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| El arzobispo Georg Gänswein. Crédito: L. Macevicienes /Zurnalaskelione.it. Dominio público |
En un evento organizado por la revista católica Kelionė en la Biblioteca
Nacional de Lituania el 7 de enero, Gänswein ofreció reflexiones personales
sobre su nueva misión diplomática, la celebración de la Navidad en Lituania y
su colaboración de décadas con Joseph Ratzinger.
"Vengo de la zona más hermosa de Alemania, pero he vivido en Roma la
mayor parte de mi vida. Como extra y agradecimiento por todo mi trabajo, recibí
una asignación para trabajar en los países bálticos", dijo jovialmente.
Al preguntársele sobre las diferencias entre la Navidad en Roma y en la
región del Báltico, el arzobispo respondió con su humor característico:
“Celebré la Navidad en Roma durante 28 años y en Vilna durante dos. La primera
diferencia es el frío”.
El prelado destacó las “hermosísimas decoraciones navideñas” y afirmó que
los árboles de Navidad “son muy hermosos, quizás incluso más hermosos que los
de la Plaza de San Pedro, en el Vaticano”.
Gänswein también expresó su gratitud por el hecho de que la celebración del
nacimiento de Cristo en Lituania no sea meramente cultural o superficial. Dijo
haber percibido una reverencia cuya profundidad se percibe aquí, señalando una
fe que permanece atenta al misterio central del tiempo de Navidad.
Durante la conversación, el nuncio volvió a la influencia de Benedicto XVI,
describiendo sus años junto a Ratzinger como un don de la divina providencia.
“Todos estos años de colaboración han dejado una experiencia imborrable. No
fue sólo una formación intelectual y teológica, sino también una formación del
corazón, del alma y de todo lo que podemos llamar vida”, compartió.
Gänswein recordó que su primer encuentro con Ratzinger se produjo cuando
aún era un joven seminarista, leyendo los artículos y libros del futuro Papa
mientras Ratzinger era profesor en Alemania. “Intenté leer y estudiar todos sus
escritos”, dijo, explicando que llegó a ver a Ratzinger no solo como teólogo y
académico, sino como “un hombre lleno de fe e inteligencia”.
Tras su ordenación sacerdotal en 1984, Gänswein ejerció como párroco adjunto
antes de continuar sus estudios. Posteriormente, completó su doctorado y
finalmente llegó a Roma, donde conoció a Joseph Ratzinger cuando el entonces
cardenal era prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe. Gänswein
comentó que Ratzinger lo invitó a colaborar con él, una invitación que
considera misteriosa y llena de gracia.
"¿Para qué me llamó? No lo sé, pero lo veo como un gran regalo de la
Providencia", comentó. En 2003, añadió, se convirtió en secretario
personal de Ratzinger.
Hablando de Benedicto XVI tras su muerte, Gänswein hizo una observación
impactante sobre la oración y la cercanía espiritual: “Y ahora, cuando el Papa
Benedicto XVI ha partido para estar con el Señor, noto que no rezo tanto por
él, sino a él, pidiéndole su ayuda”. Dijo que hubo momentos, incluso durante su
servicio en los países bálticos, en los que se encontró pidiéndole su
intercesión a Benedicto.
Al mismo tiempo, recalcó la cautela de la Iglesia respecto a las causas de
beatificación. “La Iglesia es una madre muy sabia y muy prudente”, dijo,
precisando que en las causas de beatificación es “doblemente sabia y doblemente
prudente”, y que debe transcurrir el tiempo para discernir si la estima pública
refleja una santidad genuina y no una fama pasajera.
En una entrevista con la cadena de televisión católica alemana K-TV en
diciembre de 2025, Gänswein declaró: “Personalmente, tengo grandes
esperanzas de que este proceso se abra”.
La entrevista se emitió poco antes de una audiencia privada que el
exsecretario de Benedicto XVI mantuvo con el Papa León XIV durante una
discreta visita a Roma a mediados de diciembre.
Traducido y adaptado por el equipo de ACI Prensa. Publicado originalmente en CNA
Por Bryan Lawrence Gonsalves
Fuente: ACI
