Certeza
![]() |
| Dominicas de Lerma |
Hola, buenos
días, hoy Joane nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Un amigo de la
comunidad se acercó a la reja para darnos un recado. Había encontrado fuera a
un chico que intentaba contactar con la Madre Priora sin éxito. Pedía ayuda
para que pudiera tener respuesta. Como tenía teléfono interno, con una sola
llamada pude hablar con la Madre Priora y todo se solucionó.
Un amigo
encuentra a alguien que necesita algo de nosotras y se acerca confiado, seguro
de que haremos algo. Después de dar el recado, se fue al banco y se sentó
tranquilo: había terminado su misión.
En ese gesto,
el Señor me mostró el valor de la oración de intercesión. Cuántas veces nos
comparten problemas, incluso personas que aún no han tenido el regalo de
conocer al Señor. ¿Qué hacemos con ello?
Conocemos a
Aquel que puede sostener, amar y actuar.
A veces
pensamos que rezar por otros es poca cosa, que no cambia nada porque no vemos
resultados inmediatos. Sin embargo, la intercesión es un acto de confianza
profunda: es creer que Cristo trabaja en lo que no podemos controlar ni
resolver. Mientras nosotros no podemos entrar en el corazón del otro, el Señor
sí puede hacerlo.
Como hizo este
amigo, puedes correr al Señor, llamarle por ese “teléfono interno”. Es contacto
directo, y siempre responde. Incluso espera que le hables de esas personas que
pone en tu camino.
Interceder es
coger lo que te confían —problemas, dificultades— no para quedártelo , sino
para entregárselo con confianza. El dolor de los demás, si lo cargamos solo, te
desborda. La intercesión devuelve el peso a quien puede sostenerlo.
«Descargad en
Él todas vuestras preocupaciones, porque Él cuida de vosotros.» (1 Pe 5,7)
Hoy, el reto
del amor es que digas a una persona que tienes en el corazón que vas a orar por
ella… y lo hagas de verdad. Entrega a Jesús lo que está viviendo para que Él
actúe.
VIVE DE CRISTO
¡Feliz día!
09 febrero 2026
Fuente: Dominicas de Lerma
