"Compórtense de una manera digna de la vocación a la que han sido llamados, con toda humildad, mansedumbre y magnanimidad"
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| Vatican News |
Al recibir esta
mañana, 21 de septiembre, a las participantes en la Asamblea de la Federación
de Monjas Clarisas Capuchinas, León XIV ha reiterado que el descenso de las
vocaciones debe impulsar "a una renovación de la propia vida y a un
compromiso aún mayor en el acompañamiento espiritual de quienes llaman a las
puertas de los monasterios". A continuación, les invitó a formarse
"en una clausura vivida en espíritu de profunda comunión entre vosotras y
con la Iglesia".
A partir de la
fiesta hodierna de san Mateo, Apóstol y Evangelista, el Papa León XIV articuló
su reflexión dirigida a las religiosas miembros de la Asamblea de la Federación
de Monjas Clarisas Capuchinas de Italia, durante la audiencia concedida este
lunes 21 de septiembre de 2026 por la mañana en el Palacio Apostólico del
Vaticano.
El Pontífice
comenzó recordando la exhortación de san Pablo en la Carta a los Efesios:
"Compórtense de una manera digna de la vocación a la que han sido
llamados, con toda humildad, mansedumbre y magnanimidad". Para León XIV,
estas palabras constituyen una invitación a la fidelidad a la vocación
recibida, vivida por las clarisas capuchinas según el carisma de santa Clara y
san Francisco, a través de la oración contemplativa, la pobreza y la adhesión
total al Evangelio.
En este
contexto, valoró el trabajo realizado por la Federación para la reelaboración y
actualización de sus Constituciones, fruto de las aportaciones de muchas
religiosas. El Papa resaltó que en ellas se reafirma la contemplación de las
realidades divinas y la unión constante con Dios en la oración como
"primer y principal" deber de los religiosos.
"La mente
en el espejo de la eternidad"
León XIV retomó
entonces una expresión de santa Clara a santa Inés de Bohemia -"Pon tu
mente en el espejo de la eternidad"- para invitar a las religiosas a
contemplar desde esta perspectiva tanto el presente, marcado por "dramas e
incertidumbres", como los desafíos que atraviesan sus comunidades.
Entre estos
desafíos, mencionó de manera particular la disminución del número de
vocaciones. El Santo Padre reconoció que esta situación podría llevar a algunas
comunidades a adoptar actitudes de cierre o repliegue, pero pidió cambiar la
perspectiva para descubrir en las dificultades "potencialidades
inesperadas", poniendo el acento no solamente en la cantidad, sino en
"la calidad de la propuesta". En este punto, vinculó la situación de
los monasterios con una reflexión que ya había ofrecido acerca del futuro de las
diócesis y los seminarios en Italia. Y evocó el Evangelio del día: "No son
los sanos los que necesitan médico, sino los enfermos".
Para el Papa,
la reducción numérica de las comunidades y el temor a perder la autonomía no
deben convertirse en motivos para abandonar la esperanza. Por el contrario,
pueden constituir una ocasión para renovar la vida comunitaria y fortalecer el
acompañamiento espiritual de quienes se acercan a los monasterios.
En intimidad
con Dios, con afabilidad y autenticidad de las relaciones
León XIV invitó
a las religiosas a hacer crecer comunidades "alegres y vivas", en las
que sea posible experimentar "intimidad con Dios, afabilidad, comunión,
autenticidad de las relaciones".
En este
sentido, subrayó que las vocaciones no surgen de estrategias organizativas ni
de campañas previamente diseñadas. "Las vocaciones no nacen de la
aplicación de estrategias organizativas, ni de campañas estudiadas de
antemano", afirmó, sino de la oración, la familiaridad con el Evangelio,
el silencio, la capacidad de acogerse mutuamente con las propias imperfecciones
y el sentirse parte de una realidad que genera unidad.
El Señor,
añadió, no pide a los creyentes ser "impecables", sino dejarse
"modelar por su gracia", humildemente y día tras día.
Formación
inicial y permanente
Esta reflexión
condujo al Papa hacia otro de los temas centrales de su discurso: la formación,
tanto inicial como permanente. León XIV pidió a las clarisas capuchinas
formarse y formar para una clausura vivida "en espíritu de comunión
profunda" entre las religiosas y con toda la Iglesia.
A su vez,
enfatizó el valor del silencio en una sociedad marcada por la rapidez y el
ruido. La clausura, explicó, está llamada a ofrecer tiempos y espacios para
detenerse y discernir, sin miedo a perder "el instante fugaz".
De acuerdo con
el Obispo de Roma, esta dimensión constituye precisamente una de las formas
específicas de la misión propia de la vocación claustral. Citando el Salmo 18,
recordó que el anuncio puede difundirse incluso "sin lenguaje, sin
palabras, sin que se escuche su voz".
"Formadas
en la escuela del Evangelio -prosiguió el Sucesor de Pedro-, el Señor las llama
a ser sus testigos en el silencio y en la contemplación", situándolas en
la historia como "memoria viva y profética de la Buena Noticia".
Un testimonio
marcado por la sobriedad y la entrega
Como hijas de
santa Clara, las religiosas poseen además, según León XIV, un mensaje
específico que anunciar mediante la observancia de la Regla y
las Constituciones. Su misión consiste en vivir el Evangelio dejando todo
lo que pertenece al mundo y orientándose de manera total y constante hacia
"el primer y único Amor" de la vida.
Prevost enumeró
algunas características de esta existencia: sobriedad, desprendimiento de las
cosas, entrega de sí mismas en la obediencia y transparencia. Todo ello, dentro
de una vida sencilla, pero también "radical y exigente".
León XIV
presentó este modo de vida como un signo de fidelidad particularmente
significativo "en un mundo globalizado e inquieto", en el que,
citando a Francisco, parece haberse perdido el gusto y la capacidad de
"echar raíces".
Escucha,
comunión, servicio y testimonio
En la parte
final de su intervención, el Santo Padre retomó una pregunta formulada por el
Asistente Federal de las religiosas: «¿Pueden los monasterios femeninos de
clausura ofrecer respuestas a las cuestiones de sentido de la humanidad de
hoy?".
Para responder
a esta cuestión, León XIV presentó cuatro medios indicados por el propio
Asistente Federal y que consideró especialmente importantes: la escucha
recíproca, la koinonía, la diakonía y la martyría.
La koinonía,
explicó, expresa la comunión de intenciones y ayuda a evitar el aislamiento;
la diakonía invita a servir y trabajar juntas; y la martyría remite
al testimonio del Evangelio. El Sucesor de Pedro dejó estos cuatro elementos a
las religiosas como "caminos seguros" para su camino.
"Antorchas,
centinelas para la Iglesia y para el mundo"
Antes de
impartir la bendición apostólica, León XIV agradeció a las religiosas "lo
que hacen y lo que son". Recuperando una expresión utilizada por el Papa
Francisco en su Mensaje
a las contemplativas de 2018, las definió como "antorchas,
centinelas para la Iglesia y para el mundo", signos de la presencia del
reino de Dios en la tierra.
Finalmente,
expresó su alegría por el encuentro e invocó la intercesión de María, de san
Francisco y santa Clara de Asís y de la beata María Lorenza Longo. Con esta
invocación, impartió de corazón a las religiosas la Bendición apostólica
Sebastián
Sansón Ferrari
Ciudad del Vaticano
Fuente: Vatican News
