Romper con un hábito pecaminoso concreto puede resultar difícil, pero el venerable Luis de Granada ofrece una guía útil que puede ayudar
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En algún momento de nuestras
vidas, es posible que nos demos cuenta de que hay un pecado concreto que queremos (¡necesitamos!)
dejar de cometer. Es posible que ese pecado se haya convertido en un hábito
pecaminoso desagradable y que nos resulte difícil desprendernos de él sin una
guía.
En cierto modo, es posible que
incluso nos sintamos apegados a él, temiendo cómo sería nuestra vida si lo
abandonáramos.
¿Es posible dejar de cometer ese
pecado? ¿Qué debemos hacer?
La guía del pecador
El venerable Luis de Granada, sacerdote dominico del siglo XVI, ofrece
sus consejos en un libro acertadamente titulado La guía del pecador.
En él, proporciona un plan paso a
paso para los pecadores que desean comenzar a practicar la virtud y liberarse
de su esclavitud al pecado.
Según Granada, "el primer
remedio contra el pecado [es] la firme resolución de no cometerlo".
1. RESUELVE NO VOLVER A PECAR
Tu primera determinación debe ser
una resolución profunda e inquebrantable de no cometer nunca un pecado mortal,
ya que solo puede robarnos la gracia y la amistad de Dios. Tal resolución es la
base de una vida virtuosa.
2. MANTENGA ESTA RESOLUCIÓN
SIN IMPORTAR LO QUE PASE
Así, una casa sigue llamándose
casa aunque se le quiten los adornos, pero si el edificio se destruye, los
adornos perecen con él. Ahora bien, la esencia misma, la vida de la virtud, es
la caridad.
Esta permanece, y por lo tanto
nuestro edificio espiritual se mantiene en pie mientras mantengamos nuestra
resolución de no cometer pecado mortal. Si esto falla, toda la estructura se
reduce a ruinas; dejamos de ser amigos de Dios y nos convertimos en sus
enemigos.
3. REEMPLAZA EL PECADO CON EL
DESEO DE CRECER EN LA AMISTAD CON DIOS
El que desee seguir con
determinación el mismo camino debe esforzarse por imitarlos, fijando esta
resolución en lo más profundo de su alma. Apreciando las cosas por su verdadero
valor, debe preferir la amistad de Dios a todos los tesoros de la tierra; debe
sacrificar sin vacilar los placeres perecederos por las delicias que serán
eternas.
Lograr esto debe ser el fin de
todas sus acciones; el objeto de todas sus oraciones; el fruto que busca al
frecuentar los sacramentos; el beneficio que obtiene de los sermones y las
lecturas piadosas; la lección que debe aprender de la belleza y la armonía del
mundo y de todas las criaturas.
4. NO TE RINDAS CUANDO FALLES
Aprende del carpintero, que
cuando quiere clavar un clavo grande no se conforma con darle unos cuantos
golpes, sino que sigue martillando hasta estar seguro de que está bien fijado.
Debes imitarlo si quieres implantar firmemente esta resolución en tu alma.
No te conformes con renovarla de
vez en cuando, sino aprovecha cada día todas las oportunidades que se te
presentan en la meditación, en la lectura, en lo que ves o escuchas, para fijar
más profundamente en tu alma este horror al pecado.
Philip Kosloski
Fuente: Aleteia
