¡Vaya percha!
Hola, buenos días, hoy Joane nos lleva al Señor. Que
pases un feliz día.
En
la sacristía tenemos las albas y las casullas colgadas en perchas de todo tipo,
según lo que nos llega.
El
otro día, al recoger el alba que había utilizado el sacerdote, vi que en la
madera de la percha estaba escrito:
«¡Vaya
percha!»
¡Qué
vergüenza sentí! Mi primera interpretación fue la que solemos dar a esa
expresión: un piropo para decirle a alguien lo bien que le sienta la ropa o para
destacar su aspecto físico. Y, claro, no pegaba mucho en la sacristía. Sin
embargo, nadie lo había escrito con esa intención; simplemente la percha ya
venía así.
Al
compartirlo con una Hermana, me dijo con toda naturalidad que ella había
pensado que, cuando llegó, las hermanas lo habían escrito para destacar que era
una buena percha, de las que merecía la pena conservar.
Pregunté
a otra y su respuesta fue todo lo contrario…¡que vaya percha más mala!
Lo
más probable es que ya viniera escrita, pero nos hizo sonreír comprobar las
interpretaciones tan distintas que puede tener una misma frase. Lo que para uno
puede sonar como un piropo, para otros no es más que una simple clasificación
positiva o negativa.
Jesús
me mostraba cómo cada uno llevamos una historia que condiciona nuestra manera
de interpretar las situaciones, las palabras e incluso los silencios. Así, lo
que a unos puede herir, a otros puede resultarles indiferente o incluso
cariñoso. En definitiva, cada persona camina con su propia historia.
Para
comprender a los demás, especialmente a esa persona que se nos hace difícil, el
camino es Cristo. Orar por ella hasta poder mirarla desde Su Corazón. Nosotros
solemos interpretar las palabras desde nuestras experiencias y nuestras
heridas; cuando aprendemos a mirarlas desde Cristo descubrimos que detrás de
cada frase hay una historia que desconocemos, y entonces dejamos entrar la
Misericordia.
Jesús
nos enseña a hacer una primera lectura buscando el bien en el otro. Si el
corazón está en Èl, aprende a dar un paso más allá de las actitudes o
reacciones de los demás.
Cristo
se acerca a cada persona sin juzgar, viendo antes su necesidad que su
apariencia, su historia antes que su error, y amando incluso aquello que los
demás no alcanzan a comprender.
Hoy,
el reto del amor es que pidas a Cristo la gracia de leer “la frase” con los
ojos de la Misericordia. Ora y descubre que hay más allá.
VIVE
DE CRISTO
Feliz
día!
07
agosto 2026
Fuente: Dominicas de Lerma
