CAMBIAR DE VIDA: EL CONSEJO DE UN PADRE DEL DESIERTO

¿Qué nos dice un Padre del Desierto para guiar nuestra vida espiritual, en las circunstancias tan concretas de nuestra vida? Se puede, nos enseña san Sisoes

Openfinal | Shutterstock

Convertirse, cambiar de vida … ¿por qué parece algo insuperable? ¿Y por qué tiene que llevar tanto tiempo? La conversión se denomina en griego "metanoia", es decir, cambio de mentalidad. El hebreo es más concreto: "shuv" significa dar la vuelta, volver (sobre los propios pasos). El arrepentimiento, la conversión, no es en el fondo más que sustituir una mala orientación por una buena. ¿Cómo es posible que algo tan sencillo pueda exigir tanto esfuerzo que nos desanime antes incluso de haber empezado?

"Si el hombre así lo quiere"

Escuchemos al abba Sisoes, un ermitaño del siglo V que vivía en el desierto de Scete, en Egipto. Considerado el modelo del monje, "digno sucesor de Antonio el Grande", aparece citado en varios "Apoftegmas de los Padres del Desierto", entre ellos este, que recoge el siguiente consejo para quienes desean cambiar de vida:

"El abad Sisoes solía dar esta respuesta sobre la penitencia: 'Si el hombre lo desea, entre la mañana y la tarde puede alcanzar la perfección del precepto divino, es decir, si hace penitencia lamentando sus faltas pasadas y si se compromete ante Dios a no volver a pecar'".

Lo que imaginamos que son las exigencias de Dios

El consejo parece sencillo, pero hay que desglosar las dificultades. La primera puede provenir de lo que imaginamos sobre Dios y sus exigencias. Cuando vemos la locura que se esconde tras cada uno de nuestros errores, la estupidez que tantas veces nos ha llevado a rechazar la mano que se nos tendía, pensamos que se ha acabado, que hemos tirado demasiado de la cuerda: Dios es bueno, eso está claro, ¡pero no siempre nos va a rescatar al borde del abismo! Nos cuesta creer en ese apego tenaz que impulsa a Cristo a acercarse al pecador empedernido y a proponerle, hasta el final, que dé el paso.

La dificultad también viene de nosotros mismos, de una valoración realista de nuestras posibilidades. Demasiados ejemplos negativos nos han enseñado que no cumplimos nuestras promesas, que nuestro valor se derrite como la nieve al sol ante ciertas privaciones, por muy necesarias que sean. Así que, para no sufrir otro fracaso, para no volver a morder el polvo, decimos: "¡No! Esto no es para mí". 

¡Es posible!

Y, sin embargo, resume Sisoes, la penitencia está al alcance de todos. El Señor conoce bien esos recovecos en los que intentamos escondernos, para eludir ese gesto, ese pequeño gesto, que lo pondría todo en marcha y alejaría de nosotros la tentación, quizá para siempre. Si lo pide, es porque es posible, y cuanto antes lo hagamos, antes nos liberaremos de nosotros mismos, de esa carga incomprensible que nos mantiene postrados: "Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que quedarme en tu casa" (Lc 19,5).

Sophie Baron 

Fuente: Aleteia