Mons. Antonio Prieto Lucena propone renovar la iniciación cristiana ante la secularización y plantea los Grupos Frassati como itinerario de fe para niños y jóvenes
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| El Papa León XIV saluda al obispo de Alcalá, Mons. Antonio Prieto Lucena. Foto: Vatican Media. |
El
obispo de Alcalá de Henares, Mons. Antonio Prieto Lucena, ha publicado su nueva carta pastoral para el
curso 2026-2027, titulada «“Si
conocieras el don de Dios” (Jn 4,10). Una reflexión sobre la pastoral
de la iniciación cristiana». A lo largo de cuatro capítulos, el prelado plantea un nuevo impulso para esta pastoral a partir de la visita
del Papa León XIV a España, analiza la situación actual de la
transmisión de la fe y propone los Grupos Frassati como una herramienta
concreta para acompañar a niños, preadolescentes, adolescentes y jóvenes.
La carta toma como hilo conductor el encuentro de Jesús con la
samaritana. Para Mons. Prieto Lucena, este episodio
evangélico permite comprender la misión de la Iglesia ante la
“sed de Dios” que habita en el corazón del hombre y su
encuentro con el “agua viva” de la gracia que Cristo comunica a través de la
Iglesia y los sacramentos.
La llamada misionera de
León XIV
El primer capítulo, titulado «Alzar la mirada con el Papa León
XIV», recupera los principales mensajes que el Pontífice
dirigió durante su visita apostólica a España el pasado mes de junio. El obispo
de Alcalá destaca especialmente la llamada a la misión y relaciona el lema de
la visita, «Alzad la mirada», con el relato de la samaritana.
Prieto
Lucena recuerda que León XIV pidió a los jóvenes que no tuvieran miedo de
abrazar su vocación y les dirigió un envío misionero:
«Sed vosotros mismos chispa de una nueva humanidad» y «¡Vosotros podéis cambiar
la historia! ¡Hacedlo con el amor!». También recoge su llamada a que la
religiosidad española no se convierta en «un museo del
pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy».
El obispo considera que este envío misionero debe concretarse
durante el nuevo curso en la renovación de la iniciación
cristiana. «Siguiendo el camino comenzado, os propongo renovar
nuestra iniciación cristiana, para que pueda responder lo mejor posible a los
desafíos que nos plantea el mundo de hoy», escribe.
La iniciación cristiana
como fundamento
El segundo capítulo, «Llega
una mujer de Samaría a sacar agua», se centra en el
significado de la iniciación cristiana y en la historia del catecumenado. El
prelado recuerda que no se trata de una actividad más entre las realizadas por
la Iglesia, sino de «su primer deber», al responder al mandato misionero de
Cristo. La define como la inserción del candidato «en el misterio de Cristo,
muerto y resucitado, y en la Iglesia, por medio de la fe y los sacramentos».
Prieto Lucena subraya que el objetivo es formar al “sujeto
cristiano”, ya que los demás ámbitos de la vida eclesial —la familia, las
vocaciones o la misión de los laicos— necesitan de un cristiano
sólidamente formado. Por eso compara una iniciación cristiana
descuidada con la construcción de una casa sobre arena.
El obispo repasa además la evolución histórica del catecumenado y
explica sus distintas etapas: precatecumenado, catecumenado, elección o
inscripción del nombre, celebración de los sacramentos de iniciación y
mistagogia. Destaca que, en la actualidad, el catecumenado se ha convertido en
paradigma de toda forma de iniciación cristiana, también
para quienes recibieron el bautismo siendo niños.
El tercer capítulo, «No
tienes cubo y el pozo es hondo», aborda las
dificultades que encuentra hoy la iniciación cristiana. Entre
ellas sitúa la secularización y el “enfriamiento religioso”, que, según la
carta, han producido un debilitamiento general de la vida cristiana.
El obispo advierte de que muchos sacramentos de iniciación dejan
de vivirse como verdaderos encuentros con Cristo y pasan a convertirse en «meros
actos familiares y sociales». En este contexto, denuncia una
mentalidad consumista que busca el sacramento con «la menor inversión de tiempo
posible y con el mínimo compromiso».
La consecuencia es que la celebración sacramental puede
convertirse en el punto final de una etapa. El propio documento recuerda la
expresión del Papa Francisco, que llegó a referirse a la confirmación como el
«sacramento del adiós». Frente a esta dinámica, Mons. Prieto Lucena defiende
una catequesis entendida como un camino progresivo de crecimiento en la fe
que se prolongue desde la infancia hasta la juventud y no termine con los
sacramentos.
“Disolución de lo humano”
El capítulo aborda también la “disolución de lo humano” ante
fenómenos culturales como el posthumanismo, el transhumanismo,
el metaverso, la inteligencia artificial y la cultura de la cancelación.
El obispo considera que la discusión contemporánea alcanza incluso la
definición del hombre y afirma que la catequesis debe mostrar «cómo el misterio
de Cristo sigue iluminando el misterio del hombre, impidiendo su disolución».
A ello suma dos dificultades teológicas: la reducción inmanentista
y la ritualización
de los sacramentos. Sobre esta última advierte que, cuando se
subraya de tal modo la eficacia sacramental que se descuida la fe y la
disposición del sujeto, los sacramentos pueden llegar a asimilarse a «prácticas
mágicas». Frente a ello, recuerda que «el bautismo no se puede
reducir a un simple rito».
El cuarto capítulo, «Señor, dame de esa agua, así no tendré más
sed», presenta las propuestas concretas para dar un
nuevo impulso a la iniciación cristiana en la diócesis.
La principal novedad son los Grupos parroquiales Frassati,
surgidos, según explica el obispo, como respuesta a la petición de sacerdotes y
catequistas de contar con un itinerario unitario desde la poscomunión hasta la
mayoría de edad. El proyecto toma su nombre de San Pier Giorgio Frassati y
utiliza la imagen de la montaña como símbolo de la vida espiritual: un camino
de esfuerzo, oración, formación, prueba y servicio.
El proyecto se completa con lo que el obispo denomina una “alianza
educativa”, en la que deben colaborar familias, colegios, parroquias,
asociaciones y movimientos eclesiales. «Haced de vuestra
casa una Iglesia», recuerda citando a San Juan Crisóstomo.
La carta considera también necesaria una
renovación misionera de las parroquias para que no se
limiten a mantener lo existente y asegurar la celebración de los sacramentos.
Finalmente, Mons. Prieto Lucena recuerda que la diócesis cuenta
con un nuevo Directorio diocesano para la iniciación cristiana, que recoge
normas y orientaciones sobre los sacramentos, el catecumenado, la preparación,
los padrinos y la coordinación entre parroquias y escuelas católicas.
En la conclusión, el obispo resume el propósito de su carta:
aplicar el envío misionero de León XIV a la pastoral de la iniciación
cristiana. La propuesta de los Grupos Frassati, precisa, no pretende sustituir
lo que ya funciona, sino ofrecer una herramienta para quienes buscan impulsar
esta pastoral y evitar que la primera comunión y
la confirmación se conviertan en «los sacramentos del adiós».
Mons. Prieto Lucena termina pidiendo oraciones por este “nuevo
impulso” y reconoce que «las dificultades están ahí y todos las conocemos muy
bien», aunque invita a no desanimarse y a poner la confianza en Dios. Su deseo
final es formar «buenos cristianos, fieles y alegres, que lleguen a ser los
santos del siglo XXI».
M.S
Fuente: Religión Confidencial
