Los milagros de Navidad sí ocurren
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| Interior del santuario de la Madonna dei Fiori. | Crédito: Geobia / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0). |
Uno tuvo lugar
durante los 12 días de Navidad hace más de 600 años: un milagro que se ha
repetido cada año desde entonces, salvo en un número ínfimo de ocasiones. Con
este acontecimiento llegó otro título para nuestra Santísima Madre: Nuestra
Señora de las Flores.
Para ser
exactos, el milagro tuvo lugar en la tarde del 29 de diciembre de 1336. El
lugar: las afueras de Bra (Italia), en el camino hacia Turín, donde se custodia
la Sábana Santa de Turín, a unos 43 kilómetros al norte.
Una joven
esposa llamada Egidia Mathis, que esperaba el primer hijo del matrimonio,
caminaba de regreso a casa aquella tarde de invierno. Al acercarse a uno de los
pilares del camino, donde había un fresco de la Santísima Virgen María con el
Niño Jesús, vio a dos mercenarios cerca. Egidia se asustó por las miradas
amenazantes de ellos e, instintivamente, captó la intención de aquellos
soldados a sueldo de hacerle daño. Corrió hacia Nuestra Señora representada en
el pilar —una Madre que dio a luz al Niño Jesús en esta época del año— y
suplicó ayuda.
Una luz brilló
desde el pilar, mientras Nuestra Señora se aparecía. Al mirar María a los
mercenarios extranjeros y hacerles un gesto para que se marcharan, ellos
huyeron rápidamente, aterrorizados. Nuestra Señora sonrió entonces a Egidia y
la consoló, como una madre para su hija, que pronto sería madre, incluso antes
de lo esperado. El estrés y la intensidad emocional de la aterradora situación
hicieron que la joven diera a luz de inmediato.
La visión y el
nacimiento no fueron los únicos acontecimientos felices. Un cercano seto de
espinos negros sin hojas que rodeaba la zona alrededor del pilar estaba
cubierto de hielo, hasta que de pronto aquel floreció, cubierto de flores
blancas, miles de ellas, como si los arbustos estuvieran anunciando dos
acontecimientos: la celebración de una nueva vida, de la Madre y de la madre.
Egidia corrió a
casa con su recién nacido, emocionada por contar a todos lo que acababa de
suceder. Describió el acontecimiento a su esposo, y él se lo relató a sus
parientes y amigos; todos compartieron la asombrosa historia de la aparición de
nuestra Santísima Madre y del milagro de los espinos negros con sus vecinos, y
toda la ciudad corrió a ver el milagro de la Madonna dei Fiori (Nuestra
Señora de las Flores).
Desde entonces,
todos los años, los espinos negros en ese mismo lugar florecen entre el 25 de
diciembre y el 15 de enero. Las excepciones, extraordinariamente raras, fueron
1914 y 1939, los años en que comenzaron las dos Guerras Mundiales, como si el
cielo estuviera diciendo al mundo, a través de los arbustos milagrosos, que se
aproximaba un invierno de guerra.
Desde entonces,
la floración anual, fuera de estación, ha dejado perplejos a científicos y
botánicos. Los primeros exámenes de los espinos negros comenzaron en 1700 y
continuaron a lo largo de los años, incluyendo a expertos del Jardín Botánico
de la Universidad de Turín.
Los estudios
han revelado que el espino negro, una forma de ciruelo silvestre, debería tener
una sola floración, siempre en primavera, en algún momento entre marzo y abril;
el suelo donde se producen estas floraciones milagrosas es de la misma calidad
que el de otras zonas, de modo que no se han detectado causas subterráneas u
otras causas anómalas.
He aquí algo
más en qué pensar: el nombre botánico de la familia del espino negro es Rosaceae.
En otras palabras, pertenece a la familia de las rosas, que durante mucho
tiempo se ha asociado con Nuestra Señora.
Los
peregrinos dan lugar a santuarios
El flujo
constante de peregrinos impulsó la construcción de una pequeña iglesia junto al
pilar. Puesto que el caudal de peregrinos nunca se detuvo, sino que más bien
aumentó, en el año 1626 se construyó lo que ahora es la iglesia antigua,
llamada el “Santuario Antiguo”, para reemplazar la primera y modesta iglesia.
La devoción a la Madonna dei Fiori, Nuestra Señora de las Flores,
continuó creciendo y floreciendo con el paso de los años y siglos, de modo que,
en 1844, la iglesia tuvo que ser modificada de nuevo. Con la propia devoción
continuamente en flor y siempre en aumento, en 1933 se construyó el “Santuario
Nuevo”.
El “Santuario
Antiguo” permanece, y una de sus capillas laterales contiene una estatua más
reciente de la Madonna dei Fiori. En otra capilla lateral se
encuentra la pintura de la Madonna dei Fiori, Nuestra Señora de las
Flores, realizada en 1638 por el artista flamenco Jean Claret, un pintor muy
apreciado en la zona, poco después de la inauguración de este edificio. En ella
se presenta a Nuestra Señora sobre una nube con el Niño Jesús, que sostiene
rosas en la mano. La nube flota sobre una gran urna de flores. En la
representación, también vuelan y bailan ángeles alrededor de las flores.
En el santuario
principal, la gran pintura sobre el altar destaca la escena tradicional del
primer milagro, mostrando, en la imagen, a Egidia implorando ayuda a la
Santísima Madre mientras los dos mercenarios aterrorizados están a punto de
huir.
Un cuadro al
óleo de tamaño similar se eleva sobre el altar mayor en el Santuario Nuevo. En
esta versión, mientras se muestra de nuevo a Egidia implorando ayuda a la
Santísima Madre, sus brazos también se extienden hacia Nuestra Señora en acción
de gracias, pues los mercenarios ya se han marchado.
El santuario
también custodia una estatua de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción —la
tercera, modelada según la original— que se lleva en procesión anualmente por
la ciudad de Bra el 8 de septiembre, que no sólo es la gran fiesta de la
Natividad de María, sino también, en esta ciudad, la fiesta patronal de
la Madonna dei Fiori. Esta procesión anual comenzó a principios del
siglo XVIII, después de que la zona fuera azotada por la peste en 1742 y los
ciudadanos prometieran ayunar a pan y agua hasta la vigilia de la Natividad de
María, así como encargar una estatua de ella. La peste remitió y ellos
realizaron la estatua de tamaño natural, adaptada como Nuestra Señora de las
Flores, ya que en su mano izquierda sostiene una rama florida del espino negro.
El mensaje
navideño que siempre florece
El Santuario de la Madonna
dei Fiori ofrece una interpretación de uno de los mensajes del
milagro continuo: un mensaje atemporal para la Navidad y para todas las
estaciones.
El mensaje en
línea explica que Nuestra Señora se apareció “para defender la dignidad de una
mujer y cuidar de la vida naciente”, algo que ella siempre hace. María es la
Madre de Cristo, de todos los discípulos y Madre de la Iglesia. El espino negro
que florece cada año en invierno, y en primavera, “es, a su vez, un signo de
nuestra vida cristiana, que debe florecer siempre donde estemos, incluso cuando
las circunstancias sean adversas o estemos atravesando tiempos difíciles”.
“Nuestra Señora
siempre nos invita y nos sostiene en la acogida de la invitación evangélica a
la conversión a través del sacramento de la reconciliación, hermana del
bautismo, a nutrirnos con la Palabra de Dios, la Eucaristía y a perseverar en
la oración”, añade.
En verdad,
estos son milagros de Navidad que pueden “florecer” para los fieles todos los
días del año.
Traducido y
adaptado por el equipo de ACI Prensa. Publicado originalmente en el National
Catholic Register.
Por Joseph Pronechen
Fuente: ACI Prensa
