En la iglesia, sentarse con las piernas cruzadas denota una relajación excesiva y una falta de seriedad hacia la liturgia, pero ¿está mal hacerlo?
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| Crédito: Edijs K | Shutterstock |
En el lenguaje
corporal, sentarse con las piernas cruzadas suele expresar costumbre y
relajación, coqueteo y simpatía, especialmente si la planta del pie de la
pierna que está encima apunta hacia el interlocutor. Sin embargo, esa misma
postura también puede significar arrogancia.
Si, además de las
piernas, también se cruzan los brazos, esto indica una postura defensiva y de
cierre, en la que la persona no está dispuesta a recibir el mensaje del otro.
Posturas dentro
de la Iglesia
En la iglesia,
tener las piernas cruzadas denota una relajación excesiva y una falta de
formalidad para el culto divino. Esta postura se interpreta a menudo como una
muestra de falta de respeto hacia el espacio sagrado. Las normas de etiqueta
dictan que debemos sentarnos erguidos, con ambos pies en el suelo, lo que
transmite respeto y recogimiento.
Para unificar y
renovar las posturas de los católicos, la Iglesia en todo el mundo ha
establecido en el Misal Romano cuáles son las posturas correctas durante la
misa. Lamentablemente, en las parroquias aún no están totalmente unificadas.
Por este motivo, los obispos eslovenos redactaron una carta pastoral
extraordinaria en febrero de 2003, en la que recordaban a los sacerdotes y a
los fieles las posturas correctas en la liturgia.
Estar acordes con
el corazón
Lo más importante
de todo, sin embargo, es que las posturas externas estén en armonía con la
postura del corazón, que se ve constantemente desafiado a
"arrodillarse" con humildad ante el Señor y a tener el valor de
demostrarlo también exteriormente.
Pero, de
preferencia y por respeto al lugar, a la celebración de la sagrada Misa, a la
presencia del Señor Jesús en el sacramento de la Eucaristía y a la asamblea con
la que participamos, es mejor que no crucemos las piernas.
Paulo Teixeira
Fuente: Aleteia
