¿POR QUÉ NEGAR A JESÚS ES ARRIESGARSE A PERDER EL CIELO?

No es cosa de nada, quien se dice cristiano tiene el deber de confesar su fe en Jesús, el Señor, porque negar su amor es caer en el riesgo de perder el cielo

Shutterstock | maetisa

El cristiano común sabe que su fe está puesta en Dios y en sus promesas de salvación, ganada por Jesús en la cruz, y que recibe ayuda constante del Espíritu Santo para no desfallecer en el camino a la gloria que le espera a quienes permanezcan fieles a Cristo, sin negar sus convicciones.

El camino seguro al cielo

Pero, cada vez es más frecuente escuchar que, personas de todas las generaciones, no conocen al Señor. Se está perdiendo de vista que el mandato de predicar el Evangelio no es solo para el clero y los religiosos. Es para todos los miembros de la Iglesia fundada por Cristo. Es decir, para nosotros, fieles católicos.

También es verdad que, en medio de tantas denominaciones cristianas, la Verdad de Jesús debe iluminar a sus seguidores para vivir como Él nos enseñó. Solamente el Señor conoce los corazones y sabe sus intenciones. No nos toca a nosotros juzgarlos, porque "quien juzga se pone en el lugar de Dios" como aseguraba el papa Francisco.

Sin embargo, sí podemos centrarnos en lo que nos corresponde hacer a los católicos. Estamos en la Iglesia fundada por Cristo y no tenemos duda de que todo lo que se nos enseña en Ella nos conducirá al cielo, si trabajamos para conseguirlo.

Lo que ocurrirá si niegas a Cristo

Basta recordar a los mártires de los primeros siglos de la Iglesia para entender que confiaban plenamente en el destino que les esperaba si se mantenían firmes en su fe. Ningún tormento los hizo renegar de Cristo.

Y si hacemos un recorrido por la historia, encontraremos que en cada continente se ha vivido persecución y muerte por causa de la fe en Jesús. No ha habido siglo en el que los cristianos se hayan librado del martirio por dar testimonio de amor a Cristo.

Por eso, debemos recordar que todos estamos expuestos a pasar por la prueba, que puede llegar en el momento más inesperado. Tal vez no tengamos la gracia del martirio, pero sí puede ocurrir que nos sintamos avergonzados por declararnos como católicos.

A lo mejor en alguna plática, o cuando comamos fuera de casa y tengamos que bendecir los alimentos, o si nos persignamos al pasar frente a una iglesia, o tal vez si escuchamos que se difama a algún sacerdote... quién sabe.

En ese momento, recordemos que Cristo fue muy claro en este sentido:

Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo los reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres (Mt 10, 32-33).

Permanezcamos firmes en la fe

Sigamos el consejo de san Pablo: "Estén atentos, permanezcan firmes en la fe" (1Cor 16, 13) y no tengamos miedo, mejor confiemos en Él porque nos sostendrá en la prueba, recordando que, finalmente, el premio será inmenso:

Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquel que persevere hasta el fin se salvará (Mt 10, 22).

Mónica Muñoz

Fuente: Aleteia