La fe y la esperanza han sostenido a naciones, inspirado victorias y transformado vidas. En ningún lugar es esto más evidente que en Malta
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| Nick D'Ancona |
El Año Jubilar 2025, tiempo de renovación y gracia,
nos invita a reflexionar sobre el papel de la oración en la historia: cómo la
fe y la esperanza han sostenido a las naciones, inspirado victorias y
transformado vidas.
En ningún lugar
es esto más evidente que en Malta, un archipiélago cuya historia es una
historia de fe, esperanza, resiliencia e intervención divina. Desde el naufragio
de san Pablo en sus costas, pasando por el Gran Asedio de 1565, las
plagas y los desastres naturales , hasta los milagrosos
acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial, la oración ha forjado el
destino de esta pequeña pero poderosa nación.
La llegada
de san Pablo: oración y providencia
En el año 60 d.
C., san Pablo, camino a Roma como prisionero, naufragó frente
a la costa de Malta. Lo que parecía un desastre se convirtió en uno de
los momentos más cruciales de la historia cristiana. El libro de los Hechos
describe cómo el pueblo maltés recibió a Pablo y a sus compañeros con una
bondad excepcional (Hechos 28,2). Pablo, a su vez, les trajo el mayor
regalo: la Buena Nueva del Señor. Sus oraciones sanaron a los enfermos,
incluido el padre de Publio (el gobernador romano), y muchos llegaron a creer
en Cristo.
La presencia de
Pablo en Malta no fue casualidad, sino providencia divina. Como señaló el Papa
Benedicto XVI durante su visita a Malta en 2010: "De todos los dones
traídos a estas costas a lo largo de la historia de su pueblo, el don de Pablo
fue el mayor de todos". Este momento marcó el inicio de la
herencia cristiana de Malta, de 2000 años de antigüedad, una fe que sostendría
a la isla durante sus momentos más difíciles.
El Gran
Asedio: victoria a través de la oración
Quince siglos
después, en 1565, Malta [y la cristiandad] se encontraban una vez más al borde
de la destrucción. El Imperio Otomano, en la cúspide de su poder, lanzó una
invasión, decidido a aplastar este bastión cristiano. Los defensores —los
Caballeros de san Juan y el pueblo maltés— eran superados en número casi cinco
a uno. Sin embargo, gracias a su fe inquebrantable y a su oración, se
mantuvieron firmes.
El Gran Maestre
Jean Parisot de la Valette dirigió a los caballeros en constante oración,
especialmente ante el icono
damasquino de Nuestra Señora de Damasco, hoy en la Iglesia
greco-católica de La Valeta. Los defensores confiaron su supervivencia a la
Santísima Virgen María, y el 8 de septiembre, festividad de la Natividad de
María, los otomanos abandonaron inesperadamente el asedio. Contra todo pronóstico,
Malta había prevalecido.
En
agradecimiento, La Valette dedicó la victoria a Nuestra Señora, y la festividad
de la Natividad de la Santísima Virgen María se convirtió también en la
festividad de Nuestra Señora de la Victoria, depositando su espada en el altar
de la Iglesia de Nuestra Señora de Damasco, entonces en Birgu (rebautizada como
Città Vittoriosa). Para honrar su intercesión, fundó una nueva ciudad, La
Valletta, y se aseguró de que su primer edificio fuera una iglesia dedicada a
la Natividad de María y su victoria. Esta devoción pronto se extendió más allá
de Malta, inspirando la victoria de la Santa Liga en la Batalla de Lepanto
(1571), después de que el Papa San Pío V instara al rezo universal del Rosario.
Segunda
Guerra Mundial: esperanza en la hora más oscura
Siglos después,
durante la Segunda Guerra Mundial, Malta volvió a verse sitiada. Su posición
estratégica en el Mediterráneo la convirtió en un objetivo prioritario para los
incesantes bombardeos del Eje. La isla sufrió más de 3000 ataques aéreos,
convirtiéndola en el lugar más bombardeado del planeta en aquel momento.
Sin embargo, en
medio de la devastación, el pueblo maltés recurrió a la oración, tal como lo
habían hecho en 1565. Dos eventos extraordinarios (entre otros) se convirtieron
en símbolos de la intervención divina:
El convoy de
Santa Marija (15 de agosto de 1942): con Malta al borde de la
rendición, una desesperada misión aliada, conocida como Operación Pedestal,
intentó entregar suministros. Contra todo pronóstico, solo cinco barcos
sobrevivieron al ataque y llegaron a Malta el día de la Asunción de María. La
llegada de estos barcos, en particular del maltrecho SS Ohio, fue aclamada como
un milagro y aún hoy se conmemora como "Il-Konvoj ta' Santa Marija".
El Milagro
de la Cúpula de Mosta (abril de 1942): durante un ataque aéreo, una
bomba de 500 kilogramos impactó contra la enorme cúpula de la Rotonda de Mosta,
donde 300 personas estaban reunidas para orar. Milagrosamente, la bomba no
explotó. Hasta el día de hoy, la bomba sin explotar se exhibe en la iglesia
como testimonio del poder de la oración y la protección divina.
Una
peregrinación de esperanza y gratitud
La historia de
Malta demuestra que la oración no es pasiva, sino que transforma la historia.
Para quienes buscan profundizar su fe durante el Año Jubilar, recorrer el
pasado lleno de fe de Malta es una experiencia poderosa. La Peregrinatio Sancti Pavli
Apostoli del año 60 d. C. invita a los peregrinos a recorrer el camino
de Pablo, desde la Bahía de san Pablo hasta la Gruta de san Pablo en Rabat,
donde se cree que se alojó y predicó.
Para quienes se
sienten atraídos por la devoción mariana, Malta ofrece rutas de peregrinación
únicas, como el Camino
Mariae Melitensis, que entrelaza el rico patrimonio mariano de la isla.
Estos viajes no son solo paseos por la historia, sino testimonios vivientes del
poder de la fe, esperanza, perseverancia y gracia divina.
La oración
como corazón del legado de Malta
Desde el
naufragio de san Pablo hasta el Gran Asedio, desde el Convoy de Santa Marija
hasta el Milagro de Mosta, la historia de Malta es una historia de fe y
esperanza inquebrantables. El Año Jubilar 2025 nos llama a recordar que,
incluso ante adversidades abrumadoras, la oración es nuestra mayor fortaleza.
Las palabras de
san Pío V, pronunciadas tras la victoria de Malta en el siglo XVI, siguen
vigentes hoy en día:
“El Rosario es
un arma contra los males del mundo de hoy”.
La historia de
Malta demuestra que la oración no es solo un consuelo, sino una fuerza que
transforma el curso de la historia. Al iniciar este Año Jubilar, respondamos al
llamado a la oración, inspirándonos en la inquebrantable confianza de Malta en
la providencia de Dios y la intercesión de María.
Este contenido
ha sido presentado en colaboración con VisitMalta.
Daniel Esparza - Jean Pierre Fava
Fuente: Aleteia
