Parroquia es un término familiar en el cristianismo católico que se refiere a un territorio, pero es casi seguro que desconozcan qué tiene que ver con un barco
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| Crédito: Matt Apps | Shutterstock |
La palabra
"parroquia" tiene que ver con que, a medida que el cristianismo se
fue estableciendo con firmeza en varios países, surgió la necesidad de
organizar las comunidades de cristianos según un sistema administrable. Esta
tarea empezó en el siglo IV y fue refinada con el paso de los años, hasta su
culminación en el siglo XVI con el Concilio de Trento.
Los límites
territoriales no son inflexibles
Fue en Trento
donde los obispos se encargaron de definir con claridad el papel de las
parroquias y los sacerdotes que servían en ellas. Se establecieron unos límites
específicos para que el sacerdote entendiera a quién iba dirigido su
ministerio. Era un límite geográfico determinado por el número de almas
presentes en una región concreta.
El párroco
(también conocido como ‘pastor’) asumía el cuidado de todas las almas que
vivían dentro de los límites establecidos. Estaba obligado a atender sus
necesidades espirituales y a suministrar los sacramentos. Según las
necesidades, un pastor podía ser auxiliado por más sacerdotes que trabajarían
bajo su instrucción.
El actual
Código de Derecho Canónico especifica además que una parroquia es “es una
determinada comunidad de fieles constituida de modo estable” y establecida por
un obispo.
Aunque es
cierto que “como regla general, la parroquia ha de ser territorial, es decir,
ha de comprender a todos los fieles de un territorio determinado”, el Derecho
Canónico apoya a grupos de cristianos que no están ligados a límites
territoriales.
Pero los
límites parroquiales no se aplican generalmente como una regla inflexible. Esto
implica que los individuos que residen fuera de los límites de una parroquia
particular tienen la libertad de inscribirse en cualquier parroquia, al margen
de su localización.
Parroquias como
barcos
Espiritualmente
hablando, las parroquias supuestamente son “barcos” que llevan a un grupo
específico de almas al paraíso. La palabra ‘parroquia’ deriva del griego
paroikos, que significa “residente temporal”. Se usa en los Hechos de los
Apóstoles cuando Esteban habla de la historia del pueblo judío y explica que
“sus descendientes emigrarían a una tierra extranjera” (Hechos 7,6). De esta
forma, un parroquiano es ciertamente un “viajero”, un peregrino que avanza
hacia su patria celestial.
De modo que no
debería sorprender el encontrar en las Constituciones Apostólicas, un documento
escrito en el siglo IV, la siguiente analogía:
Cuando
convoques a la Iglesia de Dios, exige, como el capitán de una gran embarcación,
que cada uno cumpla rigurosamente con la disciplina. Di a los diáconos que,
como marineros, asignen sus plazas a sus hermanos, los pasajeros, con la mayor
atención y dignidad.
En primer
lugar, que el edificio sea alargado y esté orientado hacia oriente, con las
sacristías a ambos lados hacia oriente; de este modo se parecerá a un barco.
No es ninguna
coincidencia que la parte de toda iglesia donde se sienta el pueblo se llame
‘nave’. Esta palabra deriva del latín navis, o barco, y su función es retratar
la realidad de la Iglesia como navío, protegiendo a los que lleva en su
interior del oleaje y los azotes del mundo.
Pastor y
capitán
Así pues, cada
pastor es el “capitán” de su navío de almas, al cargo de la importante tarea de
guiar las almas en su barco hacia las Eternas Orillas del Paraíso. ¡No es tarea
fácil! Por eso el sacerdote depende en gran medida de la participación de sus
feligreses. Los laicos, además de los diáconos, ayudan a “manejar los remos”
del barco, asumiendo papeles de liderazgo que impulsan al navío en la dirección
en que el “aliento” del Espíritu Santo mueve sus velas.
De modo que, la
próxima vez que visites tu parroquia, recuerda la analogía del barco. Te
ayudará a entender la responsabilidad que tiene todo pastor, ¡en especial
cuando está al cargo de 3 o 4 “barcos”!
Philip Kosloski
Fuente: Aleteia
