint-Joseph-des-Carmes, ubicada en el corazón del campus,
pronunció un breve saludo improvisado. En él, expresó su alegría por estar en
dicho sitio esta mañana y agradeció a todos por su presencia y por su fe.
Además, el Papa rezó ante la placa con la inscripción «Hic cedicerunt»,
que conmemora la masacre del convento de los Carmelitas, ocurrida el 2 de
septiembre de 1792 durante la Revolución Francesa.
En este marco,
León XIV se encontró con los miembros de la Asamblea Sinodal Provincial, así
como con catecúmenos y neófitos. La iniciativa reúne a ocho diócesis de
Île-de-France y a la diócesis de las Fuerzas Armadas francesas en torno a una
pregunta pastoral concreta: cómo acoger, acompañar e integrar de manera
duradera a los numerosos adultos que hoy se acercan a la Iglesia y solicitan
los sacramentos de la iniciación cristiana.
Anunciada por
los obispos de Île-de-France el año pasado, la asamblea ha querido adoptar un
carácter ampliamente abierto. Obispos, sacerdotes, diáconos, consagrados,
laicos comprometidos, acompañantes del catecumenado y, de manera particular,
los propios catecúmenos y neófitos participan en sus trabajos.
“La obra
imprevisible de Dios”
León XIV
agradeció al arzobispo de París, Laurent Ulrich, la presentación de la historia
espiritual del lugar y, especialmente, la entrega del Instrumentum Laboris, fruto
de un camino eclesial marcado por la escucha recíproca y la sinodalidad.
El Pontífice
dirigió después su mirada hacia una realidad que, en sus palabras, suscita
“profunda gratitud”: el número de personas que se acercan al umbral de la fe en
una sociedad francesa fuertemente secularizada. Los testimonios de Jaodie,
Marielle y Sophie, escuchados durante el encuentro, dieron rostro concreto a
este fenómeno.
Para León XIV,
el hecho de que numerosos adultos estén redescubriendo el Evangelio constituye
un signo de la acción de Dios que no puede quedar reducido a estadísticas o
análisis sociológicos. El Papa pidió recibir esta realidad con responsabilidad
y evitar lo que recordó como el “pesimismo estéril” denunciado por el Papa
Francisco.
La pregunta,
por tanto, no consiste solamente en constatar el crecimiento de las peticiones
de bautismo. Se trata de discernir qué debe hacer la Iglesia ante quienes
llaman a sus puertas y cómo acompañarlos también después de recibir los
sacramentos.
Una Iglesia “en
estado de iniciación”
En el centro de
la reflexión propuesta por Prevost estuvo una expresión utilizada por el
episcopado francés: una Iglesia “en estado de iniciación”. El Papa explicó que
esta actitud implica reconocer en quienes comienzan a buscar a Dios una
oportunidad y una misión.
Una
oportunidad, porque su presencia permite también a las comunidades cristianas
renovar su propio camino de fe y redescubrir la alegría del Evangelio. Y una
misión, porque el acompañamiento no termina con la celebración del bautismo.
El desafío
aparece con particular claridad después de la recepción de los sacramentos.
León XIV habló de la necesidad de evitar el “vacío” posterior al bautismo y de
integrar plenamente a los nuevos cristianos en las comunidades y en las
asambleas de oración.
Para ello,
señaló, es necesario ofrecer un ambiente familiar y una formación integral que
permita unir la fe y la vida. Formación bíblica y teológica, profundización en
la oración, conocimiento de la doctrina y descubrimiento de la vida moral
cristiana forman parte de este camino.
La liturgia,
puerta de entrada al misterio
El Papa puso
asimismo el acento en la dimensión litúrgica. Algunos de los testimonios
compartidos durante el encuentro mostraron cómo la celebración de los ritos
puede convertirse en una puerta de entrada al misterio de la fe.
Pero, explicó,
atravesar esa puerta implica también continuar el camino y descubrir la riqueza
de la liturgia, que sostiene toda la vida cristiana. León XIV recordó que la
liturgia no puede considerarse simplemente una etapa posterior a la catequesis,
sino que forma parte integrante del proceso de conversión y de preparación a
los sacramentos.
De ahí la
importancia de una formación adecuada de quienes acompañan estos itinerarios.
El Sucesor de Pedro recomendó un conocimiento profundo del Ritual de la
Iniciación Cristiana de Adultos y pidió una preparación que incluya no
solamente las dimensiones bíblica, teológica, litúrgica y espiritual, sino
también las cualidades humanas necesarias para acompañar historias personales
complejas.
Del
acompañamiento a la misión
León XIV
insistió en que los nuevos bautizados no están llamados únicamente a recibir de
la Iglesia. Su fe, afirmó, constituye también un don para la Iglesia en Francia
y para la Iglesia universal.
El Papa evocó
entonces a san Agustín, uno de los catecúmenos más conocidos de la historia
cristiana. La pequeña semilla de fe que recibió antes de su bautismo terminó
creciendo hasta convertirse en un árbol cuya sombra, dijo, continúa ofreciendo
consuelo.
“¡Sean ustedes
también misioneros del Evangelio en esta sociedad!”, exhortó a los catecúmenos
y neófitos presentes.
Al término del
encuentro, León XIV confió este camino a los grandes testigos de la tradición
cristiana francesa, entre ellos santa Teresa del Niño Jesús y san Martín de
Tours. Invitó a todos los participantes a formar juntos un pueblo vivo capaz de
transmitir la fe y pidió la protección de la Virgen María, patrona principal de
Francia, así como la intercesión de santa Genoveva y san Dionisio (Saint
Denis), patronos de París.
Sebastián
Sansón Ferrari
París
Fuente: Vatican News
