El 8 de agosto, por su festividad, un gran número de devotos acude a esta recoleta capilla en la que permaneció el santo durante un año
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| La puerta que da acceso a la cueva de Santo Domingo |
Ni siquiera
todos los segovianos conocen bien la existencia de la cueva de Santo
Domingo de Guzmán (1170-1221), el fundador de los dominicos, una de
las órdenes más importantes de la Iglesia católica. Pero allí está, oculta tras
el sencillo pórtico pétreo que se abre en la fachada de la Capilla Real,
fachada de estilo isabelino con un medio relieve del santo. «También hay
relieves alegóricos a la represión de la herejía y, a los
lados, las iniciales, coronas y escudos de los Reyes Católicos. El
interior está cubierto por bóveda de crucería», explica Juan Rases,
un conocedor de la historia del monumento. Cada 8 de agosto se
conmemora al santo fundador de los dominicos, «y para celebrar su fiesta, se
celebra un triduo los días 6, 7 y 8 de agosto, al que acude un gran
número de devotos».
En el año 1218,
tres antes de su fallecimiento, el santo funda en Segovia el primer
convento de frailes dominicos de España. Su llegada a la ciudad del
acueducto vino acompañada de una serie de milagros, como el de la
lluvia tras una pertinaz sequía, lo que favoreció su acogida y escucha
por parte del pueblo. «Las mañanas las dedicaba a la predicación en
las plazas e iglesias y por las noches, en el interior de una cueva cercana al
río Eresma, se entregaba a la oración y a la penitencia», explica
Rases.
A partir de ese
momento, la Cueva se convierte en lugar de veneración, tanto por
los vecinos como por los primeros frailes dominicos. «Junto a ella, los Reyes
Católicos ofrecieron levantar un nuevo convento de mayor esplendor
arquitectónico, dedicado a la Santa Cruz, que estuvo con presencia religiosa
hasta la exclaustración en 1836», prosigue el estudioso. El convento pasó a
manos del Estado, que lo convirtió en un asilo; «no así la
Santa Cueva, de la cual se siguieron ocupando las monjas dominicas, que, junto
a muchos seglares y hermanos de la Tercera Orden, mantuvieron encendida
la antorcha de la devoción a santo Domingo y su Cueva, que aún
guardaba el espíritu y la sangre del santo, de las muchas penitencias que
infringía a su cuerpo». En la actualidad, el antiguo convento de la Santa Cruz
se ha convertido en un centro universitario gestionado por la
IE University.
La Santa Cueva,
sin embargo, es independiente tanto del convento como de la iglesia. «La Cueva
propiamente dicha está en la segunda capilla, cubierta por una
bóveda de medio cañón y profusamente decorada con una armadura de madera dorada
y policromada de estilo churrigueresco», describe Rases. Sobre el
altar, en una hornacina, se contempla una pequeña cueva en la que se venera la
imagen de Santo Domingo, arrodillado, en actitud penitencial ante Cristo
crucificado.
Los ilustres
visitantes
Pese a que no
es muy conocida, personajes tan ilustres como San Vicente Ferrer o Santa
Teresa de Jesús la visitaron. La religiosa carmelita lo hizo el 30 de
septiembre de 1574 y, estando en oración, «se le apareció el propio Santo
Domingo, que le prometió su ayuda en las sucesivas fundaciones que iba a
realizar y le reveló que en esa cueva el Señor le concedió muchos favores». La
Santa aseguró a los religiosos, además, que la imagen de Santo Domingo que allí
se venera era un retrato muy parecido y natural del santo
Patriarca.
Santo Domingo
de Guzmán nació en Caleruega (Burgos) en el año 1170. Con
motivo de un viaje a Francia, se percata del daño que está haciendo al
pueblo la herejía albigense, lo que le lleva a establecerse allí
para predicar la verdadera fe católica. Poco después, la Iglesia
aprueba la fundación de la Orden de Predicadores iniciada por
él, centrando el nuevo carisma en la predicación y el anuncio
de la Palabra de Dios. Murió en Bolonia (Italia) el 6 de agosto de 1221, y fue
canonizado por el Papa Gregorio IX en 1234.
La Santa Cueva
se puede visitar, acudiendo al convento de las MM. Dominicas, situado
en la calle Capuchinos Alta, 2 de Segovia.
Álex Navajas
Fuente: El Debate
