UN AMOR DE MIGAJAS… ¿DE VERDAD ESTAMOS LLAMADOS A ESO?

En redes sociales se repite constantemente esta idea moderna del amor, pero el venerable Fulton Sheen nos muestra lo que en verdad significa vivirlo

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¿Amor en migajas? ¿Ser miguero? Este término se ha popularizado demasiado en los últimos meses y suele usarse para referirse a personas que aceptan un “amor” a medias, incompleto. Y aunque muchas veces se presenta de forma ligera o incluso divertida, la verdad es que refleja una ruptura muy real en la manera en que percibimos el amor hoy en día.

Actualmente, muchas relaciones parecen moverse en una lógica extraña: hay interés, pero no claridad; hay cercanía, pero no compromiso; hay emoción, pero no profundidad. Son relaciones que aparentan funcionar, pero que en el fondo carecen de sentido.

El libro Son tres los que se casan, del venerable Fulton J. Sheen, aborda con profundidad esta realidad. Cuestiona esta idea moderna y nos recuerda que fuimos creados para amar como seres completos, capaces de entregarnos al otro desde el don de la caridad.

¿Un amor repartido en migajas?

El corazón humano no fue hecho para amar a medias. No fue creado para sostenerse de “migajas” emocionales ni de afectos intermitentes. Hay en nosotros una inclinación natural hacia lo completo, hacia un amor que no se dosifica.

Sin embargo, fácilmente caemos en una confusión muy común: pensar que sentir mucho es lo mismo que amar bien. Fulton Sheen lo expresa con claridad:

“La ilusión más grande de los enamorados es creer que la intensidad de su atracción sexual es la garantía de la perpetuidad de su amor”.

El peligro de poner la base en las emociones

Cuando una relación se sostiene únicamente en la emoción o en la atracción, termina volviéndose inestable. Puede ser intensa pero no necesariamente firme. Y en una cultura donde cada persona define lo que está bien según su propio criterio, el amor corre el riesgo de centrarse únicamente en el propio yo.

Por eso vemos tantas relaciones que buscan compañía sin compromiso o cercanía sin responsabilidad, donde incluso la otra persona puede llegar a ser vista desde la objetivación, en función de cuánto “me sirve” en el momento actual.

Y, aun así, algo dentro de la persona no termina de descansar, porque el alma está llamada a una conexión verdadera, a una entrega completa. Como decía Sheen, la voluntad es la voz del amor y las emociones son solo su eco. Y esto solo puede sostenerse en una vida con sentido, en una interioridad ordenada, en un amor que realmente construya.

Jesús como ejemplo

En Cristo, el amor no nace de la necesidad, sino de la plenitud. Dios no ama porque le falte algo, sino porque es amor. Es un amor que no busca llenar vacíos, sino darse.

“Hizo un mundo solamente porque Él amaba, y el amor tiende a difundirse en los demás”.

Esto transforma completamente nuestra manera de entender las relaciones. Amar ya no es encontrar a alguien que me complete, sino aprender a amar desde lo que soy, desde una interioridad sólida. Es un encuentro real.

“Amor significa relación: si se vive aislado, se convierte en egoísmo; si es absorbido en la colectividad, pierde su personalidad y, por lo tanto, el derecho de amar”.

Por lo que el "amor de migajas" es el ejemplo de una colectividad egoísta: te doy un pedazo de mí para que me sirvas de compañía, pero me guardo el resto para no perder mi individualidad. El amor completo de Cristo, en cambio, no tiene miedo de perder la identidad al entregarse.

Un amor que debe ser libre

No se puede obligar a nadie a amar, ni sostener una relación desde el miedo a perder al otro. El amor, para ser verdadero, tiene que ser elegido. Incluso Dios —que podría imponerse— no lo hace. Se acerca, pero, como un caballero, respeta la respuesta del otro.

Esto nos enseña que el amor nace cuando se reconoce algo bueno en el otro, cuando se le conoce de verdad y cuando existe una afinidad que permite el encuentro. No es automático ni ciego. Y, sobre todo, no es tibio.

“El amor no prospera en la moderación; el celo es generosidad. El amor que mida los sacrificios que debe hacer por los demás se quedará corto”.

Como señala Fulton Sheen, el amor implica entrega y generosidad. No es algo que se impone, sino algo que se da. Y precisamente por eso, aceptar “migajas” duele tanto. No porque seamos exagerados, sino porque, en el fondo, sabemos que no fuimos hechos para eso.

Fuimos creados para un amor completo. Y volver a esa verdad, aunque a veces implique soltar lo que no es suficiente, siempre será el inicio de algo más profundo.

 Yohana Rodríguez

Fuente: Aleteia