El Papa León
XIV se reunió este jueves 21 de mayo de 2026 con los participantes en un
encuentro de Moderadores de asociaciones de fieles, movimientos eclesiales y
nuevas comunidades, promovido por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y
la Vida.
En su discurso, el Pontífice reflexionó sobre el gobierno en la
Iglesia, sosteniendo que el liderazgo de cualquier organización es fundamental
para el éxito y la continuidad del grupo.
El gobierno, afirmó, implica ofrecer “una dirección segura, para
que la comunidad pueda ser un lugar de crecimiento para las personas que
pertenecen a ella”.
En la Iglesia, el liderazgo no consiste únicamente en coordinar
asuntos prácticos, sino, más importante aún, en actuar como expresión de la
voluntad salvífica de Dios en Cristo.
León acotó que el gobierno en las asociaciones laicales es
confiado a los laicos por sus propias comunidades, que los eligen libremente
mediante votación.
Luego destacó tres consecuencias derivadas de la recepción
de este don del Espíritu Santo por parte de los líderes.
El liderazgo, dijo, debe beneficiar a toda la
comunidad y no a intereses personales, y nunca debe imponerse, sino ser
reconocido y aceptado libremente.
Finalmente, el liderazgo en la Iglesia es un carisma
que debe ejercerse en coordinación con los obispos y sometido a su
discernimiento.
“Ciertas características deben estar siempre presentes
en el gobierno: la escucha mutua, la corresponsabilidad, la transparencia, la
cercanía fraterna y el discernimiento comunitario”, afirmó el Obispo de Roma.
“También quisiera recordar que un buen gobierno, en lugar de concentrarlo todo
en sí mismo, promueve la subsidiariedad y la participación responsable de todos
los miembros de la comunidad”.
El Sucesor de Pedro reflexionó después sobre el papel
profético de los líderes laicos en la Iglesia, asegurando que esto requiere
escuchar las necesidades pastorales actuales para responder a los nuevos
desafíos.
“La pertenencia”, dijo, “es auténtica y fecunda cuando
no se agota en la participación en actividades internas del grupo, sino que
interpreta los signos de los tiempos y se proyecta hacia afuera, dirigiéndose a
todos, a la cultura de la época y a campos de misión aún no explorados”.
Al mismo tiempo, las asociaciones laicales y los
movimientos eclesiales están llamados a vivir la comunión entre sí y con la
Iglesia universal.
Los líderes de la Iglesia deben escuchar diversas
opiniones, contextos culturales y temperamentos personales, procurando preservar
el “bien superior de la comunión”.
El Santo Padre invitó a los líderes laicos a dar
testimonio mediante la mansedumbre, el desapego y el amor desinteresado,
mientras expresan el carisma fundacional de sus movimientos.
“Todo carisma auténtico ya incluye en sí mismo la
fidelidad y la apertura a la Iglesia”, afirmó.
Asimismo Su Santidad elogió el trabajo y la historia
de las asociaciones laicales y de los movimientos eclesiales, afirmando que de
ellos han surgido muchas personas bien formadas y evangelizadores eficaces.
“¡Conserven y, con la gracia de Dios, ayuden a crecer
todos estos dones!”, concluyó. “La Iglesia los sostiene y los acompaña”.
Devin Watkins - Ciudad del Vaticano
Fuente: Vatican News
