“Los cristianos de todo el mundo son sometidos a una persecución severa, que incluye violencia física, encarcelamiento, desplazamiento forzado y martirio”
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| Crédito: Daniel Ibáñez/CNA. |
El Secretario
para las Relaciones con los Estados de la Santa Sede, Mons. Paul Richard
Gallagher, denunció que los ataques a cristianos se han intensificado en los
últimos años y acusó a la comunidad internacional de “desviar la mirada”.
“Los datos
muestran que los cristianos son el grupo religioso más perseguido a nivel
mundial, y, sin embargo, la comunidad internacional parece desviar la mirada
ante su situación”, denunció el arzobispo inglés este lunes durante su intervención en
la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Y agregó: “Los
cristianos de todo el mundo son sometidos a una persecución severa, que incluye
violencia física, encarcelamiento, desplazamiento forzado y martirio”.
El responsable
de la diplomacia vaticana constató que más de 360 millones de cristianos viven
en zonas donde experimentan altos niveles de persecución o discriminación, “con
ataques a iglesias, hogares y comunidades que se han intensificado en los
últimos años”.
En su
intervención ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones
Unidas, en Nueva York, el arzobispo puso en valor la defensa de la vida frente
a prácticas como el aborto y la eutanasia.
En su discurso,
insistió en que el derecho a la vida, desde la concepción hasta su fin natural,
es un “requisito fundamental para el ejercicio de todos los demás derechos”, y
condenó “la ilegitimidad de toda forma de aborto provocado y de eutanasia”.
Cultura de
la muerte
El diplomático
vaticano criticó lo que calificó como una “cultura de la muerte” y llamó a que
los recursos internacionales se destinen a la protección de la vida y al
acompañamiento de quienes atraviesan situaciones difíciles, de modo que puedan
tomar decisiones que afirmen la vida.
En particular,
señaló la necesidad de “permitir que las madres puedan dar a luz al hijo que
llevan en su vientre” y de “aliviar la carga del sufrimiento humano durante la
enfermedad mediante una atención sanitaria y paliativa adecuada”.
El arzobispo
advirtió además sobre los riesgos de una concepción de la libertad desvinculada
de la verdad objetiva y universal: “Cuando la libertad ignora incluso la
evidencia más obvia de una verdad objetiva y universal, que es la base de la
vida personal y social, la persona termina sometida a su opinión o interés
subjetivo y cambiante”.
Para Mons.
Gallagher, esta visión de la libertad conduce a una “grave distorsión” de la
vida en la sociedad. “En ese momento, todo se vuelve negociable, incluso el
primero de los derechos fundamentales, el derecho a la vida”, afirmó.
La
deplorable práctica de la maternidad subrogada
El
representante de la Santa Sede también abordó la práctica de la maternidad
subrogada, señalándola como otra amenaza a la dignidad humana: “Otra cuestión
que pone en peligro la dignidad inviolable del ser humano al reducirlo a mero
producto es la práctica de la llamada maternidad subrogada, que representa una
grave violación de la dignidad de la mujer y del niño. La Santa Sede renueva su
llamado a una prohibición internacional de esta deplorable práctica”.
Mons, Gallagher
denunció también que en un mundo marcado por “avances tecnológicos y riqueza
sin precedentes”, haya millones de personas que “siguen sin acceso a
necesidades básicas”.
“La
persistencia de la pobreza extrema, especialmente en regiones afectadas por
conflictos, cambio climático y desigualdad estructural, exige una acción
inmediata y colectiva”, afirmó Mons. Gallagher.
Cancelación
de la deuda externa
Del mismo modo,
Mons. Gallagher hizo un enérgico llamado a la cancelación de la deuda externa
de los países más pobres, subrayando que las cargas financieras “atrapan a las
naciones en la pobreza y deben ser canceladas como cuestión de justicia”.
En este
contexto, subrayó que la Santa Sede insta a la comunidad internacional a
“priorizar el desarrollo humano integral en un espíritu de solidaridad,
asegurando que las políticas económicas y los programas de desarrollo sitúen a
la persona humana en el centro y fomenten no solo el bienestar material, sino
también el crecimiento espiritual y social”.
En palabras del
diplomático vaticano, los pobres deben ser vistos “no como un problema, sino
como personas que pueden convertirse en los principales constructores de un
futuro nuevo y más humano para todos”.
Por Victoria Cardiel
Fuente: ACI Prensa
