Jared Plasberg ha recorrido durante 114 días Estados Unidos de costa a costa, desde San Diego (California) hasta San Agustín (Florida).
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| Logró recaudar 20.000 dólares para el Front Royal Pregnancy Center, en Virginia.Dominio público |
Jared Plasberg, un recién graduado de 23 años, ha protagonizado una de esas historias que parecen sacadas del cine.
Durante 114 días recorrió Estados Unidos de costa a costa, desde San Diego (California) hasta San Agustín (Florida), con un doble propósito: recaudar fondos para un centro de ayuda al embarazo y discernir si Dios le llama a la vida monástica.
Un carrito de 36 kilos
Su aventura, recogida por EWTN News, ha despertado admiración por su mezcla de sacrificio, fe y determinación. Vocación monástica es, para él, el horizonte que se abre tras esta experiencia.
La travesía comenzó el 19 de febrero y concluyó el 13 de junio, pero no fue una carrera al uso. Plasberg avanzó más de 4.800 kilómetros empujando un carrito de bebé de 36 kilos.
No era un simple recurso práctico: simbolizaba la carga que muchas madres soportan en situaciones de vulnerabilidad. "Pensaba en cómo tantas mujeres afrontan desafíos y sacrificios mucho mayores que cualquier cosa que yo viviera en la carretera", explicó. Apoyo a madres en crisis fue el motor de su esfuerzo.
La soledad fue uno de los grandes retos. Cada día debía decidir dónde dormir, cómo conseguir comida, qué ruta seguir y cómo mantenerse seguro. Hubo jornadas de desánimo, agotamiento y dudas, pero su constancia dio fruto: logró recaudar 20.000 dólares para el Front Royal Pregnancy Center, en Virginia.
Cada paso se convirtió en una oración por los niños no nacidos y por las mujeres que afrontan embarazos inesperados. "La causa provida es algo muy querido para mi corazón porque cada vida humana tiene una dignidad inherente", afirmó.
Inspirado por el Camino de Santiago y por figuras como el beato Pier Giorgio Frassati, Plasberg adoptó el lema Verso l’alto —"hacia lo alto"— como guía espiritual. En la carretera encontró el silencio necesario para escuchar a Dios.
Recordó con frecuencia las palabras de Benedicto XVI: "El mundo os ofrece comodidad, pero no habéis sido hechos para la comodidad, sino para la grandeza". Pier Giorgio Frassati y Benedicto XVI fueron referencias constantes.
El viaje también fue una preparación para su siguiente etapa: Plasberg ha sido aceptado como postulante en un monasterio cartujo en Francia, una de las órdenes más austeras y contemplativas de la Iglesia.
La dureza del trayecto —dormir en moteles, en casas de familias o al aire libre, enfrentarse a la fatiga extrema— se convirtió en un entrenamiento para la vida de silencio y oración que le espera. Vida cartuja es el destino que ahora se abre ante él.
Un encuentro providencial en Nuevo México terminó de confirmar su decisión. Allí conoció a Amma Chiara, una ermitaña que cruzó Estados Unidos a pie hace treinta años. Su testimonio le mostró que una vida entregada a Dios no es vacía, sino profundamente plena. "Su ejemplo me enseñó que una vida dedicada a Dios es alegre y llena", dijo.
Al final de su aventura, Plasberg resumió la mayor lección aprendida: "No estamos destinados a cargar nuestras vidas solos. Estamos llamados a dejarnos llevar por Dios". Para el futuro monje, la clave está en la humildad: permitir que Dios nos ame tal como somos, incluso en nuestra fragilidad.
Fuente: ReL
