«Nuestra fe está edificada sobre la sangre de los mártires»
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| Obispo Mathew Hassan Kukah | © Diócesis de Sokoto |
Un seminarista nigeriano de 18 años
fue asesinado por conminar a sus secuestradores musulmanes que se
arrepintieran. El obispo Kukah recuerda su martirio y advierte de que África no
es inmune al secularismo que vació las iglesias europeas.
Un
seminarista nigeriano de 18 años fue asesinado por sus secuestradores
musulmanes porque, pese a estar amenazado con armas de fuego, les conminó a que
se arrepintieran de sus crímenes y volvieran a Dios. El obispo Mathew
Hassan Kukah, de la diócesis de Sokoto (Nigeria),
ha recordado el martirio de Michael Nnadi en una
entrevista con Catholic World Report en la
que advierte de que África no es inmune al virus secularista que vació las
iglesias de Europa.
El asalto al seminario
La noche del 8
de enero de 2020, en torno a las 22:30, un grupo armado con uniformes de
camuflaje militar asaltó el Seminario Mayor del Buen Pastor en
Kakau, estado de Kaduna (Nigeria). Los atacantes dispararon al aire, robaron
teléfonos y ordenadores portátiles, y secuestraron a cuatro seminaristas: Michael
Ikechukwu Nnadi, de 18 años y estudiante de primer curso de Filosofía, junto a Pius
Kanwai (19 años), Peter Umenukor (23)
y Stephen
Amos (23).
Tras las
negociaciones y el pago de un rescate, los tres compañeros de Nnadi fueron
liberados. Él no corrió la misma suerte. El 1 de febrero de 2020, el obispo
Kukah, a cuya diócesis pertenecía el joven, anunció su muerte después de que el
rector del seminario identificase el cuerpo: «Con gran pesar deseo informarles
de que nuestro querido hijo, Michael, fue asesinado por los bandidos en una
fecha que no podemos confirmar». Según relató el obispo, junto a Nnadi fue
también asesinada la esposa de un médico, separada del grupo de forma
arbitraria.
«Insistió en que debían arrepentirse y volver a Dios»
En abril de 2020,
la policía detuvo a miembros de la banda criminal. Los secuestradores
confesaron que habían matado a Nnadi porque, pese a sus armas y a saber que
eran musulmanes, el joven seminarista «insistió en que debían arrepentirse de
sus crímenes y volver a Dios». Kukah describió al joven como alguien con «el
coraje de un mártir».
En la
entrevista publicada el 10 de agosto en Catholic World Report, el
obispo ha vuelto a relatar esta historia como prueba de su convicción de que
«la historia de nuestra Iglesia es una historia de sangre inocente y martirio.
No podemos temerlos porque nuestra fe está edificada sobre la sangre de los
mártires».
Funeral y respuesta mundial
El funeral de
Michael Nnadi se celebró el 11 de febrero de 2020 en el propio seminario. En su
homilía, el obispo Kukah transformó el duelo en proclamación. Relató cómo Ayuda
a la Iglesia Necesitada había movilizado una respuesta
global: 2.436 personas de países como Afganistán, Pakistán, Estados Unidos,
México, Venezuela, Colombia, Madagascar, Sudáfrica, Congo, Mali, Francia,
España, Turquía y Arabia Saudita encendieron una vela por el seminarista el día
de su sepultura.
«A la luz de
esto, me pregunté: ¿quiénes somos nosotros para llorar? ¿Quiénes somos nosotros
para rechazar esta corona de honor y gloria?», dijo el obispo. «Sentimos como
si nuestro hijo hubiera sido elegido para representarnos en el equipo nacional
de mártires. Sin miedo, completaremos el camino que él empezó, porque su
memoria nos dará fuerza».
Kukah añadió
en aquella homilía: «No tenemos venganza ni amargura en el corazón. No tenemos
ni una gota de pena en nuestro interior. Es un honor que nuestro hijo haya sido
llamado a recibir la corona del martirio en los albores de su camino al
sacerdocio».
El legado de un mártir
En honor al
joven, la casa episcopal de Sokoto fue rebautizada como Casa Michael Nnadi, y
los obispos de la provincia eclesiástica de Kaduna aprobaron un memorial en su
honor en el seminario, donde su tumba se alza junto a la entrada como
testimonio silencioso. El obispo Kukah ha expresado su esperanza de que la
Iglesia reconozca formalmente a Nnadi como mártir.
Nigeria, potencia católica con sombras
Más allá del
relato del martirio, la entrevista aborda el estado de la Iglesia en Nigeria y
en el conjunto de África. Según datos del informe de Church Life Africa citados
en la conversación, Nigeria cuenta con unos 35 millones de católicos y una
asistencia semanal a misa del 94%, aparentemente la más alta del mundo. El
propio Kukah califica estas cifras de «modestas» y atribuye el crecimiento a la
calidad del trabajo misionero, los servicios educativos y sanitarios que los
misioneros ofrecieron, y la primera generación de clero africano, mencionando a
los cardenales Ekandem, Arinze, Okogie y John
Onaiyekan como figuras que inspiraron a toda una
generación.
Sin embargo,
el mismo informe señala que entre el 85% y el 90% del crecimiento católico en
África procede de la reproducción biológica, mientras que solo entre el 10% y
el 15% corresponde a conversiones de adultos y evangelización activa. «La
fragilidad está incorporada en cualquier institución que se deja desatendida»,
reconoce Kukah.
«No hay inmunidad para este virus»
Preguntado
sobre si África es inmune al secularismo, el obispo es tajante: «No hay
inmunidad para este virus. La única inmunidad es aprender de la historia de los
demás».
Kukah señala
que las élites nigerianas saquean las arcas públicas para financiar la
educación de sus hijos en el extranjero, enviándolos con «niveles muy pobres de
madurez emocional, física y espiritual», lo que supone un peligro para el
futuro de la fe. «La fe de nuestra gente es fuerte, pero nuestras élites están
cayendo víctimas y ocasionalmente recayendo hacia el neopaganismo», advierte.
El obispo
identifica la raíz de la decadencia europea en la alianza de la Iglesia con el
poder secular: «Lo que erosionó la autoridad moral de la Iglesia fue el cálido
romance y abrazo del poder secular. Una vez que la Iglesia abandona la planta
baja donde está el pueblo y asciende a las cámaras superiores del poder, pierde
gradualmente su fuerza moral».
Fe personal frente al miedo
Ante la
persecución terrorista que sufren los cristianos en Nigeria, Kukah defiende una
postura de resistencia espiritual. Cuenta que en una reunión de obispos de
África Occidental, un colega sugirió que los feligreses acudieran a misa en
menor número para reducir las víctimas en caso de ataque. Kukah sostuvo la
posición contraria: «Creo que el Dios al que adoramos nos defenderá, y no
podemos rendirnos al miedo porque, si lo hacemos, estaremos adorando en su
templo maligno».
El obispo
concluye la entrevista con una llamada a pasar de una fe heredada a una fe
personal y convencida, consolidando los avances logrados por la Iglesia
africana. «Nuestras raíces son profundas. Todo lo que necesitamos es consolidar
lo que hemos conseguido», afirma Kukah.
Fuente: InfoCatólica
