La figura del padrino responde a una realidad humana, ya que “todos necesitamos ayuda para conseguir las altas metas de nuestra vida”
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| Crédito: Antonio Gravante/Shutterstock |
Ser elegido
padrino de un sacramento implica asumir un compromiso de acompañamiento
espiritual a un ahijado para ayudarlo a mantener y crecer en su fe.
Esta
responsabilidad adquiere un significado especial en los sacramentos del
Bautismo, la Primera Comunión y la Confirmación, que, según el Catecismo de la Iglesia Católica, “ponen los
fundamentos de toda vida cristiana”.
En entrevista
con ACI Prensa, el sacerdote mexicano Luis Fernando Valdés, doctor en Teología
por la Universidad de Navarra (España), explicó que la figura del padrino
responde a una realidad humana, ya que “todos necesitamos ayuda para conseguir
las altas metas de nuestra vida”.
Así como una
persona recibe apoyo para alcanzar objetivos académicos o profesionales, el
sacerdote indicó que “la Iglesia, con una tradición de siglos, pone esta gran
costumbre de los padrinos también para la vida espiritual, porque todos
requerimos de esta ayuda”.
A partir de
esta reflexión, compartió algunas recomendaciones para quienes desean
desempeñar mejor esta misión y fortalecer el vínculo con sus ahijados.
1. La misión
del padrino es ayudar a crecer en la fe
Para el P.
Valdés, el primer paso consiste en entender que ser padrino consiste en “ayudar
a sus ahijados a recibir y cultivar una vida nueva”, la cual, señaló, sólo
“nace del encuentro con Cristo”.
“Esta vida
nueva consiste en que ahora somos otro Cristo, porque Jesús nos ha configurado
a su vida mediante la acción del Espíritu Santo entre nosotros. Como Cristo,
somos hijos de Dios Padre”, agregó.
Por ello,
añadió, el objetivo del padrino es ayudar a que el ahijado crezca en esa
identidad cristiana.
2. “Nadie da
lo que no tiene”
El sacerdote
aseguró que “nadie da lo que no tiene”. Por ello, insistió en que “la primera
tarea de aquel que acepta ser padrino es él mismo”.
Invitó a los
padrinos a vivir los cuatro pilares del Catecismo
de la Iglesia Católica: “doctrina, sacramentos, vida moral y vida de
oración”.
“Esa es la gran
tarea de los padrinos: formarse ellos para después ayudar a que sus ahijados
conozcan estos cuatro pilares que son los que van a configurar con Cristo en la
Iglesia”, afirmó.
Además, aclaró
que esta formación no ocurre únicamente en un salón de clases o durante la
catequesis. Muchas veces se transmite “a través de la vida ordinaria, de las
reuniones, de las conversaciones, de las visitas de los padrinos con sus
ahijados”.
3. Hacer de
los sacramentos y la oración parte de la vida
Otro consejo
del sacerdote es que los padrinos procuren ser personas de sacramentos, es
decir, que asistan a Misa los domingos y fiestas de precepto, se confiesen con
frecuencia y que “vivan en gracia, que lleven una vida cristiana”.
También animó a
que los padrinos se “esmeren en la caridad”, procurando “atender a los demás,
atender a los pobres, compartir sus bienes”.
A ello, agregó
que se necesita que sean “almas de oración”, que encomienden a sus ahijados a
Dios y aprendan “las oraciones vocales tan bonitas de la Iglesia”, como el
Padre Nuestro, el Ave María, el Credo o el Rosario.
Sin embargo,
precisó que la vida espiritual no debe limitarse a las fórmulas tradicionales,
sino que también implica “hacer oración personal, saber platicar personalmente
con Cristo”.
4. Revisar
cómo se vive la fe
El P. Valdés
reconoció que ser padrino exige un compromiso constante, por lo que invitó a
los padrinos a revisar periódicamente su propia vida espiritual y cuestionarse
si se está viviendo conforme a los cuatro pilares de la vida cristiana.
Y si la
respuesta no es la esperada, propone hacerse estas preguntas: “¿Qué debo
hacer?, ¿cómo debo recomenzar?, ¿dónde debo yo personalmente acudir a recibir
formación?”.
5. No
escoger sólo a los amigos
Su último
consejo está dirigido a los padres de familia. El P. Valdés recordó que la
elección de un padrino “no es simplemente para parecer que el otro es más mi
amigo del alma”, sino que es un compromiso en el que una persona “comparte su
paternidad y maternidad con una finalidad específica”.
“Cuando alguien
escoge un padrino le está diciendo: ‘Tengo tanto cariño por ti, tanta confianza
en ti que te comparto mi paternidad, mi maternidad para que me ayudes a que la
vida cristiana de mi hijo se cumpla”, afirmó.
Por Diego López
Colín
Fuente: ACI Prensa
