Una madre responde las últimas polémicas sobre la defensa de la vida en España enviando una carta a un programa de radio
![]() |
| El aborto provoca depresión, angustia, dolor interior. fizkes | Shutterstock |
En España el
aborto vuelve a ser objeto de intensa discusión pública. El Ayuntamiento de
Madrid aprobó el pasado 30 de septiembre informar a las madres que soliciten
abortar sobre los problemas que puede causarles la intervención.
A algunos les
pareció un grave retroceso y se han quejado con fuerza negando que exista un
“síndrome postaborto”. La oposición ha forzado un pleno municipal
extraordinario para revocar el acuerdo.
Por su parte,
el Gobierno de España insiste en que se complete el registro de profesionales
sanitarios objetores de conciencia que se niegan a participar en abortos,
previsto en la ley actual.
Y este martes
14 de octubre de 2025 presentó su propuesta para intentar reconocer el aborto
como un derecho constitucional.
En respuesta a
estas polémicas, una madre decidió compartir los recuerdos de lo que vivió hace
36 años.
“Me sigue
haciendo sufrir”
La mujer envió
una carta al programa de radio Sexto
Continente, que fue leída el 6 de octubre de 2025.
“He oído las
noticias sobre la polémica con el síndrome postaborto -comienza-. Está claro
que no está tipificado como enfermedad, lo cual no significa que no exista,
sino que no se ha investigado con objetividad y rigurosidad”.
“Sin embargo yo
le voy a hablar de mi experiencia personal”, aclara, antes de pedir el
anonimato por respeto a su familia y porque “a mis 59 años me sigue haciendo
sufrir”.
“Yo tenía 23
años, tenía novio desde hacía año y medio, perdí a mi padre con 18 años y tenía
6 hermanos debajo de mí”, recuerda.
“Mi madre tuvo
que empezar a trabajar y yo asumí la responsabilidad de mi casa con hermanos
muy pequeños”, prosigue.
La mujer
explica que compaginaba sus estudios en la universidad con un trabajo de media
jornada y con las responsabilidades que asumía en su casa.
“Mi hermano 4
años menor se había enganchado a la heroína, tampoco me iba bien a mí con el
novio”, continúa.
“Mi madre se
echó un novio y perdió el norte descuidando mi casa y a mis hermanos y en estas
circunstancias yo me quedé embarazada”, resume.
“No sabía
nada sobre el aborto”
“No sabía nada
sobre el aborto, pero mi hermana mayor, que era muy liberal, habló conmigo y
con mi novio para que fuera a Alicante a abortar”, escribe.
“A mi novio le
pareció bien y en poco tiempo fui a esa clínica -detalla-. No puedo culparles a
ellos pues fui yo quien accedí”.
“Por aquel
entonces yo no estaba en la Iglesia, me aparté de la fe cuando murió mi padre
-subraya-, y cuando hice esto no pensé en Dios ni en el pecado porque no tenía
fe”.
Tomar
conciencia
“Después sí
empecé a pensar en mi pecado y a tomar conciencia de que había hecho algo
horrible”, reflexiona.
“Me sentía
desgraciada, vulnerable y desprotegida -reconoce-, y había empezado a darme
cuenta de que esa relación no funcionaba y no me convenía”.
“Tras el aborto
algo se rompió dentro de mí -asegura-. Yo, que creía que era buena, empecé a
percibirme de otra manera”.
Depresión
“Me despreciaba
a mí misma, aborrecía a mi novio y a los hombres, cogí una depresión muy gorda
que me duró años”, prosigue.
“Durante 4 años
nunca hablé de esto con nadie, ni siquiera con mi mejor amiga -destaca-. Ella
me quería y me admiraba y yo pensaba que la iba a decepcionar”.
“Pero cuando se
lo conté no fue así, ella lloró conmigo”, cuenta. “Hoy sigue siendo mi mejor
amiga”.
“Me daba miedo
contárselo a una psicóloga, por ejemplo, o a una ginecóloga”, confiesa.
“No tenía
ilusión por nada, pensaba que nunca iba a salir de ahí -recuerda-. Cinco años
con esa depresión… era ya como algo natural para mí”.
Sin embargo,
puntualiza, “nunca pensé en el suicidio aunque no tuviera ganas de vivir,
porque equivocadamente pensaba que yo no tenía perdón de Dios y que si me moría
me iría directamente al infierno”.
“Me veía
condenada a sufrir, sentía un profundo sentimiento de culpa y de pecado”,
ahonda.
“Cuento esto
como un testimonio real de lo que el aborto ha supuesto en mi vida y del trauma
y sufrimiento que me ha causado”, confiesa: “La mujer es la segunda víctima del
aborto”.
Un gran
cambio
“Pero cinco
años después, tras una oposición que no salió como yo esperaba después de
muchos años de esfuerzo, entré una mañana en un bar a tomarme un cortado”,
relata.
“A mí se me
notaba en la cara que no estaba bien, tenía un semblante de tristeza
-recuerda-. Y un chico se sentó a mi lado y empezó a hablarme de Dios”.
“Me dijo que
Dios me amaba y no sé por qué le creí -escribe-. Esas palabras calaron en mí, e
incluso había momentos que sentía una gran emoción al pensar en ese amor del
que yo me consideraba indigna”.
“A raíz de eso
acudí a mi parroquia y hablé con el sacerdote -prosigue-. Me confesé, empecé a
ir a la iglesia”.
Perdón y
sanación
“Ese sacerdote
me dedicó muchas horas -aprecia-. Me escuchaba con mucha paciencia y mi herida
empezó a sanar”.
“Ahora estoy
muy integrada en la vida de la Iglesia -afirma-. He educado a mis hijos en la
fe y soy catequista de Primera Comunión desde hace 18 años”.
“Todas estas
experiencias me han marcado profundamente y tengo una cierta tendencia a la
depresión pero la fe me ayuda a no dejarme caer, a no desesperarme”, asegura.
“La Iglesia
para mí es la vida -concluye-. Conocer a Dios dentro de la Iglesia es lo que ha
dado sentido a mi vida, lo que ha permitido que me sintiera amada y perdonada
de verdad”.
Patricia Navas
Fuente: Aleteia
