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| El misionero gaditano Pedro Manuel Salado. Dominio público |
Roma ha dado un paso
decisivo en el camino hacia los altares de un hombre que, en palabras de
quienes le conocieron, «pasó por la vida sin hacer ruido». El Papa León XIV ha autorizado este lunes
el decreto que reconoce la «oferta de la vida» de Pedro
Manuel Salado de Alba, laico español nacido en Chiclana de la Frontera
(Cádiz), quien falleció tras rescatar a siete niños de morir ahogados en
Ecuador.
Esta figura jurídica,
establecida mediante el motu proprio Maiorem hac dilectionem, permite
abrir procesos de beatificación para aquellos que, impulsados por la caridad,
ofrecen heroicamente su vida aceptando una muerte «cierta y prematura». Con
este reconocimiento, el misionero gaditano se sitúa a las puertas de la
beatificación, para la cual se requerirá ahora la aprobación de un milagro
atribuido a su intercesión.
El
día que el mar se llevó al hermano Pedro
Los hechos que han
llevado a Pedro Manuel a este reconocimiento ocurrieron el domingo 5 de febrero
de 2012. Aquel día, la comunidad del
Hogar de Nazaret se encontraba con un grupo de niños acogidos en una
playa cercana a su misión en Esmeraldas. De forma repentina, un remolino
arrastró mar adentro a siete de los pequeños.
«El que
recibe a este niño en mi nombre, me recibe a mí»
Nacido en 1968 en una
familia numerosa de Cádiz, Pedro Manuel fue un joven apasionado de la
electrónica que encontró su vocación en la familia eclesial Hogar de Nazaret,
fundada en Córdoba por María del Prado
Almagro. Tras realizar su noviciado en Córdoba y dirigir uno de los hogares
locales, en 1999 fue destinado a la ciudad de Quinindé, en Ecuador.
Allí, el hermano Pedro
destacó por su abnegación al frente de la escuela Santa María de Nazaret, que
acogía a más de 500 alumnos de familias
con escasos recursos. Quienes convivieron con él recuerdan su humildad y su
vivencia radical de la pobreza. En 2003, durante una visita a España, se le
preguntó si unas zapatillas de deporte le quedaban bien, a lo que respondió con
sencillez: «Sí, tengo pie de pobre».
Huyendo de cargos, en
2008 pidió dejar la dirección de la escuela para centrarse exclusivamente en la
docencia y en el cuidado directo de los niños del Hogar. Dedicaba su tiempo a
sus estudios, juegos y catequesis, viviendo con ojos de fe el carisma de su
institución: «El que recibe a este niño
en mi nombre, me recibe a mí».
La apertura de su causa
de beatificación, que tuvo lugar en la Catedral de Córdoba en 2018, recibe hoy
este impulso definitivo desde Roma. Para la Familia
del Hogar de Nazaret, el reconocimiento del Papa es una confirmación de que
Pedro Manuel llevó su consagración «hasta las últimas consecuencias», convirtiendo
su muerte en el fruto del grano de trigo que cae en tierra.
