Ricardo y Mari Carmen, padres de Fray Pablo María de la Cruz, destacan la intimidad que su hijo logró tener con Cristo hasta el final de su vida
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| Provincia Carmelita Aragón, Castilla y Valencia |
Ricardo y Mari
Carmen acompañaron a su hijo Pablo en su vida, su conversión y entrega de amor
hasta su muerte a causa de un cáncer a los 21 años. Y esperan que él les
acompañe también a ellos en el momento de dejar este mundo, como explican en el
documental "¡La cruz es mi alegría, no mi pena!".
"Tuvo su
proceso de conversión, de profundización en una espiritualidad que a nosotros
nos superó en mucho", afirma el padre del joven. Pablo nos ha adelantado por la derecha, así como en un
Ferrari", reitera la madre.
Ricardo y Mari
Carmen destacan que, poco a poco, Pablo tomó conciencia de que no estaba solo en su
enfermedad y de que "el sufrimiento tenía muchísimo sentido".
"Los
estaré esperando"
El joven
aseguraba que la cruz era su alegría, que realmente es salvadora y dibujó
flores que nacían de ella. Pablo reconocía como natural el miedo a la
muerte, las dudas, las tentaciones.
"La
noche oscura tiene que estar para poder ser batallada", dijo.
Y unos cuantos
meses después de su muerte, Mari Carmen recuerda las palabras de su hijo Pablo:
"Yo los estaré esperando en un sitio muchísimo mejor". "Cuando
me toque a mí, Dios mío, por favor: Pablo a mi lado -pide la madre-. Porque,
¿quién no tiene miedo? Pero teniendo al Señor todo es más fácil".
Sano
En un encuentro
con el iniciador del Camino Neocatecumenal, realidad de la Iglesia católica a
la que pertenece la familia, Kiko Argüello le dijo a Pablo que rezaría por su
curación, pero añadió que si no llegaba, Jesucristo le concedería una gran
intimidad con Él.
Y así fue,
especialmente en los últimos 8 meses de su vida, que vivió "como si
estuviese sano", recuerda Ricardo. "Yo estaba esperando un milagro de
curación física", reconoce el padre de Pablo, hasta que "comprendí
que el milagro se podía dar, pero no de curación física".
Lo que sucedió
fue que el joven se enamoró "hasta las entrañas" de Cristo. Pasaba
noches enteras en adoración, se consagró a Él como carmelita y sintió la
llamada a evangelizar a través de su muerte.
Su amor a Jesús
le llevó a ofrecer su vida voluntariamente especialmente por los jóvenes, por
la unidad de la Iglesia y para que se pierda el miedo a la muerte. "La
muerte en Cristo es increíblemente bonita -dijo Fray Pablo María de la Cruz-.
No da miedo. Es un tabú que hay que romper".
Feliz
"A mí me
parece hasta mucho tiempo, de las ganas que tengo de encontrarme con el Padre
-añadió- Nunca es pronto para encontrarse con Dios". Fray Pablo María de
la Cruz descubrió y agradeció los beneficios que recibió en ese tiempo de
enfermedad.
"Me siento
muy sostenido en oración por cómo lo está llevando mi familia y por la alegría
que estoy encontrando en todo esto", dijo. "Se fue feliz",
asegura su madre. En su funeral, lleno de jóvenes y de esperanza, en julio de
2023, el sacerdote transmitió un mensaje que Pablo le había pedido para ese
momento.
"El que
quiera hablar conmigo lo tiene muy fácil -quería destacar Pablo en esa Misa-:
que acuda a la Eucaristía, ahí me tienen siempre en línea".
El documental
"La cruz es mi alegría, no mi pena", se estrenó en enero de 2026 en
la Universidad Pontificia de Salamanca. Y el viernes 24 de abril se
proyectó en la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid, con una mesa redonda
posterior en la que participó el presidente de la Conferencia Episcopal
Española Luis Argüello.
Patricia Navas
Fuente: Aleteia
