Tenemos por
delante 34 semanas de tiempo ordinario, con la Pascua en medio, «para dejarnos
guiar» por la Palabra de Dios «y llevarla a nuestra vida habitual»
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Seis
semanas desde el lunes posterior al Bautismo del Señor hasta el
Miércoles de Ceniza; y luego otras 27, desde el lunes después
del Domingo de Pentecostés hasta la víspera del primer domingo de
Adviento. En total, casi 34 semanas de las 52 que
tiene el año: prácticamente dos tercios del tiempo litúrgico
anual los contempla el tiempo ordinario.
Acabados el
Jubileo 2025 y finalizados los días de la Navidad, parece
que por delante no hay nada que celebrar hasta la pascua, pero nada más
lejos de la realidad. «Es un tiempo muy adecuado para profundizar en
la fe», afirma Ramón Navarro, secretario de la Comisión episcopal para la Liturgia de la Conferencia
Episcopal Española.
— El tiempo
ordinario se distingue de los llamados tiempos fuertes, pero eso no quiere
decir que no tenga su importancia, ¿verdad?
—Así es. La expresión tiempo ordinario existe en español, pero
no en otros idiomas ni en el original latino, que denomina a estas semanas
simplemente como «tiempo durante el año».
Lo que
distingue a este tiempo es que no se centra en un aspecto concreto del misterio
de Cristo, como pueden ser la Navidad o la Pascua, sino que celebra todo
su misterio dejándose guiar por la Palabra de Dios. Eso no quiere
decir que sea un tiempo menos importante, sino casi más bien al
contrario: es un tiempo muy adecuado para profundizar en la fe.
—Es
decir, no es una temporada como para relajarse…
—En absoluto. Son días para vivir todo el misterio de Cristo sin
estar sujetos a un aspecto concreto. Y siempre
dejándonos llevar por la Palabra de Dios, que es lo principal de
este tiempo.
—¿Se puede
decir que los llamados tiempos fuertes se viven mejor
cuanto mejor se vive la fe durante el llamado tiempo ordinario?
—Sí, sin duda. El tiempo ordinario se divide en dos partes: la que
comienza ahora y termina con la Cuaresma, y otra que va de la Pascua
hasta el Adviento. De alguna manera, la primera parte nos lleva
a prepararnos para el tiempo pascual, y la segunda parte
para desarrollarlo en nuestra vida.
—¿Qué
consejos podría dar para aprovechar bien este tiempo?
—Yo insistiría sobre todo en la Palabra de Dios. El tiempo ordinario es un
tiempo largo, y por eso creo que la mejor forma de vivir este
tiempo es una aproximación
a las lecturas de cada día a través de una
Lectio divina, una aproximación orante a las
Escrituras. Vamos a ir leyendo libros que normalmente no aparecen en
la liturgia, libros del Antiguo Testamento, algunas cartas del Nuevo… Lo que
propondría sería dejarnos guiar por la Palabra de Dios, y comprobar cómo
lo que celebramos lo podemos llevar perfectamente
a nuestra vida habitual.
Juan Luis Vázquez
Díaz-Mayordomo
Fuente: Alfa y
Omega