EL AVE MARÍA TIENE UNA ORACIÓN OCULTA AL FINAL

Cuando rezamos el Ave María rogamos a Dios que nos escuche por intercesión de la Virgen, por eso, la oración final es de suma importancia recordarla siempre

Antoine Mekary | ALETEIA

La mayoría aprendimos el Ave María en la infancia. Conjuntamos los sonidos, las pausas, hasta dominar el arte de mezclar la propia voz con otras voces para formar una única ola de súplica:

“…ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte”.

Pero, después de años de rezar Aves Marías, ¿sabías que hay una petición escondida en las palabras finales de la oración?:

“En la hora de nuestra muerte”.

Lo que le pedimos a la Virgen María

Estamos pidiendo que María rece por nosotros en el momento más importante de nuestra vida, cuando el alma deja el cuerpo y se ponga frente a Nuestro Señor, cuando la eternidad –para bien o para mal– se extienda frente a nosotros.

Pero, parece que la expresión “en la hora de nuestra muerte” puede significar algo más.

La autora cuenta que hace un año o dos estaba orando en la esterilla del gimnasio. En un momento determinado, pensó: hay dos tipos de muerte.

“Desconsiderar nuestra vieja naturaleza”, ¿no es una especie de muerte? ¿una muerte que también tememos y de la que huimos diariamente?

No existe solamente la muerte corporal, sino también la muerte del yo, la muerte del “hombre viejo” al que san Pablo se refiere (esa parte nuestra orientada hacia Dios y la parte vinculada a uno mismo y al pecado).

¿Y no necesitamos del apoyo de la Virgen María en el momento de esa “muerte” también?

"Ahora, - prosigue - entiendo que esta petición del Ave María engloba todo esto: ruega por mí ahora; ruega por mí en la hora de mi muerte física y ruega por mí en el momento de mis pequeñas muertes diarias, esas veces en que soy llamado a enterrar el 'viejo yo' para que, muerto al pecado, me pueda elevar a la plenitud de la vida en Cristo".

"Despojaros, en cuanto a vuestra vida anterior…”, dice san Pablo a los Efesios, "revestiros del Hombre Nuevo, creado según Dios".

“Desconsiderar nuestra vieja naturaleza”, ¿no es una especie de muerte? ¿una muerte que también tememos y de la que huimos diariamente?

A veces podemos sentirnos tentados a pensar que un martirio corporal de una sola vez suena relativamente simple, en comparación con la perspectiva de sacrificar mi voluntad día tras día.

En la hora de nuestra muerte

Y aquí entra Nuestra Señora. Podemos correr hasta ella con nuestros miedos, con nuestras imágenes terribles sobre lo que nos reserva el futuro y con nuestra absoluta debilidad.

Ruega por nosotros ahora, en todos nuestros problemas actuales, miedos y luchas. Y en la hora de la muerte, en esa hora de pequeñas muertes de uno mismo y en la hora final, en que seremos llevados ante el tribunal.

Así como ella se quedó con Cristo hasta el último momento, ella nos acompañará, si la dejamos. Ella desea sostenernos en nuestras muertes diarias para vernos llegar victoriosos frente a Cristo en nuestra última hora.

Nuestras batallas son reales. Nuestras pequeñas luchas cuentan. Pero no podemos conquistarlas solos. Recemos fervorosamente, entonces, con sinceridad y confianza a nuestra Madre fiel:

"Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén".

Elizabeth Zuranski

Fuente: Aleteia