“El episodio de la multiplicación de los panes significa que el encuentro con el Señor es una experiencia que nos alimenta”
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| Vatican News |
Durante el rezo
del Ángelus de este domingo, el Papa León XIV animó a los fieles a redescubrir
la bendición de la mesa como una expresión sencilla de fe y como un modo
concreto de transmitir la “belleza” de la Eucaristía en la vida diaria.
“Al saborear la
gracia de la Eucaristía, comprometámonos a testimoniar su belleza en nuestros
gestos cotidianos, comenzando por la bendición de la mesa, cuando compartimos
el pan en familia y entre los amigos”, exhortó el Pontífice desde el balcón del
Palacio Apostólico del Vaticano, donde retomó la oración mariana tras concluir
tres semanas de descanso estival en Castel Gandolfo.
En su
reflexión, León XIV comentó el relato evangélico de la multiplicación de los
panes y los peces, proclamado en la liturgia de este domingo, y destacó que los
gestos de Jesús revelan el sentido profundo de su misión salvadora. Según
explicó, “son gestos que manifiestan su especial entrega por nosotros, es
decir, la salvación que Él trae al mundo”.
El Papa subrayó
que Cristo no solo realizó prodigios extraordinarios, sino que, a través de
ellos, anunció la cercanía del Reino de Dios. “El Señor se presenta como Aquel
que da sentido a la vida, liberándola del mal y del pecado. Cristo, al dar la
vista a los ciegos y hacer oír a los sordos, no sólo realiza acciones
prodigiosas, sino que anuncia a todos que el Reino de Dios está cerca”,
aseveró.
A partir de
esta perspectiva, señaló que el Evangelio muestra cómo Jesús transforma la
existencia humana de manera integral. Por ello, afirmó que el texto bíblico de
este domingo “da testimonio de que Jesús no se limita a dar los sentidos a
quien carece de ellos, sino que hace gustar a nuestros sentidos”.
Encuentro
con Cristo, “una experiencia que nos alimenta”
El Santo Padre
explicó que la multiplicación de los panes constituye una imagen elocuente del
encuentro con Cristo. “El episodio de la multiplicación de los panes significa
que el encuentro con el Señor es una experiencia que nos alimenta”, indicó. Y
añadió: “En el desierto, es decir, en el lugar de nuestras necesidades, Cristo
es el pan de vida”.
En este
sentido, recordó que el Señor responde a los anhelos más profundos del corazón
humano. “Cristo sacia realmente el hambre de la humanidad, nuestra hambre de
verdad y de vida”. Al mismo tiempo, destacó que el milagro transmite una
enseñanza fundamental sobre la solidaridad y el compartir.
Frente a la
lógica del egoísmo, León XIV advirtió sobre los riesgos de una cultura centrada
en la acumulación. “Su gesto nos enseña que nada se pierde cuando se comparte”.
En contraste,
señaló que “la acumulación y el descarte, en cambio, son las dos caras de un
mismo mal: la avaricia”.
El Pontífice la
definió como una “enfermedad del alma” que “lleva a perder los sentidos porque
embriaga de riquezas, hasta el punto de olvidar a aquellos que lloran de hambre
y gritan de sed”.
El Santo Padre
denunció además las contradicciones de un mundo marcado por profundas
desigualdades y conflictos: “Ante la opulencia de las cosas que se corrompen,
están las manos tendidas de quienes no tienen qué comer, las casas destruidas
de quienes no tienen paz”.
Al evocar el
contexto actual de guerras y tensiones internacionales, invitó a contemplar el
milagro de los panes como una manifestación de la caridad divina. “En este
milagro de la caridad reconocemos las acciones típicas de Jesús, que encuentran
su punto culminante en la última Cena, donde el Hijo de Dios nos entrega su
misma vida como nuestro hermano en humanidad”, constató.
Finalmente,
León XIV recordó que incluso el tiempo de vacaciones puede convertirse en una
oportunidad para vivir la fraternidad y la atención a los más necesitados.
“Jesús, también las vacaciones pueden convertirse en tiempo de serena
fraternidad, incluyendo a quienes están a nuestro lado y pasan necesidad”.
Por Victoria
Cardiel
Fuente: ACI Prensa
